ETERNA

"Con guantes de goma en las manos": el adiós a Rosita Ávila

El director de teatro Carlos Alsina despide a la gran actriz tucumana de todos los tiempos con una anécdota que la pinta de cuerpo y alma y rescata aquello que nos hace dignos.

09 Dic 2019 - 18:25

Rosita Ávila, inmortal.

Era un viernes de función, en los primeros años 80, cuando aún existía la sala de "Nuestro Teatro" en casa de Rosita Ávila. Aquel día llegué con bastante anticipación al lugar. Representábamos esa noche "La Fiesta", un texto de Oscar Quiroga. En esa puesta yo interpretaba un pequeño papel y actuaba junto a Oscar, Rosita, Héctor Marcaida y otros colegas. 

Encontré a Rosita limpiando los baños del teatro. Con guantes de goma en las manos se ocupaba de la tarea. Yo me dispuse a ayudarla y, juntos, baldeamos el pequeño hall de espera y luego la entrada, en dónde estaba la bolería y un mesón que servía de bar. Hicimos el trabajo lo más rápido posible pues no faltaba demasiado para que comenzara el movimiento en el teatro. Cuando terminamos Rosita me dijo: "¿Ves, Carlos? ésto es lo que nos hace dignos".

Un teléfono negro, de esos antiguos, sonó y Rosita se convirtió, de inmediato, en boletera. Cuando colgó me dijo con alegría: "¡Una reserva más! Tal vez esta noche...!" Y la "dejó picando" alimentando la esperanza que quienes hacemos teatro solemos profesar: que el público, así sea poco, no nos deje solos.

Ese momento, que ahora evoco, me acompaña desde entonces en cada lugar en el que trabajo, sea en dónde sea, porque Rosita me enseñó, con su humilde actitud, algo que no olvidaré jamás y que, a través de los años, he tratado de resumir en esta frase: primero el ejemplo, después la teoría... si es que esta "llega".

Rosita fue, es y será un ejemplo, un modelo, una referencia de dignidad, de lucha y de tenacidad. El tiempo, esa conspiración permanente, no conoce excepciones. Pero, de alguna manera, deviene eterno cuando un fulgor ilumina el olvido: "Esto nos hace dignos", me dijiste, Rosita, hace cuatro décadas pero, en verdad, me lo estás diciendo ahora mismo, al oído, cada vez que entro en algún lugar en dónde se perpetúa la pasión que compartimos por el teatro. Los ejemplos no mueren, Rosita. Y el público jamás te dejará sola. Siempre habrá alguien sentado en primera fila.


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