Jorge Quinteros tiene 20 años. Este sábado se despertó a las 7 de la mañana en su casa de Lomas de Tafí. Antes de tomar el 131 y luego el 19 hasta el Ministerio de liberación Una vida nueva, la iglesia de Blas Parera 211, en el corazón de Villa 9 de Julio, oró: “Todos los sábados conduzco un programa de radio por FM 100.7, radio Una vida nueva. El programa se llama El día de tu milagro. Hoy oré y pedí que lo que dijera al aire no fueran mis palabras sino las palabras de Dios”.
Jorge Quinteros se acercó a Dios en uno de los momentos más difíciles para cualquier niño que lo haya sufrido: “Mi papá y mi mamá se separaron. Ahí empecé a ir a la iglesia con mi mamá. Lo único que le pedía a Dios es que mis papás volvieran a estar juntos. Me entregué a Dios desde chico. Pasando el tiempo ahí, después de mucho pedir, tras seis años volvieron a estar juntos, compraron una casa, tienen un auto. Se llaman Beatriz y Eduardo. Ambos tienen 43 años. Y junto a mis hermanos somos una familia feliz. Cuando volvieron a estar juntos fue el primer milagro que sentí en mi vida”.
Sentado en un pequeño estudio con el termo de mate, un micrófono remendado con cinta de papel y la Biblia abierta de par en par con marcaciones, Jorge Quinteros pone el celular y transmite a través de Facebook su programa: a medida que empieza a entrar en clima, a soltarse, a cantar, los seguidores empiezan a aparecer, a desearle bendiciones, a pedirle consejos, ayuda, a saludarlo: “Tengo la bendición de que Dios me animó y empecé a hacer radio. A través de los directos, la gente empezó a compartir el programa y así empezó El día de tu milagro. Son los sábados de 10 a 13. Hoy dediqué el programa a hablar sobre el Tiempo. Seamos sabios, aprovechemos el tiempo porque se avecinan tiempos malos. Compartí la palabra de Efesios 5:15: ‘Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios’”-
El estudio de la radio queda en la misma iglesia. Es una mañana pesada, con el clima cargado de nubes y humedad, pero eso es lo que menos le importa a Jorge, quien desde julio empezó a involucrarse cada día más con su pastor y guía espiritual, el pastor Mauricio Orellana, de quien es su mano derecha, a quien ha acompañado durante viajes a congresos en Córdoba, Santiago, Bolivia, donde hiciera falta escuchar la palabra del Señor a través de quienes predican su palabra: “En este tiempo puse mi corazón de darle vida a la radio para multiplicar las almas. Si los días son malos, es una bendición ser la mano derecha de mi pastor. Viví muchos viajes. Me gustaría ser como él. Le debo todo lo que sé”.
La obra que llena de orgullo a Jorge es lo que pasa y tiene que ver con lo que él observa que pasa en Villa 9 de Julio, en el barrio donde está su Iglesia, a dos cuadras de la Juan B. Justo, donde se ha encontrado con una realidad que lo ha golpeado: “Durante este tiempo he visto cómo muchos chicos han caído en la droga y se han recuperado sirviendo, predicando la palabra de Dios. Eran muy adictos, la gente no daba nada por ellos. Yo mismo los veía en los semáforos pidiendo, barbudos, sucios. Sus propias familias no daban nada por ellos. Ya en la iglesia sienten que Dios los abraza. Hay chicos que llegan pidiendo ayuda, buscando al pastor, chicos que necesitan una salida. Les damos un abrazo, le transmitimos la palabra los días de reuniones (miércoles, viernes y domingos a las 20). En la iglesia hay un hogar de adictos, donde se bañan, se les da ropa, comida. Son unos 400 chicos a quienes ayudamos”.
Luego del Congreso de Jóvenes que se realizó en la iglesia del barrio, donde mucha gente acompañó las reuniones desde la calle ante la cantidad de gente, Jorge Quinteros explica por qué cada vez más gente se acerca: “Dice la Biblia que la iglesia es un hospital de enfermos. Aquí viene gente que se siente sola, se siente vacía, gente que va con un cáncer, que no tenía pelo, y de repente el cáncer ha desaparecido. Pude experimentar a través de mis ojos milagros: estos últimos tiempos hemos experimentado los milagros, como una señora que hace cinco años que quedó en una silla de ruedas y se fue caminando".
"Ahora quiero empezar a hacer un programa de trasnoche: hay mucha gente a la noche que no puede dormir porque está depresiva. Si no sirvo para servirle a Dios no sé qué haría”, explica Jorge Quinteros, quien aclara que no predica ninguna religión específica, que las religiones, según su modo de ver, son tradiciones, y que su obra tiene que ver con movilizar el Espíritu Santo. Ese ese el mensaje que deja a quienes quieran leerlo o escucharlo: “Les pido a cada uno que busquen a Dios porque así como ha aliviado mi corazón, así como me ha sacado de este vacío, de esta soledad, así lo puede hacer con cada uno, con cada persona. Para eso estoy. Para eso vivo. Y eso es lo que hago”.