HISTORIAS DE ACÁ

"Déjennos ir": el ruego de una familia tucumana varada por coronavirus

Denise y Walter, junto a su hijo Samuel, de 4 años de edad, quedaron a la deriva en medio de los valles Calchaquíes, cuando emprendían su mudanza a Salta. Duermen en la ruta y no los dejan avanzar hacia su casa. "Estamos desesperados".

04 Ago 2020 - 23:19

La calma que caracteriza a nuestros Valles Calchaquíes puede volverse hostil para quienes sucumben a la deriva en una ruta sin lugar donde alojarse. Las benevolencias climáticas que los neumólogos suelen recomendar a los asmáticos, pueden volverse una pesadilla cuando no se halla sombra alguna para evitar el sol calcinante del mediodía, o cuando la temperatura de la noche perfora el 0, escarchando la que, hasta hace un rato, era tierra quemante. 

Nuestros bellos valles pueden dejar de ser un paraíso turístico al que soñamos escapar, para convertirse en un verdadero infierno para una joven familia tucumana que pasaba por allí rumbo a un nuevo sueño que esperaba en otra provincia. 

“En Tucumán no tenemos casa, estamos en situación de calle”, arranca diciendo con la voz quebrada Denise Cajal, tucumana de 31 años de edad, esposa de Walter Gálvez de 37 y mamá de Samuel de apenas 4. Ellos tres, salieron el 17 de julio hacia su nuevo hogar en Salta, pero no pudieron llegar y ahora, sin tener a donde ir, o mejor dicho teniendo, pero sin poder hacerlo, duermen en la ruta, en una carpa, en el auto, en una casa prestada, o donde sea. 

Para esta familia, los problemas empezaron junto con la llegada de la pandemia, sucede que habían decidido dejar Tucumán y emprender un negocio en Salta. Prepararon todo, consiguieron casa y el local para instalar el bar: “Nos íbamos a mudar en marzo, pero unos pocos días antes dictaron la cuarentena y tuvimos que suspender”, relata Denise. 

La complicación mayor es que su mamá, Ana Yoldi de 61 años, sí alcanzó a viajar, por lo que quedó sola en Salta, totalmente aislada del resto de la familia: “Ella siempre vivió con nosotros. Había salido unos días antes para ir preparando algunas cosas y esperarnos allá, pero nunca pudimos llegar nosotros. Jamás hemos estado 120 días separados. Ella ahora está con problemas de salud, tiene depresión y es desesperante no poder estar cerca”.

Además, según relatan lograron extender la estadía en nuestra provincia un tiempo más, pero ahora ya no tienen un lugar donde quedarse: “Nos dejaron seguir en la casa hasta julio, pero después la tuvimos que entregar. Ya en Tucumán no tenemos donde vivir, entonces emprendimos la mudanza, haciendo todas las averiguaciones del caso”. 

“Nos asesoramos sobre los requisitos para pasar a Salta y cumplimos con todo, pero cuando llegamos a Tolombón, no nos dejaron avanzar, sin explicaciones. Nos quedamos unos días en un alojamiento de Colalao del Valle para intentar solucionar, pero se nos acabó el dinero, no pudimos seguir sosteniéndonos ahí por lo que nos vimos obligados a acampar al costado de la ruta”, explican.

“Nos cocinamos arroz en una cocinita de camping que nos prestaron, hubo gente que cuando se enteró nos acercó leche y algo de alimentos. A la noche dormíamos en el auto, porque por el frío no nos podíamos quedar en la carpa”, comenta Denise, que luego de cuatro días y cuatro noches a la deriva recibieron un nuevo cachetazo: “Vinieron con una orden policial en la que nos intimaban a dejar la ruta porque si no nos harían una causa penal. Por suerte un señor que vive solo en Colalao nos ofreció hospedaje y ahora estamos en su casa”. 

Por otro lado, Denise relata un extraño episodio: “Hace unos días un efectivo de la Policía de una comisaría de Tucumán se presentó en la casa de mi suegro para decirle que nos vengan a buscar porque teníamos a nuestro hijo en muy malas condiciones. No dejó nada escrito: solo fue y se presentó en nombre de la Policía. Nosotros lo tomamos como hostigamiento policial”. 

Así, en medio de la desesperación, llegó una pequeña luz de esperanzas, aunque ellos saben que puede ser un arma de doble filo: “Ahora nos dieron permiso para que uno de nosotros pueda pasar a Salta, en parte es un pequeño avance, pero a la vez no pueden pretender que nos separemos, están proponiendo que un hijo se separe de un padre por tiempo indeterminado. No lo podemos hacer, no vamos a separar a nuestra familia. Tenemos la ilusión de que en las próximas horas nos den el permiso de pasar a los tres juntos”, cuentan. 

Entre lágrimas y con la voz descascarada, Denise logra suplicar que la dejen entra a Salta: “Queremos ir a nuestra casa, nos vamos a hacer todos los estudios que tengamos que hacernos, vamos a hacer la cuarentena que tengamos que hacer, pero nuestra casa está en Salta, déjennos ir. En Tucumán ya no tenemos nada”, concluyó Denise, hija de Ana, esposa de Walter y mamá de Samuel.

Walter y Samuel tratando de hacer más amena las heladas noches Calchaquíes.

La familia almorzando arroz en el límite entre Tucumán y Salta

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