Arte

“Tucumanidad”: la muestra de Ramón Teves mira nuestra esencia

El fotógrafo tucumano expone desde hoy 25 imágenes compuesta con su paleta de colores, olores y horizontes tucumanos.

03 Oct 2018 - 17:10

Réplica de la Casa Histórica en El Infiernillo

El fotógrafo Ramón Teves (“El Negro”, 47 años, criado en el barrio Oeste II) se maravilla con la fachada de la Casa Histórica que adorna el ingreso de una tienda de recuerdos de Tucumán, donde los turistas compran cuando andan por El Infiernillo, a 3.042 metros sobre el nivel del mar y en la soledad de la montaña.

Dice que muchas veces había pasado por allí, pero que no se había detenido. Hasta que un día, como cualquier turista que se baja intrépido del auto, se encontró ahí, cámara en mano.

“Yo había subestimado esa imágen”, dice Teves quien incluye esa foto en la muestra individual llamada “Tucumanidad”, que inaugurará el miércoles a las 21 en la fundación Osde, avenida Aconquija 1201, Yerba Buena.

Y tal vez, en aquella imagen es posible resumir el espíritu de esta exposición.


Dice Teves: “Esta es la iconografía de nosotros. Así también representamos los valores culturales. Eso es nuestro. Entender que este lugar es tuyo, que has nacido en un pequeño mundo limitado por una región y que en sus modos y costumbres están los condimentos que penetran en la cultura”.

Pero en los paisajes urbanos, sobre todo, Teves encuentra lo que él considera la Tucumanidad: una serie de cajas de luz, paisajes de ciudad, retratos de sus afectos. “Cada región tiene un personaje y en las raíces de los personajes que uno ama se encuentra el lugar de pertenencia”.


Con los destellos de colores intensos que son propios de la obra de Teves (“así miro yo, tengo acento en la exacerbación, en esa paleta de olores, colores, horizontes; eso me activa la mirada”) la muestra está compuesta por 25 imágenes que permanecerán expuestas en esa fundación hasta el 16 de octubre, de lunes a viernes, de 10 a 18.

De formación autodidacta, en arte y fotografía, Teves es también un impulsor cultural: este año fundó Espacio Abasto, una de las salas de exposición más bonitas de la provincia, una casona con techos altos y de corazón libre frente al ex mercado de Abasto.


Como Teves ha recorrido Tucumán de punta a punta, durante las últimas dos décadas, sabe cómo pega la luz en cualquier localidad provincial. Su mirada de esta provincia es a partir desde allí; extensa y diversa, pero a la vez es una síntesis de aquellas horas de miradas atentas.

Teves habla “del goce de la pertenencia”, del ser humano que transite su lugar como propio. Quizás por eso le cuesta cuando se va de Tucumán: se quiere volver rápido, se siente extraño. Y lo opuesto de aquella ansiedad de regreso, es su obra; el placer de haber llegado a casa.




Sobre la muestra

“Ver nuestra propia imagen es el principio de una relación de identidad, al menos como la más consolidada metáfora visual de uno mismo”.
 (Armando Silva)
En este trabajo Ramón Teves presenta su percepción del paisaje urbano y los personajes de su terruño, deteniendo la mirada sobre los detalles de sus recorridos y en sus retratos para fundirse con el sentimiento de pertenencia.
En sus retratos  pone énfasis sobre “su identidad” y  orígenes.
Retrata su contexto, su cotidiano, a familiares, amigos y allegados, en circunstancias y estados de ánimos diferentes, sin concesiones, mostrando indicios de su realidad, sin buscar un ideal, donde todo aparece o aparenta ser perfecto, aunque dejan mostrarse las miserias humanas. 
Retrata distintas realidades que se superponen sin permiso y traza un camino poderoso, hecho de luz y de color. Sus fotos no son otra cosa que la estela brotada de ese movimiento, un ir y venir buscando el paso preciso por el mundo. Alucinado, Ramón capta cómo la materialidad que lo rodea cobra vida a través del color, porque es el color el que indica el rumbo, guía la mirada, enciende los demás sentidos y despierta a la memoria. Muchas veces pude verlo sumido en esa lógica lumínica (donde se entiende que el color es luz reflejada en nuestros ojos), una y otra vez: mientras me habla, su mirada navega por los diseños curvos y rojos de un azulejo en la cocina; cuando me saluda, su mirada se va en la remera verde de una señora que pasa; si me distingue a lo lejos en la calle, es el camuflado de mi campera lo que se mantiene prendido de sus ojos.
Tucumán lo inunda y lo trepa como una enredadera, impregnándole la exuberancia de sus formas, la belleza honda y solapada, y una naturaleza que florece incansable más allá de cualquier aberración o posible artificio, naturaleza que es su propio universo, y él lo ve. Pero las dicotomías teóricas no tienen efecto en su obra, natural y artificial son sólo circunstancias y sus fotos no son territorio de contradicciones, en ellas la multiplicidad convive y se complementa sin sentencias. Así es como su hijo puede ser una mirada infinitamente tierna y condensada que lo reconoce desde una fascinación recíproca y también puede ser Batman enmascarado posando en el Shopping de Yerba Buena. Así es como un ciclista equilibrista  pueden contener la misma belleza que el retrato frontal de su madre “Gorda & frutas”, y una colchoneta puede ser tan contundente como el retrato de su tía Mecha. Es así como Ramón puede mirar con igual encanto a una naranja explotada en el cordón de la vereda y a un árbol verde explotado de naranjas en todo su esplendor, o detectar un universo en gotas de miel derramadas sobre una tela. Es así, porque todas esas formas son las formas de la vida, porque la vida no se reduce a una sola cosa y Ramón lo sabe, y nos lo muestra.
 
                                           María Domínguez

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