Historias de acá

El artista de la motosierra y su homenaje a los médicos que luchan contra el Covid

Ricardo Álvarez fue ciclista y ahora maravilla a todos con sus esculturas en madera. Cómo fue que aprendió a hacer obras de arte con árboles caídos y la historia del monumento que le dedicó al personal de salud en su lucha contra la pandemia: “En esto no hay lugar para el error, todo tiene que ser preciso”.

22 Sep 2020 - 22:16

Ricardo posa junto a una de sus esculturas.

En las películas de terror de Hollywood, los que manipulan con habilidad las motosierras son los asesinos más monstruosos. En esta historia, la de Ricardo Álvarez, lejos de volverse un arma, la motosierra es una herramienta para crear belleza. Es que el hombre de 43 años nacido en Las Mesadas, les da forma a los árboles caídos y a las piedras hasta volverlas auténticas obras de arte. Animales autóctonos, vírgenes, ángeles y hasta un monumento dedicado a los médicos que hoy batallan en la primera línea contra la pandemia son el resultado de un trabajo artesanal que aprendió de forma autodidacta cuando era apenas un niño. “En esto no hay lugar para el error, todo tiene que ser justo, preciso… Una vez que empezás, ya no hay vuelta atrás. A las figuras las pienso mucho, las elaboro bien en la cabeza y después arranco”, explica Ricardo, el artista de la motosierra.

Antes de representar a Tucumán en competencias de talla con motosierra, Ricardo lo hacía arriba de su bicicleta compitiendo como ciclista de ruta. Empezó a correr a los trece y con el tiempo llegaron los logros: “Fui campeón tucumano, subcampeón del noroeste y durante años fui parte del equipo de ruta de la provincia. Gané la Vuelta de la provincia de Jujuy en 2001, dos veces la Vuelta del Noroeste argentino en la categoría menores de 23 y salí segundo en mayores”. En la competencia regional recorrió alrededor de 1500 kilómetros atravesando las provincias de Catamarca, Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán. Desde hace seis años que ya no compite profesionalmente como ciclista: “La verdad que es muy duro y ya no quiero sufrir más. Se volvió muy difícil porque ya no se conseguían sponsors”. Cuando dejó de lado la bicicleta, le tomó el gusto y el pulso a otra de sus grandes pasiones: la escultura. 

“Acá en Las Mesadas no había mucho que hacer, en ese entonces no había ni luz. En la escuela había una maestra de Monteros que te enseñaba algún oficio para que aprendas, la señorita mami le decíamos todos… Ella me enseñó”, cuenta Ricardo cómo empezó a tallar en maderas y piedras durante su infancia mientras asistía a la Escuela 380 ubicada sobre la ruta 307. Eso que aprendió de chico lo fue perfeccionando más tarde de forma siempre autodidacta. “Siempre me ha gustado hacer artesanías. Esto es a prueba y error, vas viendo las diferentes técnicas por internet y las vas aplicando y mejorando. Yo antes tallaba a mano y a los 16 años me compré mi primera motosierra”, explica el artista. 


Ricardo cambió la precisión del cincel por esa herramienta, mecánica y en apariencia indómita, con la que robustos leñadores talan inmensos árboles. Pero él no la usa para derribar árboles, sino para imprimirle formas y rostros a la madera. En Las Mesadas, suele aprovechar las crecidas del río Zerda y los troncos que arrastra la correntada para tallar sus obras. Como los empleados de vialidad ya lo conocen y saben de su arte, suelen acercarle los árboles que caen a la vera de los caminos en las tormentas. A esos troncos inertes que antes fueron un árbol, el artista vuelve a darles vida al trazar figuras. “Está loco… vos sos de otro planeta, me dicen algunos. La verdad que no te puedo explicar cómo es que me salen. A mi particularmente me gusta hacer imágenes religiosas y animales, aves autóctonas y especies en peligro de extinción, sobre todo, para los chicos que no conocen que hay esos animales por acá. Tenés que saber bien cómo son las distintas fisonomías de los animales. Todas son piezas únicas”, explica mientras deja por un momento de trabajar en la última de sus obras talladas en madera: un puma cazando una corzuela. 

“Necesitás mucha paciencia, sin paciencia no lográs nada… esto no es para nerviosos. A veces estoy hasta las una de la mañana trabajando. En esto no existen los fines de semana ni los feriados”, comenta Ricardo. Cuando encara un nuevo proyecto de escultura, lo hace sin un modelo previo ni un plan que seguir, simplemente deja que sea la madera la que hable. De acuerdo a lo que ve, le da la forma que se le viene a la mente. Ha fabricado desde carteles para las fachadas de las casas hasta la escultura de una virgen de tres metros y medio de alto que ahora está emplazada en la entrada de Santa Lucía, el lugar donde vive junto a su esposa y tres de sus hijos. Algunas de sus esculturas le han demandado más de dos años de trabajo. 


En septiembre del año pasado participó de su primer campeonato de talla con motosierra en la ciudad chaqueña de Presidencia Roque Sáenz Peña y obtuvo el primer galardón. Fueron tres días intensos donde compitió contra artesanos de distintos puntos del país y de Brasil: “Había que hacer animales autóctonos de la zona. Eran obras escultóricas para usar como bancos en los espacios públicos, es decir, tallar un animal que sea un banco. Yo usé un tronco de algarrobo y con eso hice un yacaré con un jabalí, en la cola del yacaré era el banco para sentarse”. Volvió a competir en enero de este año en un certamen que se desarrolló en Colón, Entre Ríos. Fueron siete días de competencia en los que tenía que representar una de las estaciones del viacrucis, a él le tocó la imagen de cristo cuando muere en la cruz y quedó en el cuarto lugar. 


En agosto pasado volvió a competir en un encuentro internacional de tallistas que se desarrolló de forma virtual dado el contexto de la pandemia. Ahí participaron alrededor de 60 escultores de distintos países de la región con el objetivo de homenajear a los trabajadores de la salud que están haciéndole frente al coronavirus. De ahí surgió la escultura con la que le rinde tributo a los guerreros de la pandemia: “Pensé un poco y se me ocurrió hacer un médico que lleva un escudo porque ellos son los que van al frente. Lo hice con alas porque es como un ángel que nos protege. Lleva el barbijo, la cofia en la cabeza, el estetoscopio, una lapicera en el bolsillo y abajo en el pie derecho está pisando el virus”. La imagen tallada en madera de eucaliptus es esperanzadora y triunfal, por eso, la escultura incluye otro detalle: el médico alado lleva en su mano izquierda una ampolla, acaso la que contiene la vacuna que todo el mundo espera para que termine de una vez esta pesadilla inesperada en la que nos encontramos inmersos. 

“Tengo muchos amigos médicos que cuando lo han visto me lo han querido comprar, pero yo no lo quiero vender, mi idea es que quede en algún lugar exhibido”, confiesa Ricardo cuál es su deseo respecto al destino de esa escultura que habla de los tiempos que corren y sus protagonistas. ¿Adónde quisiera el artista de la motosierra que quede emplazado su homenaje a los médicos?: “Justo lo comentaba con mi señora… Yo lo pondría en el hospital de Concepción porque ahí nacieron mis hijos y uno de ellos estuvo internado ahí. Sería una forma de agradecerles a los médicos de ahí”. 

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