Son fieles discípulos del mártir Peperino Pómoro y del padre Ceschi y llegaron para llevar un mensaje de calma espiritual en medio de la pandemia. Sermones, vaticinios y música para sobrellevar el aislamiento entre risas. Mirá los videos y conocé la historia de esta dupla.
La dupla cómica y celestial que hace milagros.
Justo antes del corte de señal de los dos únicos canales que captaban las budineras en las antenas tucumanas, era el momento de la “Pausa en familia” donde el padre José Ceschi les hablaba a los televidentes del otro lado de la pantalla para acercarles un mensaje de paz y esperanza. De changuitos, ellos crecieron viendo a ese curita campechano de modos amables, anteojos de marco grueso y calva pronunciada, pero peinada con prolijidad, minutos antes de dormirse. Tiempo después, ya en la flor de la juventud, se sumaron al sequito fiel que seguía atento las historias del mártir Peperino Pómoro, aquel que nació el 24 de brete de milono seteinta y ocho junto al Río Mirón en la ciudad de Chucrut en la provincia de Jejel y que era hijo de la unión de Balá, Casán y Badalá. El protagonista de los relatos del sketch "Todos juntos en capilla”, interpretado por Fabio Alberti en el ciclo Cha Cha cha. Ahora que la pandemia los encontró unidos bajo un mismo techo, el músico Pablo Daniel Martínez y el actor Nahuel García, le dieron vida al sabio padre Abán Dónico y al afable monaguillo Cuarenteno García, personajes que llegaron para decirnos que la risa puede ser un bálsamo en medio de la crisis.
Con voz melodiosa, Cuarenteno lee los mensajes que han llegado de los fieles, como el de Alberto y su nueva esposa que quieren saber si pueden bajar a sus teléfonos una aplicación para tener noches de pecado. Abán, valiéndose de la ancestral sabiduría de las escrituras, recomienda proceder con el sexo virtual, pero sin procreación. Y así continuarán las consultas como la de Mirta, que quedó varada en París y tiene a su gato enfermo de un virus extraño. O Juancho que quiere saber si está protegido de las callosidades que están llegando a su ser porque tiene que caminar mucho para conseguir buenas ofertas. O Juan Pablo Pio que pregunta si los viajes astrales que a veces realiza están penados por la ley dado el aislamiento obligatorio. Todo el ritual terminará al ritmo de la música hasta que un nuevo encuentro los reúna nuevamente.
Según estos peculiares hombres de fe, todo esto que está sucediendo con el coronavirus estaba ya escrito. Lo que no está escrito es lo que ellos dicen en cada sketch porque la dupla artística procede sin libreto y sin vergüenza. “Al plantearse la cuarentena y no poder salir de casa, pensamos un actor y un músico ¿qué pueden hacer? Y ahí decidimos combinar los dos conocimientos: la actuación y la música”, explica Pablo de 45 años, caucásico, soltero y sin apuro (y ahora, menos que menos). Su partenaire, Nahuel (32 años, también caucásico), agrega: “La idea es hacer un humor ligado al absurdo, pero también ligado a lo social y a lo político. Buscamos hacer personajes con los que la gente no sienta empatía, sino que sean así nomás como son”. Ambos se confiesan fanáticos del humor de sketch como el que podía verse en el programa televisivo Cha Cha Cha y en las actuaciones del grupo cómico Les Luthiers.
Sin ensayo ni guion de por medio, arrancaron primero con un video en vivo a través de Facebook y después siguieron con un canal en YouTube. Tomaron como referencia a los distintos predicadores que salen por radio y televisión enviando sanaciones y soluciones a la distancia y, también, aprovechándose de la fe de la gente en momentos de angustia como los que estamos viviendo. Abán Dónico y Cuarenteno García son una parodia, pero también están basados en seres de carne y hueso. “El disparador fue el padre Ceschi y cosas reales como la iglesia del pare de sufrir. Es una parodia de todo eso y siempre con la visión esperanzadora de cómo sobrellevar espiritualmente el contexto actual”, revela Pablo.
Los artistas son conscientes de que hay un sector importante de la sociedad tucumana muy aferrado a la iglesia y a la religión católica en general. Por eso, no se les escapa que no faltará quien ponga el grito en el cielo ante la herejía que están cometiendo, pero aclaran que la intensión no es ofender a nadie. “Creo que el canal es un reflejo de los problemas cotidianos que ahora se ven expuestos y magnificados por la cuarentena. Hasta ahora, no hemos tenido comentarios negativos, pero hay una estrategia que tiene que ver con el humor porque el humor te da esa posibilidad de decir cosas sin generar reacciones violentas. Mientras haya una reacción en el público, nosotros estamos contentos”, cuenta Nahuel. Por su parte, la opinión de Daniel es un poco menos mesurada: “La verdad que nos chupa un huevo si alguien se ofende. Lo que hacemos es tomar el humor y aprovechar para decir algunas cosas dentro de lo que pensamos sin perder de lado todo esto que está pasando”.
Dios los crio y ellos se juntaron. Pablo y Nahuel se conocieron en 2012 mientras ambos formaban parte del programa de radio “Hasta las manos”. Hace cinco años, Pablo se fue a vivir a la casa de Nahuel en Yerba Buena. Desde entonces, conviven bajo el mismo techo sin sobresaltos y se complementan en las diversas tareas cotidianas. Por estos días también se contienen mutuamente. Pablo es músico de las bandas “Flora y sus gatos locos” y “Renata De Santis y los blues and Funky”. Nahuel es actor y profesor de teatro. Como artistas independientes, ambos forman parte de uno de los rubros más golpeados por la pandemia. Sin la posibilidad de hacer shows en vivo y sin perspectivas de que sus actividades se restablezcan en el corto plazo, como gran parte de sus colegas, viven horas de incertidumbre y penurias económicas. “La estamos llevando de una manera muy enclenque, estamos sobreviviendo”, cuenta Nahuel. El actor revela que se sostienen gracias a la solidaridad de amigos y parientes y a los bolsones de comida que entrega la asociación de actores. Tampoco tiene ahora la posibilidad de pedir subsidios ya que las oficinas se encuentran cerradas.
Ambos artistas solicitaron el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), pero al vivir en la misma casa sólo uno de ellos lo recibirá. “Si nos depositan la guita del IFE, tenemos la idea de un emprendimiento gastronómico. Hasta que podamos laburar en el arte de nuevo tenemos que hacer otras cosas, no nos queda otra. En lo artístico es tan incierto el camino y sabemos que eso va a ser lo último que va a volver una vez que se retomen las actividades. En todas las crisis, lo primero que la gente deja de consumir es el arte. Creemos que tampoco hay que dejarse ganar por la situación y perder el contacto con la gente, para eso hay otros recursos como las redes sociales”, reflexiona Pablo.
“Le pedimos a San Alberto de la Pandemia que nos contraten en Canal 10”, ruega entre risas Pablo, aunque tal vez sea Abán Dónico quien ahora eleva al cielo esa plegaria: “Para nosotros es fundamental que el arte entre a los hogares y que sea un momento de contención emocional, que no sea todo drama y mala onda. Ese es el lado desde donde podemos afrontar esto, desde el arte y el humor”. Aunque el padre Dónico y su fiel compañero Cuarenteno crean que esta es la versión del apocalipsis que nos toca vivir por tantos pecados cometidos, deciden afrontarlo con la más milagrosa de todas las armas: la risa. Amén por eso.
Mirá los videos de Abán Dónico y Cuarenteno García: