Sufrió la pérdida más grande que alguien puede sufrir, pero a ese dolor lo transformó en felicidad para todos los niños de Tucumán con la ayuda de sus pequeñas compañeras de show. Tiene todo ocupado hasta septiembre, pero se viene el Día del Niño y siempre hay lugar para una sonrisa más.
Pirulín y Cucarachita.
Hay una lágrima pintada que cae sobre la mejilla de algunos payasos. Es un lagrimón, en realidad, una gota gorda de témpera negra que queda ahí, fija, hasta que la témpera se seca y empieza a descascararse cuando las luces del show comienzan a apagarse. Es una lágrima que Pirulín dejó en el cajón de los recuerdos cuando transformó el dolor de haber perdido un hijo de dos meses en la felicidad de los miles de niños que sonríen en cada uno de sus shows en los últimos 20 años.
“Empecé en 2000 casi por casualidad. Era un niño adoptado y golpeado que vivía entre Concepción y la capital. Escapando de un lado y de otro llegué a un hogar de ancianos que al lado tenía un hogar para niños. Ahí empecé a animar fiestas para los chicos, pero todavía sin ser payaso. Un día quise contratar a un payaso para los chicos, pero me cobraba mucho. Entonces fue que una vecina me dio la idea: ‘Preparo los trajes y, ¿por qué no te animás vos?’ Al principio no sabía ni cuándo se cantaba el cumpleaños, pero fui aprendiendo”, le cuenta Pirulín a eltucumano.com.
Cuando ya sabía que el cumpleaños se cantaba antes del final de la fiesta, un cliente al que le lustraba los zapatos cuando era niño lo recordó y le dijo: “Quiero que vengás a animar el cumpleaños de mi hijo”. Y fue entonces que la vida de Walter Hermenegildo Villagra cambió para siempre: “Al principio probé con Piolín, pero no funcionaba. Empezaron a salir los cumpleañitos para los chicos y trabajaba con mi señora: yo era Pirulín y ella Cucaracha, como la canción infantil. Me acuerdo que el primer cumpleaños cobramos 15 pesos, que era plata para ese año”.
Luego comenzó el momento de inversión y Pirulín puso su imagen en la revista de publicidades de Concepción. Tiempo después, se mudaron a Mendoza y el show continuó haciendo reír a grandes y chicos. Pero Cucaracha quedó embarazada de Emanuel Jesús y ya no podía acompañar a su marido: “Cuando vivíamos en Mendoza, nació Rocío en 2006. Como mi señora ya no podía trabajar por el embarazo, entonces Rocío se convirtió en Cucarachita”.
Hay hechos que marcan para siempre la vida de las personas: “Cuando perdimos a Emanuel Jesús fue un golpe durísimo. Dejamos la animación de lado. No podíamos hacer nada. Y durante un año estuvimos alejados de los escenarios. Volvimos a Tucumán de Mendoza y empezamos a recuperar las fuerzas para volver a la animación. Cuando nos preguntan cómo hicimos para seguir adelante sentimos que la sonrisa que nos regalan los niños son las que nos podría haber dado nuestro pequeño Emanuel Jesús. No hay nada más gratificante que hacer feliz a un niño. Y a Cucarachita, mi hija Rocío, se sumó Pulguita, mi hija Zamira. Somos una empresa familiar”.
No hay nada más lindo para el payaso Pirulín que hacer feliz a los niños de Tucumán que junto a sus hijas: “Cucarachita es la DJ del show. Ella rompe la tensión con los chicos que rápidamente entran en confianza y empezamos con los primeros juegos. Después se arma el boliche de los chicos y ella es la que pone la música. ‘Papá, salió esta canción, a los chicos les va a encantar’. Y tiene razón. Nos preparamos toda la semana para los shows. Vamos a comprar la tela a la Córdoba y como una modista me dio los moldes, nosotros armamos los trajes. Tenemos una máquina de coser y lo mismo pasa con el maquillaje, al principio me pintaba con témpera hasta que un amigo de Buenos Aires me enseñó a usar una pasta a base de aceite de cacao y vaselina líquida”.
Ya no hay lágrimas en el rostro del payaso Pirulín. Ni témpera. Sus shows son un éxito porque son sanos y divierten a grandes y chicos. Sus compañeras de animación sos sus hijas. Y cuentan los vecinos del barrio Manantial Sur que hay veces que Pirulín sale vestido como payaso y reparte globos en las esquinas. “Y ahora se viene el Día del Niño. Lo único que ruego es que no llueva porque se arruinan los shows al aire libre. Por suerte tenemos todo comprometido hasta fines de septiembre, pero si alguien tiene ganas de contratarnos que no duden, encontraremos un hueco para pasar un lindo cumpleaños juntos, con juegos, sketchs, el boliche y todo lo que aman los chicos”.