El estado actual de estos espacios culturales es crítico y temen no poder continuar. Sin respuestas al pedido de asistencia al Gobierno de la Provincia.
El Alto de la Lechuza. (Foto: Ente de Turismo)
“Si la noche no es noche nochera, llévelo a cualquiera que no conozca, para ver Tucumán, donde no hay guitarra que duerma sola, que hay un Alto de la Lechuza, donde la luna salió a cantar”, reza la zamba compuesta por Tito Segura para la peña más antigua que tenemos en nuestro país, “El alto de lechuza”, lugar que cumplió recientemente sus 80 años y que hoy lleva adelante la familia Aguirre.
Es que, como dice la canción, “para ver Tucumán”, este es uno de los lugares donde el que quiera conocer sobre la cultura, la gastronomía, la música y la danza tucumana, tiene que tener como parada obligada.
En 80 años, sobre su escenario han pasado infinidad de artistas de todo el país, por nombrar algunos: nuestra querida Mercedes Sosa, Los manseros santiagueños, Los Tucu Tucu, y tantos más que supieron compartir junto a su creador, Don Pedro “el amanecido” Aredes, quien hace unos años, no está entre nosotros, pero que al entrar a la peña respiramos su legado.
Así como lo es esta emblemática peña, también podemos recordar anécdotas de la vieja casona (actualmente remodelada) “La 9”. Espacio de reunión de grandes artistas tucumanos. El patio, una mesa larga, donde se sentaran hace unos años atrás, Rubén Cruz, El Poli Soria, El Pollo Romero, solo por nombrar algunos referentes que hicieron historia allí y donde actualmente, cada fin de semana, la juventud, los nuevos valores de nuestra música, eligen pasar la noche rodeados de amigos, entre canto y guitarras. Será porque su nuevo dueño es uno de ellos, Claudio Balzaretti, un músico que bien entiende lo que vive cada artista sobre un escenario.
Las noches de buen folklore no terminan aquí, pues el humor y los grandes artistas, se puede disfrutar entre unos vinos y unas empanadas, en “La Casa de Yamil” del turco Yamil Farah, quien lleva años siendo el anfitrión de la peña y recibiendo a reconocidos músicos nacionales.
Si seguimos recorriendo, pasamos por la “esquina del folklore” en la Corrientes y Catamarca está “Malparida”, refugio de los artistas emergentes, es que Gustavo Suárez, su dueño, sabe abrir las puertas para quienes quieran mostrar su arte sin impedimento alguno. Llegas, te sentás y enseguida se descorcha algún vinito para complacerte escuchando la nueva sangre del folklore.
Ahora, si has llegado hasta el casco histórico en tu recorrido, en la misma esquina de Crisóstomo y Las Heras, te encontrás la peña más nuevita: “El Aljibe”, donde Liliana Campero y Juan Carlos “chicho” Herrera, quienes son sus dueños, te van a recibir para que disfrutes de la exquisita gastronomía que los caracteriza y de los artistas que pasan noche a noche, cada fin de semana por allí.
Sucede que ahora, esta parte linda de la historia no se puede seguir escribiendo, las hojas están en blanco y con incertidumbre de qué es lo que sigue. Porque tras la pandemia, a mediados de marzo sus puertas se han cerrado. No ha podido ingresar más público, las agendas de los espectáculos previstos han quedado truncas “hasta nuevo aviso”.
Ante esta situación, los referentes de las 5 peñas estables de la capital tucumana, han decidido unirse para tomar fuerzas y decisiones de cómo seguir. Hasta aquí, la solución tarda en llegar y no logra divisarse. Para palear un poco la situación, han decidido poner delivery, pero con 5 o 6 pedidos por día no alcanza para pagar alquiler, impuestos, y los pocos empleados que han quedado trabajando.
Presentaron un pedido de ayuda al gobierno provincial, pero hasta ahora nadie ha respondido. No piden que nadie les regale nada, solo quieren volver a trabajar y es por eso que han preparado un protocolo tomando todos los resguardos tanto para el público como para los artistas.
Estos espacios culturales tienen como común denominador que hacen a la cultura y al turismo de la provincia, reciben gente de todo el mundo que los elige porque quieren saber qué costumbres tenemos, cuales son las comidas regionales, la música y la danza. Gran parte del movimiento sociocultural, turístico y económico de la provincia, suceden en estos lugares. Pero aún así, no son valorados como tal.
Hoy, están viviendo una terrible crisis, sumada a la que ya venían atravesando frente a las políticas del gobierno anterior, tal es así que creían que con el cambio de gobierno la situación iba a remontar y empeoró por el confinamiento.
El camino se les está haciendo cuesta arriba, nos cuentan. Se hace difícil responder a todas las deudas si no se perciben ingresos. Son muchas las familias que dependen de cada lugar, por lo tanto, la situación se agrava. Es una cadena: dueños, cocineros, mozos, músicos, sonidistas y más, la conforman. La cadena está al borde de romperse… y lo triste sería que no pueda volver a repararse más.
No nos imaginamos pasar frente al Alto y que sus puertas no se vuelvan a abrir ¿no? Quisiéramos poder volver pronto, aunque siguiendo un protocolo, pero que estemos allí dentro, que podamos seguir llenando de música y anécdotas las páginas de la historia de cada lugar.
Se da respuesta a muchas actividades y reclamos de la sociedad, abren gimnasios, bares y nuestra cultura sigue en espera. ¿Acaso es menos importante?
El pedido de ayuda es casi un grito, piden que se los escuchen, piden volver a trabajar.
**Gabriela Sosa es CEO en GEA Prensa y comunicación, encargada de agenda de espectáculos en Peña cultural el Alto de la Lechuza y docente.