El fotógrafo tucumano expone desde hoy 25 imágenes compuesta con su paleta de colores, olores y horizontes tucumanos.
Réplica de la Casa Histórica en El Infiernillo
Sobre la muestra
“Ver nuestra propia imagen es el principio de una relación de identidad, al menos como la más consolidada metáfora visual de uno mismo”.(Armando Silva)En este trabajo Ramón Teves presenta su percepción del paisaje urbano y los personajes de su terruño, deteniendo la mirada sobre los detalles de sus recorridos y en sus retratos para fundirse con el sentimiento de pertenencia.En sus retratos pone énfasis sobre “su identidad” y orígenes.Retrata su contexto, su cotidiano, a familiares, amigos y allegados, en circunstancias y estados de ánimos diferentes, sin concesiones, mostrando indicios de su realidad, sin buscar un ideal, donde todo aparece o aparenta ser perfecto, aunque dejan mostrarse las miserias humanas.Retrata distintas realidades que se superponen sin permiso y traza un camino poderoso, hecho de luz y de color. Sus fotos no son otra cosa que la estela brotada de ese movimiento, un ir y venir buscando el paso preciso por el mundo. Alucinado, Ramón capta cómo la materialidad que lo rodea cobra vida a través del color, porque es el color el que indica el rumbo, guía la mirada, enciende los demás sentidos y despierta a la memoria. Muchas veces pude verlo sumido en esa lógica lumínica (donde se entiende que el color es luz reflejada en nuestros ojos), una y otra vez: mientras me habla, su mirada navega por los diseños curvos y rojos de un azulejo en la cocina; cuando me saluda, su mirada se va en la remera verde de una señora que pasa; si me distingue a lo lejos en la calle, es el camuflado de mi campera lo que se mantiene prendido de sus ojos.Tucumán lo inunda y lo trepa como una enredadera, impregnándole la exuberancia de sus formas, la belleza honda y solapada, y una naturaleza que florece incansable más allá de cualquier aberración o posible artificio, naturaleza que es su propio universo, y él lo ve. Pero las dicotomías teóricas no tienen efecto en su obra, natural y artificial son sólo circunstancias y sus fotos no son territorio de contradicciones, en ellas la multiplicidad convive y se complementa sin sentencias. Así es como su hijo puede ser una mirada infinitamente tierna y condensada que lo reconoce desde una fascinación recíproca y también puede ser Batman enmascarado posando en el Shopping de Yerba Buena. Así es como un ciclista equilibrista pueden contener la misma belleza que el retrato frontal de su madre “Gorda & frutas”, y una colchoneta puede ser tan contundente como el retrato de su tía Mecha. Es así como Ramón puede mirar con igual encanto a una naranja explotada en el cordón de la vereda y a un árbol verde explotado de naranjas en todo su esplendor, o detectar un universo en gotas de miel derramadas sobre una tela. Es así, porque todas esas formas son las formas de la vida, porque la vida no se reduce a una sola cosa y Ramón lo sabe, y nos lo muestra.María Domínguez