Historias de acá

La opresión que sufren las mujeres en la sociedad, en mirada de una adolescente tucumana

Yenifer Castellanos tiene 16 años, vive con su familia en Los Sarmientos y deslumbró a todos con un cuento de su autoría que obtuvo el primer puesto en los Juegos Florales del Colegio Nicolás Avellaneda, en Aguilares. Conocé su historia y lee el relato fantástico galardonado. Nace una artista.

23 Nov 2019 - 19:58

Crédito: https://davidnesher.com.ar/

Una chica introvertida, callada, observadora y con una imaginación muy prolífica, capaz de crear mundos maravillosos, pero que hablan de problemas actuales como la opresión que sufren las mujeres. Así define la profesora de Lengua y Literatura Belén Serrano a una de sus pupilas dilectas, Yenifer Castellanos, la adolescente de 16 años que la rompió con un cuento en la última edición de los Juegos Florales del Colegio Nicolás Avellaneda de Aguilares; uno de los certámenes literarios más prestigiosos para estudiantes en el sur de la provincia. “Es bastante tímida, pero en la escritura destapa su personalidad y toda su imaginación. En 14 años como docente es la primera vez que me toca una alumna así, ha superado todas las expectativas”, cuenta la profe que, al igual que el jurado y los demás que la leyeron, quedaron deslumbrados con la obra de esta incipiente escritora tucumana. 

Todo empezó el año pasado. Yenifer cursaba el cuarto año y quería sacarse un diez en Lengua y Literatura. La profesora de la materia, Belén Serrano, les había dado la tarea de escribir un relato breve para mejorar la nota y Yenifer cumplió con creces con la consigna: “Simplemente, agarré un día que vine de gimnasia y me senté frente a la computadora y empecé a escribir y escribir y cuando me di cuenta ya no puede parar”. A la clase siguiente, llegó al aula con un cuento de cinco páginas con el título de “Law 451”. “Ella tiene mucha capacidad para la escritura, tiene mucho para dar. Ese texto no tiene dos o tres borradores, sino que es una primera versión. Con ella no he tenido que negociar nada, estaban bien usados los tiempos verbales y muy bien la progresión temática del relato, sólo le hice algunos cambios a la puntuación”, cuenta la profe Serrano cómo fue la génesis del cuento que tuvo que editar, aunque no le dio mucho trabajo. El año pasado no llegó a presentarse con ese cuento en los Juegos Florales, el certamen literario organizado por el Colegio Nicolás Avellaneda, pero del que participan alumnos de distintas escuelas del sur de la provincia. Este año sí lo hizo y hace unas semanas atrás le confirmaron que había obtenido el primer galardón en la categoría cuento. 

“Cuando me dijeron que gané el primer lugar no lo podía creer, pregunté: ¿seguro? Fue un momento muy emocionante en mi vida cuando me llamaron para el acto y dijeron mi nombre. Estaba tan nerviosa que no sabía qué pasaba. Esto me impulsó y me dio ganas de continuar escribiendo”, cuenta Yenifer las sensaciones al recibir la distinción que no se esperaba. Los Juegos Florales se realizan hace 14 años y otorgan premios en distintas categorías: cuentos, microrelatos, poesía y poema ilustrado. Como jurados participan prestigiosos docentes ya jubilados. 


“La realidad es que hay chicos que se hacen escritores o lectores por fuera de la escuela porque tienen acceso a los libros, pero no es usual este tipo de alumnos. Ojalá tenga más oportunidades y pueda seguir con la escritura. Estas son satisfacciones que me da la profesión, más que nada yo estoy feliz por ella. Para mí es muy gratificante que me haya buscado para que le lea el texto”, explica la docente sin ocultar su orgullo. 

“Law 451”, el cuento premiado, es un relato distópico inspirado en la obra de Ray Bradbury donde la protagonista, Bhetany Brown, vive en un mundo donde está prohibido leer porque los habitantes tienen prohibido pensar. En esa sociedad retratada por la ficción, las mujeres están impedidas de realizar acciones y de ocupar espacios  que les pertenecen a los hombres. Una historia que podría ubicarse en el futuro, pero que da cuenta de las problemáticas sociales que actualmente han sido visibilizadas por el movimiento de mujeres. Mientras su padre, el bombero James Brown, se dedica a quemar libros para evitar que los ciudadanos accedan al conocimiento, la protagonista del cuento encuentra en la literatura una forma de libertad que transgrede el orden impuesto. De la misma manera que Yenifer, al poner a volar su imaginación, ha creado nuevos mundos para pensar su propia realidad cotidiana. 

Yenifer tiene 16 años, cursa el quinto año del Colegio Nicolás Avellaneda de Aguilares y vive en Los Sarmientos junto a sus padres y su hermano mayor. Le gustan mucho la literatura, sobre todo, los relatos policiales, los animales, jugar al básquet y la cultura japonesa. A pesar de su evidente talento para la escritura, asegura que no tiene aún decidido qué seguirá estudiando, pero le fascina todo lo que implique cuestiones teóricas como historia o biología. Cree que este año podrá vencer la indecisión respecto a su futuro profesional, pero asegura que no piensa dejar de escribir: “Usualmente escribo cuando estoy aburrida, si me surgen ganas de escribir ¿por qué no hacer? si es divertido”.

Yenifer continuará escribiendo las páginas de su propia historia, mientras tanto, los lectores pueden seguir deleitándose con sus mundos universitarios. 

Este es Law 451, el cuento premiado:

En mi mundo la ley Nº 451se implementa rigurosamente a todos: grandes, chicos, ancianos, de mediana edad, nada ni nadie se escapa de esta ley.

Es una de las leyes dictadas en mi mundo, la cual proclama quemar libros ¿Por qué? Porque en mi mundo está prohibido leer, porque leer obliga a pensar y está impedido pensar, porque leer paraliza ser ingenuamente feliz y en mi mundo hay que ser feliz a la fuerza. 

Mi nombre es BethanyBrown, hija de Emma Brown y James Brown. Mi madre como es de costumbre en esta ciudad y en todo el mundo, solo está en casa. Las mujeres no trabajamos ni opinamos en situaciones políticas. Solo servimos como adornos, objetos para aparentar en la sociedad. Los hombres trabajan en diversas unidades casi nada cambió con respecto a las organizaciones de trabajos. Solo por una excepción, que son los bomberos la OPMM (Organización Proyecto Mejora Mundial)  no cumplen con la función que los caracteriza, que solo están y existen para apagar los incendios, pues no es así. En mi mundo los bomberos no apagan incendios sino los provocan.

 Mi padre, James Robert Brown, capitán de la unidad Nº 845 es uno de los encargados de esta función, es su trabajo del que vivimos mi madre y yo. Su trabajo sustenta a mi familia. Para mí era algo normal  todo esto, en las mañanas me levantaba, desayunaba con mis padres reíamos y nos divertíamos, luego  me llevaba a su trabajo no me desagradaba, de hecho, me gustaba ver como las hojas de esos libros eran consumidas poco a poco por el fuego, observaba como las hojas se iban doblando como si suplicaran ¿Cómo si pidieran clemencia? Esta era la cuarta casa que quemábamos en todo el día, ya que cualquier persona que se lo encontraba con un libro dentro o fuera de sus viviendas recibía el castigo de que sus hogares debían  ser consumidos por el fuego. Para aquellos que ocultan lo prohibido dentro de sus hogares, como consecuencia sus pertenencias junto con los libros son quemados junto con la casa. Yo no entendía por qué una señora de avanzada edad lloraba por un trozo de papel, no lo comprendía ¿Por qué llorar por letras plasmadas en hojas amarillentas? En vez de llorar por perder su casa o sus bienes. 

Esa noche mi padre no pudo venir conmigo a casa así que me tuve que ir sola, no era tan tarde, tal vez eran las 9 pm, tomé el metro Montang, el cual me dejaría en la estación Tabella solo a tres cuadras de mi casa. Las calles estaban tan desoladas que hasta podía oír las hojas secas de los árboles recorrer el frio y sombrío suelo por el viento.

Llevaba menos de una cuadra cuando una sensación de inseguridad se apoderó de mi, traté de no prestar mucha importancia pero a cada paso que daba podía escuchar unos pasos un poco más atrás que los míos. Apuré mi marcha, traté de seguir hasta la siguiente cuadra y los pasos seguían constante,  me detuve y escuchaba como esos pasos se acercaban a mi tan calmados y pausados,avanzaban lentamente hacia mí, el corazón me latía tan ferozmente que ya no sabía que me asustaba más, el hecho de morir en manos de quien este detrás de mi o el de morir por un paro que me estaba a punto de dar. Una mano en mi hombro me hizo volver a la realidad y tras ello, un salto de susto por mi parte.

-   ¿Estás bien? Fue lo que escuché, me di la vuelta y ante mi estaba un chico de tez blanca, pelos castaños y ojos marrones tan profundos que por un momento me sentí vulnerable ante él.
-  ¿Estás bien? Volvió a preguntar.
-   Sí, claro - respondí altaneramente- solo que casi me da un paro del susto. 
-   Perdón pero esa no era mi intención solo pensé que tal vez estabas perdida. No es normal que una niña ande sola a esta hora de la noche y pensé que tal vez necesitabas ayuda.
-  ¡No soy una niña!- levanté mi voz- Y tú ni que fueras tan mayor. 
-  Tengo 22 ¿y vos?
-   15…
-   Soy Ian Wilson y ¿Cómo te llamas?
Me quede un rato pensando en si contestar o no, si bien mis padres me aconsejaban que no hablase con extraños pero creo que ya era demasiado tarde para ponerme a pensar eso o ¿no? 
-   Bethany, Bethany Brown 
-   Bethany, ¿Eres hija de James Brown? ¿No?
-   ¿Lo conoces?
-    No en persona, pero sé quién es y lo que hace.
-    Lo dices como si fuera algo malo. 
-    ¿Y  acaso no lo es?- exclamó- Quemar libros que fomentan la sabiduría ¿No es un delito? ¿Prohibir a las personas de leer, trae infelicidad no es acaso también un delito? ¿Prohibir a los niños una buena educación no es también otro delito?   
-   Eso no lo dice la ley.
-   Y tú qué sabes ¿Qué es una ley?, acaso alguna vez leíste uno, aunque sea uno de esos libros que tu padre quema con tanto odio, como si fuera veneno ¿Lo has hecho?
-    No.
-    Deberías hacerlo, no tienes idea de las cosas maravillosas que están escritas en esas páginas, cosas que hasta el día de hoy la humanidad ha olvidado.
-    Debo irme.
-    Te acompaño.
-    No es necesario.
-    No importa, además vivo cerca de tu casa soy tu nuevo vecino.

Estaba sorprendida, aturdida y confundida. Sí, confundida. Quería conocer y entender ese sentimiento que tenía esa señora por esos pedazos de hojas ¡Quería entenderla! Y ¡Entenderlo a él! ¿Por qué ama tanto esos escritos? ¿Por qué defendía tanto unas simples hojas que nadie recordaría con el tiempo? caminamos en silencio, quería decirle algo pero cuando abría mi boca la cerraba rápidamente, quería decirle que quería entenderlo, necesitaba entenderlo y comprender ese sentimiento.

-  Quiero comprender, necesito entender ese sentimiento -Al parecer mis palabras lo dejaron confundido- quiero comprender a esa señora cuando lloraba tan amargamente por esos libros, ¡Quiero comprender eso! entender esa sensación que hace que las personas desobedezcan las leyes, ese amor por esos escritos a tal punto de llorar y defenderlos como tu lo haces y como esa señora lo hizo.
-  Te puedo ayudar, a ver… lo que hay entre tantas palabras, imaginar un escenario por cada situación, pero ese sentimiento de que hablas tendrás que encontrarlo sola ya que no es algo del cual te pueda enseñar. Ese sentimiento nace de ti cuando en verdad quieres y deseas protegerlo sin importar la situación en la que estés pasando.
-  Está bien.
Era lo único que respondí era mejor poco que nada, al fin y al cabo creo que tiene razón, al llegar a nuestro barrio pude ver a casi cinco casas de la mía una casa que estaba con todas las luces encendidas.
-  Me están esperando, nos vemos mañana en el puente Hiper Castear a las 5 p.m. 
-  ¿Para qué? 
-   Para tus clases -me dijo- no llegues tarde, odio la impuntualidad.

Mientras se alejaba podía sentir la fragancia de su ropa, un exquisito olor a lavanda, que quedaría guardado en mis más profundos recuerdos hasta el día de mi muerte. Se iba alejando, solo podía ver su espalda y sus amplios hombros alejándose. Adiós le grité y él me respondió igual y así nos despedimos. 

Esa noche no pude dormir no sabía si estaba bien o mal saciar mi curiosidad, solo podía pensar en que sería un  problema para mis padres y si yo alguna vez podría llegar a tener tales sentimientos. Las semanas fueron pasando, todos los días me veía con Ian para leer y comprender un poco de esas palabras escritas con tantos argumentos y realmente bien pensados, cada vez que leía un nuevo libro me sentía exaltada, me gustaba esa sensación cuando algo iba a pasar ¿Qué haría el protagonista? ¿Qué decisión tomaría?¿Qué trama le esperaría? las primeras semanas Ian me hacia leer literaturaclásica como Edipo rey de Sófocles, Orlando furioso de Ludovico Ariosto, La vengadora de las mujeres de Félix Lope de Vega, al leer este libro me di cuenta de muchas cosas, las cuales a pesar de que sucedió en 1621 hasta hoy, hay cosas que siguen pasando y siguen ignorando a la mujer y por último Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. Cada libro tenía su historia, tenía una vida que fue pasando de mano a mano en décadas por miles y miles de personas que no la desperdiciaron como nosotros. Ahora me doy cuenta de lo horrible que es quemar un libro, de lo malo que es el trabajo de mi padre, al cumplir los tres meses de aprendizaje Ian me dijo que me iba a regalar algo, era obvio que estaba emocionada, era el primer chico con el que estaba si es que se lo puede decir así y era el primero que me iba a regalar algo, llegó el dichoso día Ian me pidió que cerrara los ojos y sin decir nada lo hice, estaba ansiosa yo esperaba unas flores, unos bombones o ¿quizás una carta? Pero cuando abrí mis ojos, Ian tenía en sus manos un libro de Nicolai golgol  “Las almas muertas” al ver me decepcioné, él me preguntó qué era lo que creía yo le dije que me esperaba unas flores o algo por el estilo al escuchar esto Ian rió y me dijo ¿Sabías que Einstein, en vez de regalarle flores a su novia le regalaba libros? Porque decía que la amaba tanto que en lugar de flores le regalaba libros porque las flores duran unos cuantos días, pero un buen libro es para toda la vida. No pude evitar no reír y aceptar el regalo. Era de esperase eso por parte de Ian aunque estaba preocupada ya que sería el primer libro que tendría en mi casa y no sabía cómo iba a hacer para ocultarlo.Las semanas iban pasando, a Ian no lo volví a ver, me tenía preocupada ya se había hecho el mes y no sabía nada de él, con todo el valor del mundo decidí ir a su casa, cuando toqué el timbre una señora mayor abrió la puerta vestida de negro , le pregunte si Ian estaba bien ya que no lo veía desde hace un mes, ella me miró y me respondió que ya no lo iba a ver  más, no sabía porque me decía eso ¿Acaso él no me quiere ver?¿Hice algo que a él no le haya gustado? Le pido que le diga, que me perdone. Ella me miró con tristeza y me dijo:  lo siento pero Ian ha muerto, venía de la estación Tabella era muy tarde y un sujeto lo arrinconó tal vez para sacarle plata o ver si tenía algo valioso, pero al ver que Ian solo traía un libro lo tiró al piso y empezó a golpearlo hasta defórmale el rostro y por último le cortó las cuerdas vocales y lo dejo ahí, tirado, como un perro con frio en ese piso el cual ahora está manchando de sangre, el cuál ni la más poderosa sustancia podrá sacarla ni hoy ni mañana ni nunca… No me sentía bien, sentía que el aire me faltaba y todo me daba vuelta, cuando atiné a retirarme me gritó ¡Espera! Tengo algo para ti, ven, la  seguí hasta un pequeño sótano, en el cual se podía ver estantes llenos de libros pero había unos cuantos en unas cajas.  Toma yo se que él hubiera preferido que lo tengas, me dijo extendiéndome una caja. No dije nada, tomé la caja y me fui a mi casa, tuve que ir por la parte de trasera para que mis padres no se dieran cuenta, al llegar a mi cuarto, las lágrimas salieron sin mi permiso, salían como si fueran lluvia del cual nadie tenía provisto venir, ¿Cuándo fue la última vez que lloré? No lo recuerdo, lloraba amargamente mientras los recuerdos inundaban mi mente, quería gritar, patalear, golpear, tirar todo lo que tenía en frente mío, pero no podía, miré a la caja con dolor extrañamente aun se percibía ese olor tan peculiar de él, tiré todos los libros que había en la caja en mi cama y los miré uno por uno, estaba tan concentrada mirándolos mientras lloraba, que no me di cuenta que mi madre había entrado a mi cuarto.

-  Bethany quería preguntarte si quieres...
-  ¡Mamá! Grité
-  ¡Bethany! ¿Qué haces con eso?
-  Yo…
-  JAMES, JAMES -gritaba con desesperación-
-  ¿Qué pasa?
-   Bethany…ella tiene lo prohibido en nuestra casa.
-   ¡Bethany dame eso!
-   No, le dije mientras abrazaba el libro que Ian me regaló.
-   Bethany.
-   ¡BETHANY! Gritó mi padre mas fuerte. 

Se escuchó un fuerte estruendo en la cocina, mi padre y mi madre fueron a ver que era yo solo me quedé parada; caminé hasta las escaleras y pude ver fuego. 

- ¿Qué paso?
-  Una fuga de gas gritó mi padre, el cual iba a subir las escaleras pero no pudo ya que las llamas lo alcanzaron haciéndolo retroceder. 
- Bethany ven no me moví solo le quede mirándolo; no tenía intenciones de irme de la casa, ven con papi, él te quiere y te va a perdonar, ven con papi antes de que sea demasiado tarde ¡Bethany! Dijo mi padre al ver que no me movía…
No puedo papá, por favor sal déjame sola, llévate a mamá y salgan yo no puedo ir y abandonarlo ¡NO PUEDO! ¡PAPÁ VETE! le grité cuando las llamas se hicieron más grandes me fui a mi cuarto sintiendo el calor de las llamas que a paso ligero se acercaban hacia mí. 

Me dirigí hacia mi ventana pude ver a mi madre llorando y a mi padre desesperado por no saber que hacer para apagar el fuego, me miraron y les sonreí mientras les decía adiós con mi mano. Llegaron más vecinos los cuales no sabía qué hacer, todos ellos me miraron desde el patio, me miraban con pena y con compasión, mi madre no dejaba de llorar, las llamas ya estaban entrando en mi cuarto son buenos padres escuché a alguien decir a mi lado lo sé respondí tratando de no llorar,  sabes ahora sé lo que sentían los libros que fueron quemados por mi padre.

Se escuchó una ventana romperse, tal fue el estruendo que repercutió en toda la casa Bethany ya es hora de irnos, diles adiós por última vez, miré a mis padres y una que otra lágrima se me escaparon chau...Susurré tan levemente pero bien claro para que ellos me vieran, miré a la persona a mi lado y le sonreí.  Sabes siempre me gustó tu olor a lavanda ambos reímos y lo único que se escucho por toda la casa y el barrio fue el crujir de los vidrios por la explosión ¡BETHANY! Quedó ese grito de sus padres haciendo eco, que a cada segundo se iba alejando hasta que no se escuchaba nada, solo un leve susurro que al igual que un libro con sus paginas de iba acabando. 

FIN

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