Érika del Valle Rivas jura que este miércoles a la noche no dormirá: “Antes no pegaba un ojo de la preocupación y ahora será de la ansiedad. Este jueves a las 8 de la mañana le dan el alta a mi marido y a las 8.15 vamos a buscarlo a la puerta del sanatorio 9 de Julio con mis dos hijos. No aguantamos más”.
El doctor Roque Cortez es el médico tucumano de 30 años que se contagió de Coronavirus y estuvo muy complicado: su caso movilizó a muchísimos tucumanos quienes donaron plasma y tomaron conciencia de la importancia de hacerlo: “La evolución de Roque ha sido muy buena. Cumplió un mes conectado al oxígeno, pero le hicieron el nuevo hisopado negativo, lo pasaron a una sala común y se recupera. Se agitaba al levantarse, pero lo peor ya pasó”.
Érika está desbordada de la felicidad mientras habla por tercera vez con
el tucumano en menos de un mes: “Le sacaron el oxígeno. No dependía ya tanto como antes. No podían sacárselo de repente. Una neumonóloga le dijo que está recuperado de los pulmones, no al 100%, pero recuperado.
Al menos dos semanas de recuperación le quedan, pero mañana vuelve a mi casa”.
Cumplidos los 15 días de recuperación en casa, el doctor Cortez ya le anunció a su familia: “Me dijo: ‘Quiero volver a trabajar’. Y yo lo respeto como siempre lo hice. Sé que ama su trabajo.
Me dijo: ‘Dios me da una oportunidad más para seguir salvando vidas. Amo mi vocación y voy a seguir trabajando’”.
Después de 26 días sin verse las caras, Érika y Roque volvieron a encontrarse en una sala del sanatorio. “Ha sido muy emotivo. No nos veíamos. Lloramos los dos muchísimo. Lo primero que le dije fue:
‘Le ganaste’. Le di un beso, y nos pusimos a llorar de ambas partes. Sabíamos que su situación era muy delicada. Lo que pasó es un milagro”.
“Es impresionante el compromiso del sanatorio 9 de Julio con nosotros.
La doctora Florencia Arias, todos sus compañeros, hasta la señora que estuvo en la cocina, en la limpieza, todos ayudaron a que Roque se recuperara de esta enfermedad”, señala Érika, quien junto a sus dos hijos también estuvieron contagiados del virus y el 30 recibieron el alta.
El mayor de sus hijos tiene 7 años: “Está muy contento, muy entusiasmado. Me dice todo el tiempo: ‘No veo las horas que venga mi papá’. La otra noche habíamos terminado de comer y veo a mi hijo mayor pensativo. Le pregunto qué le pasaba. Me dice: ‘Nada mamá, solo estoy pidiendo por mi papá’. Hoy le dije: ‘¡Mañana vuelve!’”, cuenta Érika, emocionada, y lista para el primer gusto de reencuentro con el amor de su vida:
“Ya me dijo qué quiere: un sánguche de milanesa de la esquina con jamón, queso, huevo y papas. Eso quiere. Y eso tendrá”.