En un departamento secreto, un ciclo de microteatro que explora el erotismo cotidiano. Cada función representa una obra nueva. Hoy se abre la puerta de su tercera noche. Sensualidad sin velo.
Los primeros en animarse a esta propuesta creativa fueron Federico Galeti y Soledad Pereyra
El sabor del sexo está en la boca. La intimidad de un departamento de Barrio Sur, es el marco en que se narra la historia de una mujer de blanco y un plomero desnudo. Imagen que no se repetirá. Porque la propuesta del ciclo de microteatro que dirige Gonzalo
Véliz evoca -cada jueves a la medianoche- una escena diferente que navega en la marea del erotismo cotidiano.
Véliz escribe el texto. Veinticuatro horas antes de la función, los actores reciben las palabras que usarán para construir ficción. Sin tiempo para ensayar; el resultado es un teatro caliente, salido de la entraña dionisíaca del placer.
Los primeros en animarse a esta propuesta creativa fueron Federico Galeti y Soledad Pereyra que, hace dos semanas, dieron vida a una religiosa que materializaba su delirio místico sobre la humanidad de un hombre con barba.
Para este director formado en la UNT y en el teatro off de nuestra ciudad, indagar los paradigmas religiosos establecidos continúa siendo una fuente de narrativa dramática. "Acepto todas las religiones. Y al momento de construir esta dramaturgia recordé a (Jorge Luis) Borges cuando explicaba que la biblia es un gran libro de ciencia ficción".
Insonme fue la obra que abrió este ciclo de cinco jueves que continúa esta noche. La entrada es a la gorra y para llegar al edificio en el que se lo representa es preciso buscar a Véliz en las redes sociales y pedirle la dirección por mensaje privado.
Narrar e interpretar sexo genera escándalo. Porque... dónde cabe la idea que un actor muestre su carne a menos de dos metros del lugar en el que estás parado; mirando, espectando. Sin embargo, el erotismo depende del soporte.
Si lo pensamos 30 segundos, mientras que el erotismo genera escándalo en la cercanía propuesta por el teatro, el porno se multiplica al infinito en pantallas encendidas en la mano, acomodadas sobre un mueble o sujetas a una pared. Entonces, quizá, el escándalo sea otro. No el sexo insinuado, soft o explícito que consumimos.
La variable propuesta por este ciclo genera la necesidad de mover el cuerpo para trasladarte a una terraza desde la que podés ver el cerro. Esperar rodeado de personas conocidas y desconocidas. Dar la cara ante la experiencia que estás eligiendo ver. Te obliga a dejar atrás la privacidad de estar en casa y tocar tu cuerpo mientras fijas tu mirada en una imagen xxx.
"En televisión o en internet está todo para elegir. Porno profesional, casero, videos íntimos de famosos. Lo que venga. Todos ven y comentan. Pero siempre con la careta puesta. En esas expresiones impunes que se dan en las redes sociales, en las que la mayoría dice de todo sin tener límite, vemos el morbo de nuestra sociedad. A mí lo que me interesa es el convivio. La vivencia que ocurre entre el público y los actores", explica Véliz.
El formato de teatro micro dura entre 5 o 15 minutos. Y se representa en distintas ciudades del mundo con un éxito variado en este tiempo histórico en el que rige la brevedad.
El sol y las nubes amenazan con una nueva tormenta. La humedad calienta el ambiente. Pero cuando las horas avancen la noche encenderá las luces de Barrio Sur. Y Gloria Oh! estará junto a Javier Lazarte esperando por el público para representar El Tacto, la tercer obra de este ciclo que invita a correr el antifaz.