En una charla virtual que se transmitirá en vivo, la lingüista y psicóloga social tucumana Isabel Requejo reflexiona sobre la problemática. “Esta pandemia nos está llevando a hacer casi lo contrario de lo que como especie hemos aprendido a hacer durante milenios para vivir y sobrevivir. Esa necesidad vital de estar con otros”, expone.
Foto de Paula Medjugorac para Tucumán Zeta.
Ante el aislamiento social preventivo y obligatorio, el uso de la tecnología se multiplicó con diferentes finalidades. Comunicarse con los seres queridos, reunirse con los compañeros de trabajo y participar de clases. En este contexto, Isabel Requejo reflexiona sobre el impacto que esto genera en las personas, ligado además a la sobre información sobre nuevos casos y muertes por coronavirus.
“A diferencia de otras epidemias como la gripe aviar del 2003 que tardó 3 años en controlarse, la población no estuvo todos los días de esos 3 años leyendo o mirando a diario los últimos datos de la epidemia ni se nos presentaban cuadros comparativos del número de contagios y de muertos como si se tratara de un ranking des-humanizante pero de alto impacto psicológico y social a lo largo del mundo", destaca la profesional en diálogo con
eltucumano.com.
Y añade que una de las preocupaciones que la aqueja es el riesgo de la trivialización de lo virtual, en esa necesidad actual de comunicación por medio de redes. En este sentido visualiza al menos dos escenarios distintos.
Según Requejo, uno de los escenarios posibles sería la salida del aislamiento a través de lo virtual, que operaría como un "como sí" de la comunicación y de las relaciones humanas y de la comprensión de aspectos de la realidad. “Mientras esperamos soluciones o mandatos externos, o la aparición de una vacuna inmunizadora, no dejo de pensar que corremos el riesgo de crear una contraparte virtual que nos termine devolviendo al mundo anterior a la pandemia, sin cuestionarlo demasiado”, destaca.
“Tanto el aislamiento, como el uso casi permanente de las redes sociales son armas de doble filo, lo que ahora puede ser una herramienta de protección, sostén necesario. Pero a medida que pasan los días o meses, que no se transforme en una suerte de vivir semi encarcelados, con salidas programadas y transitorias, que nos separen”, reflexiona.
Por otro lado, la progresiva virtualización de casi todos los procesos y practicas sociales, comunicacionales y de aprendizaje y enseñanza y hasta de intercambios comerciales, no son neutrales ni antes ni ahora. “Un riesgo es que podemos terminar nosotros mismos siendo los instrumentos vehiculizadores y neutralizadores de esa virtualización sin otro horizonte o tema que el de la pandemia y sus consecuencias. Entonces…en vez de un beso, te mando un emoticón, en vez de una marcha en las calles, una marcha o plegaria virtual. aspectos y modalidades que están en desarrollo necesarios de tener en cuenta", explica.
El segundo escenario que avizora, un poco más promisorio y por ende más complejo es el de animarse a pensar y trabajar grupalmente, a pesar de la distancia. “Generar condiciones que nos permitan establecer nexos, debates, relaciones dialécticas entre este presente no solo desde la pandemia sino en el marco de las relaciones y experiencias sociales, económicas y políticas previas y actuales, dentro de un orden social que requiere cuestionamientos y luchas no solo discursivas o virtualizadas”, detalla.
Esta situación particular de sobrellevar la pandemia a través del aislamiento condujo a implementar formas de "aprender y enseñar no en soledad o a través de una pantalla, jugar-bailar en parejas o grupos, trabajar con compañeros, hacer el amor con nuestras parejas cuando no se convive bajo un mismo techo", enumera. Además, el aislamiento pone límites a la posibilidad de "reírnos a las carcajadas mirándonos a la cara, jugar con nuestros nietos. Disfrutar, aunque sea por televisión un gol de River Plate. Mirar juntos una puesta de sol, de ir a una feria de artesanos en una plaza, escuchar un concierto donde debutan jóvenes amigos, acompañar la alegría del nacimiento de un niño o niña, despedir a nuestros muertos, trabajar con quienes desarrollan proyectos sociales y comunitarios".
“Esta pandemia nos está llevando a hacer casi lo contrario de lo que como especie hemos aprendido a hacer durante milenios para vivir y sobrevivir. Esa necesidad vital de vivir y estar con otro", destaca.