Estaba solo y abandonado en una pieza del fondo hasta que alguien dejó la puerta abierta, una nena de 1 año y 3 meses lo descubrió, quiso subirse, pero no pudo: le faltaba la silleta y los manubrios y las rueditas estaban gastados. El sueño de Luciana, los paseos de Ana y la felicidad de María Pía.
Antes y después: 50 años de diferencia, el mismo triciclo.
Estaba solo con su vida allá en el fondo de la casa, cerca de los libros, en el cuarto de atrás, lejos de su lugar en el mundo, de las veredas y también de las calles. Estaba solo y despintado, sin el forro de la silleta, ni tampoco los puños de goma, solo, triste y abandonado. Hasta que una tarde de sol, en esa misma casa, hace poco, una nena vio abierta la puerta del cuarto de atrás y con sus primeros pasos de 1 año y 3 meses fue tambaleándose a buscarlo, lo agarró, quiso subirse, pero no pudo.
“Cuando vi esa escena me agarró una emoción muy fuerte. Mi hija se llama María Pía y ya camina. La gordita vio la puerta abierta y vio el triciclo, que estaba olvidado, en desuso. Ni siquiera tenía las rueditas que mi padre le hacía cortando la manguera para regar. Es un triciclo que tiene, fácil, 50 años en la familia. Estaba en la casa de Córdoba de mis padres hasta que un día lo trajo mi madrina: primero lo usó mi hermano que es del 70, luego mi hermana que es del 72 y por último yo que soy del 80”, le cuenta Luciana al diario el tucumano minutos después de haber publicado las fotos que ilustran la nota.
“Tener un triciclo antes era como un auto a batería de ahora. Cuando yo lo heredé, vivíamos en barrio Jardín, aquí cerca del cuartel. Después nos mudamos a la Maipú al 1100, cerca de la cancha de Atlético. Lo usé hasta el 86, pero no quería que lo den. Era mío. Y cuando era joven, pensaba: ‘El día que tenga una hija, quizás lo pueda usar’. Vino la gordita, pasó que lo vio y le dije a mi marido Javier que teníamos que recuperar el triciclo para que vuelva a andar”.
Arreglar el triciclo para Luciana es más que un triciclo: es toda la infancia resumida en un vehículo de tres ruedas pintado ahora de naranja, el color favorito de Luciana. “No era solo pasear en el triciclo. Era andar con alguien parado atrás en el barrote agarrado de tus hombros y pedalear: llevaba a mis vecinitas, a todas mis amigas. O mi primo, que era más grande y ya tenía bicicleta, ataba el triciclo a la bicicleta con una soga, y me llevaba a mí a toda velocidad”.
Mientras habla, Luciana cierra los ojos por un rato y vuelve a subirse a aquel triciclo para sentir el sol y el viento en la cara: “Antes se podía andar en la calle todo el día. Vivíamos a media cuadra de la avenida Belgrano y cerca de la plaza de barrio Jardín. Era lo más parecido a la felicidad: andabas solo, tus padres te dejaban solos, sólo te llamaban para comer, entrabas, te lavabas las manos, comías y volvías a la calle. Antes se podía andar literalmente por la calle: no pasaban tantos autos. Y volvíamos a dormir recién a las 12 de la noche. Te juro que nunca vi una situación desagradable, un momento feo. Creo que mi generación disfrutó de una infancia feliz. La que no creo que tenga mi hija”.
Con las plazas y parques cerrados desde el Día del Niño del domingo pasado, claro que los tiempos han cambiado. Se extrañan muchas cosas en las calles de Tucumán, pero pocas como las risas de los chicos, risas que vuelven a la cara de Luciana cuando mira la foto en blanco y negro de su hermana Ana Elisa arriba del triciclo: “Y con esa fea muñeca, jajaja”.
Es una foto que no permite ver el morado del triciclo original que después se convirtió en marrón chocolate y ahora tiene color y una restauración maravillosa: “Mi marido solo con mi primo Ramiro (que también lo ha usado) se fueron al taller de mi viejo: lo han despintado, soldaron una parte, cambiaron los bujecitos desgastados por bujes que hizo mi hermano, mandaron a pedir las rueditas a Córdoba y pintaron la base intacta pese al paso del tiempo. Así quedó entonces: como nuevo. Somos muy felices. Yo soñaba con que el día que tuviera una hija pudiera usarlo. Y que siga de generación en generación, siempre arriba del triciclo que también volvió a ser feliz”.