EN PRIMERA PERSONA

"Me quebré la mano de tanta bronca acumulada": Martín, el tucumano que se hartó

La pandemia mundial con los contagiados y los muertos lo tiene desquiciado, no quiere saber más nada con las noticias en Tucumán, vive con tensión y preocupación cada día de su vida y encima hace unas noches llegó la gota que rebasó el vaso: "Algo se rompió en mí".

29 Ago 2020 - 20:12

Circulación comunitaria en Tucumán. (Foto: Tomás Posse)

Martín está harto de la vida y hace lo que puede para convivir con ella de la mejor manera posible. Le pone toda la energía, pero no hay caso: se quiebra. Literalmente se quiebra. No quiere saber más nada con las noticias en Tucumán, está desquiciado con la pandemia, está harto de las ambulancias, de los reportes, de la inseguridad, de los choros, de los policías, de las cosas que pasan, que le pasan a él y a muchos: los vínculos humanos, fin de mes, la tucumanidad al palo.

Martín quisiera prenderle fuego al barbijo, patear las botellas de alcohol en gel, que nadie tenga fiebre, ni dolor de garganta, ni dolor de cabeza, ni miedo. Martín relojea su casa sin miedo, pero en alerta constante. No se banca más a nada ni a nadie. Una de las últimas noches llegó la gota que rebasó el paso: quisieron robarle el auto otra vez y explotó: se fue contra el delincuente, forcejeó, se quebró: "Me quebré la mano de tanto bronca acumulada", dice. El siguiente es su vómito, su descarga, su catársis. No le importa si legusta a alguien o no, si le cae bien a alguien o no, sólo necesitaba el espacio para hacerlo público y dice así:

"Durante todos estos meses estuvimos escondidos y seguimos estándolo. Pasamos tres estaciones prácticamente escondidos. Como una jaula a cielo abierto. Y las pieles de otras personas y animales hicieron y harán eco en nuestra preciada cabecita. Que ya tiene bastante con la pandemia mundial, social y personal. Las dos últimas plagas (la social y personal) llevan hasta el hartazgo del ser y en algún momento hay que ir al mecánico mental. No todos pueden elegir cómo curarse. 

Es imposible resolver las dos primeras (la mundial y social) si no ponemos nuestro foco en qué carajo la estoy cagando. Después en qué la estamos cagando y así hasta dónde y cuánto la cagamos. La pandemia social, robos, maltrato, prepotencia, ventajerismo, empatía cero, muertes, asesinatos, prensa, mentiras que son verdad y verdades que son mentiras, mierda por toda la calle. 

Salpicada. Desparramada. Nuestra propia mierda interna mal encausada ensuciando la humanidad de todos. No todos tienen auto. Gremios, todas las violencias, descaro, fobias, corazón roto, y un Estado que parece no estar. Propiedades al vicio, manos oscuras titiriteras , gente quemando cosas. Cañaverales, caminos de sirga, árboles de antaño que le dieron sombra a alguna persona hace 50 años. Todo, todo con caracol y todo. Diques infectados, cielo sin poder ver el cielo.

Todo esto es la suma de pandemias personales de la idiosincrasia cambiante del tucumano. Arriba lapachos en flor, abajo literalmente mierda: la que sale cuando estamos solos. La que se escurre y no vemos las horas de que se vaya. Pero no. Porque esta pandemia es invisible en los tucumanos. O no la quieren ver. El pueblito que se transformó en ciudad. No es romántico ver una carreta.  

No está bien no frenar en las esquinas. La ley del peche y la falta de tratamiento de lo personal influye en lo social y termina en lo mundial. Esta pandemia invisible se llama vos, yo o él o ella. Y la hacemos visible cuando actuamos. Y cuando no. Si seguimos deforestando la mente vamos a terminar sin cerebro y ya nos estamos quedando sin Yungas. Sería lo mismo. Sin cambios positivos, nos inundamos. 

Si nos seguimos mintiendo, nos inundamos. Ya se cayeron los puentes y nadie hace marcha por lo urgente. ¿Emigrar o quedarte? Tucumán, no me pegues más: yo te quiero. Tucumanos, no se peguen más, a todos nos dora el mismo sol. Tucumán, no te inundes con las aguas del feudalismo. Tucumán, destapate porque calor ya hace. Tucumán, dejá de pegarte".

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