Mañana se estrena el documental del cineasta tucumano Luis Sampieri filmado en Amaicha que ofrece una mirada íntima de la vida de Mario Reyes, un baqueano de las altas cumbres. “No tenemos películas de gauchos, es una deuda que tenemos”, dice el director de “Señales de humo”. Mirá el tráiler de la película.
Mario Reyes, el protagonista de un western tucumano.
Esta historia comienza hace treinta años en la cima de los cerros tucumanos, a más de 4700 metros de altura sobre el nivel del mar. Ahí, bien cerca de las nubes, Luis Sampieri, un joven y entusiasta estudiante de fotografía, participó de una excursión a la Laguna de los Amaicheños para registrar con su cámara los paisajes de ese lugar inhóspito. En el descenso por los senderos de montaña, Luis se apunó y el baqueano Mario Reyes lo ató al caballo y lo llevó hasta una cueva donde una curandera lo ayudó para que pueda seguir. En 2001, en plena debacle económica del país, Sampieri se fue a España a continuar con su carrera cinematográfica. Al volver, después de doce años, se instaló en la localidad catamarqueña de Santa María. Ahí, los cortes del servicio de internet eran constantes y quien se encargaba de trasladar las antenas hasta lo más alto de los cerros era el arriero Mario Reyes, el mismo que lo había asistido en aquella aventura. Así nació “Señales de humo”, el último largometraje del director tucumano que se estrenará mañana jueves a través de la plataforma de streaming CineAr TV.
La leyenda cuenta que los ancestros de nuestros pueblos originarios ascendían hasta la Laguna de los Amaicheños a recibir a la muerte. En ese mismo lugar es donde ahora están montadas las antenas de telecomunicaciones que llevan internet a todo el valle calchaquí. Hasta ahí va el arriero y guardaparque Mario Reyes junto al ingeniero de la compañía proveedora del servicio cargando en mula una nueva antena. Mario tiene 63 años, es viudo, tiene ocho hijos y tres nietos. Tiene el rostro curtido por el sol y el viento que arrasa en las altas cumbres y una vasta experiencia de baqueano que es también el legado de su padre junto con las cabras que cuida con esmero. Mario conoce de la ardua vida en los surcos de la zafra y del solitario transitar por los senderos de la montaña. Ahora, de manera insospechada, es el héroe taciturno de una especie de western tucumano que conjuga la mirada antropológica, la ficción y la abrumadora belleza de esos paisajes agrestes cubiertos por la niebla.
“Es un documento fílmico intervenido que empieza con una mirada antropológica, pero después da un giro cuasi ficcional. Están interviniendo muchos elementos visuales que no son propios del género documental. Siempre resulta muy difícil saber lo que es la verdad en una expresión artística”, explica el director de 49 años en dialogo con eltucumano.com desde Cafayate donde se encuentra radicado ahora. La idea de la película surgió luego de que Luis vio a una mula cargando una antena en el lomo; esa postal atípica fue el germen de esta historia llevada a la pantalla grande: “Me interesaba esa inserción de la tecnología en un lugar muy inhóspito y la anécdota de tener que recurrir a un baqueano para que conecte internet. Me interesaba esa confrontación de que la tecnología tenga que recurrir a un elemento arcaico como una mula”.
Todos esos años de relación con Mario Reyes sirvieron como el trasfondo documental de la historia que retrata el largometraje y permitieron un acercamiento más íntimo a la vida del arriero. Hace cinco años Sampieri empezó a trabajar en el guion y empezó a filmar hace tres en distintas locaciones de Amaicha del Valle, cerro El Morao y la Laguna de los Amaicheños. “Con Mario tenemos una relación muy protocolar, pero también de confianza. Es muy difícil llegar y poner una cámara que los filme todo el tiempo. Uno articula muchos dispositivos a la hora de trabajar. Los que participaron de la filmación me pedían muchas veces repetir las tomas, creo que eso se produce porque hay confianza”, revela el cineasta tucumano. Según explicó, para el rodaje implementó algo que bautizó con el nombre de jornal cinematográfico. Como los lugareños están acostumbrados a trabajar por jornales, Sampieri estableció un mecanismo similar para las jornadas de trabajo con los protagonistas: Día filmado, día cobrado.
“Lo que hago es escuchar todas las voces y, cuando estoy editando, intento encontrarle una voz propia a la película. No me gusta las películas autocomplacientes o que caen en la lagrima fácil y el manierismo, me gustan las películas radicales, salvajes. Intento de que Señales de humo sea eso, por eso tiene una aproximación muy acética a las situaciones que se muestran. Esta es una película de observación, tiene una cadencia y una cinematografía muy pausada porque también esos son los tiempos de los protagonistas. Creo que la gente está acostumbrada cuando ve un documental a tener mucha información muy rápido. Hoy tenemos una cultura fílmica que se ha ido desvirtuando porque nos sirven todo en bandeja. La película necesita que te sientes y la escuches, tiene su propio tempo”, comenta el director que, aunque celebra el estreno de mañana en las plataformas de streaming dado el contexto actual de la pandemia, recomienda ver el film en el cine una vez que las circunstancias lo permitan.
Con su ritmo andino y sin afán de caer en categorizaciones, Señales de humo puede ser vista como un western norteño que recupera la ritualidad de los pueblos originarios, pero también la del cine para ser apreciado como una obra de arte: “Ver una película en un teléfono es un crimen. Creo que ver la película en una sala es un ritual, yo a la película la vi como un gran ritual y traté de respetar eso. Al documental lo vi como un ritual y también como un western. Hoy la tecnología ha diluido los rituales y los ha transformado en algo banal. Ya no hay tiempo de lectura para las cosas, todo este proceso de tecnologización ha llevado a que perdamos mucho de eso, también la forma de ver el cine se ha ido diluyendo. Pareciera que el cine es Netflix y Netflix es un negocio donde el 90% de lo que hay ahí es porquería. El mundo de hoy está escrito por adolescentes, gente que adolece de muchas cosas, entre ellas, de experiencia. Todo ese andamiaje tecnológico ha diluido esos rituales, nuestra forma de apreciar el mundo viene de esa forma rápida y trepidante, que no es rápida ni trepidante, sino que es banal”.
Para Sampieri, la película retrata una faceta de la realidad tucumana y del norte argentino, pero no por eso es ajena a una problemática mucho más global: “Es local y también universal porque trata la inserción de la tecnología que ha llegado para quedarse y expandirse, lo que pasa ahí puede pasar en el Tibet también. Yo creo que son realidades que nos involucran a nosotros en este lugar. No tenemos películas de gauchos, es una deuda que tenemos. Creo que hay una forma folclórica de mostrar y esta película no cae en eso”. El cineasta destaca que se están produciendo más películas en la región, pero estas no cuentan con la estructura económica de los grandes proyectos cinematográficos. Según explica, a la hora de encarar una película, los directores y productores de la región se ven obligados a recortar los días de rodaje y la cantidad de personajes que participarán del film. En el caso de Señales de humo, el rodaje requirió del alquiler de caballos, vehículos 4x4 y toda una logística que se realizó sin ningún apoyo provincial: “Hacer cine es muy costoso y es una industria que genera laburo genuino. Uno se las tiene que ingeniar para poder filmar acá y no es fácil. Cada quien tiene un poncho con el que taparse y mi poncho es el trabajo, nada más que eso”.
“Yo no voy a cambiar mi forma de ser por una película”, fueron las palabras de Mario Reyes a Sampieri mientras terminaba de contar a su propio ritmo los cardones en una zona del valle mientras hacía su trabajo de guardaparques. Señales de humo invita al espectador a lo más alto de nuestras cumbres, ahí donde las nubes se vuelven parte palpable del paisaje, para arrojar una mirada íntima y humana de esos héroes silenciosos de las montañas; artífices de su propio tiempo y también del nuestro.
Cómo ver la película
Señales de humo
podrá verse por primera vez en todo el país mañana jueves a las 20 a través de la plataforma online
Cine.ar TV y se repetirá el sábado en el mismo horario. También se encontrará de forma gratuita desde el viernes 17 hasta el jueves 23 de julio en la plataforma Cine.ar y desde el viernes 31 quedará en la plataforma en alquiler pagando $30.
Luis Sampieri ha dirigido y producido el mediometraje en 16mm "La Máquina del Humo" (1995), el largometraje “Cabecita Rubia” (2000) con el cual Eusebio Poncela recibió el Premio al mejor actor en el festival LaCinemafe de New York. Además, obtuvo tres nominaciones a los Premios “Cóndor de Plata” en Argentina (Mejor Actor, Mejor Actriz, Mejor Música). Selección Oficial en los festivales internacionales de Róterdam, La Habana, New York, Hamburgo, Milán, Río, Sao Paulo, Bratislava, entre otros. En 2010 dirigió y produjo su película "Fin" y fue seleccionado para participar en el Festival de Cine de Berlín (Fórum), además recibió el Premio al mejor Director del Festival de Cine de Málaga. "Fin" fue seleccionada en los festivales internacionales de Berlín, Sitges, Mar Del Plata, Marrakech, entre otros, y fue editada en DVD en la colección de Cahiers Du Cinema España, entre las diez películas del año.
En 2015 dirigió su tercer largometraje titulado "La Hija", protagonizado por Harry Havilio, Gloria Berbuc y Daniel Elías entre otros, con la producción de Carlos Piwowarski y el apoyo del INCAA. En 2017 ganó el primer premio del concurso nacional “200 años del Bicentenario Argentino” con su proyecto de serie documental “Manuel Belgrano, la nación soñada”. Serie para la televisión pública argentina estrenada recientemente en Canal Encuentro.
Ficha técnica de Señales de humo (Argentina,2020)
Duración: 72min.
Género: Documental
Calificación: ATP
Director y Guionista: Luis Sampieri
Producción: Cine Huasi y Soy Cine
Producción Ejecutiva: Rodolfo Durán