Fueron una de las bandas pioneras del punk tucumano a comienzos de los noventa y debieron cambiar de nombre para seguir tocando. Música, rebeldía y mucho quilombo. Desde Estados Unidos, el cantante recuerda la historia: “Nos poníamos borrachos en el escenario, pero tocábamos bien”.
Los Penes Parados, pioneros del punk.
Algunos memoriosos del underground tucumano de los noventa dicen que era una banda del pingo, acaso, del san pingo o del sanmil pingo, para decirlo en palabras bien nuestras. Lo cierto es que la historia de la banda
Penes Parados, vaya paradoja, es parte de los anales del punk de la comarca. Con una trayectoria tan corta como intensa, el recuerdo de estos pioneros en la escena ha sido rescatado por la fanpage
Fanzines tucumanos y ahora desde su casa en Texas, Estados Unidos, el cantante
Sergio Scarficcia reaviva la nostalgia de aquellos años de música, mucho quilombo y recitales que terminaban en las comisarías: “Éramos jóvenes y no hacía mucho que habíamos salido de la dictadura, veníamos con esa rebeldía de decir me importa tres carajos la policía, los militares, los políticos…
era una forma de decir nos chupa el pingo todo. Teníamos nombre rebelde y por eso nos censuraron en todos lados”.
Hijo de padre italiano y madre mendocina, Sergio nació en Mendoza, pasó por Buenos Aires y a fines de los ochenta recaló en Tucumán. Acá conoció al peruano Iván Hernández que tocaba la guitarra y sumaron a Esteban Eigo en el bajo y al Negro Olea en batería para formar una banda con impronta juvenil y sonido bien punk rock. Corría el año 90, tenía 17 años y la insurrección propia de la adolescencia. Como eran foráneos, con Iván siempre se reían de ese gusto muy tucumano por la palabra pingo que todos sus amigos repetían con cierta devoción. “Pingo esto, pingo aquello… ma qué pingo decía yo, se dice pene. Al principio, pensamos en ponerle a la banda Pingos Parados, pero me parece que Penes sonaba más fuerte y más sucio en ese momento. Yo creo hoy en día que fue parte de esa rebeldía y esa libertad propia de la edad, era una rebeldía de que no nos importaba nada… nos importaba un pingo todo”, rememora lejos en el tiempo y en el espacio el ex cantante de quizás la banda de nombre más polémico que ha tenido la provincia.
Ensayaban en la casa de Sergio en Villa 9 de Julio y tocaban en pubs como La Calle o el Cemento de acá en aquellos años. También sonaban mucho en las semanas de los colegios donde docentes y directivos, para no romper con los códigos de la moral y las buenas costumbres, a la hora de presentarlos los nombraban como Nenes Parados o Pendejos Parados. “El golazo nuestro era tocar en las semanas de los colegios, a veces, tocábamos en dos o tres en un día. Me acuerdo de una vez que tocamos en la Comercio 2, había más de 3000 almas ahí, te juro, ni nosotros nos la creíamos. Eso sí, éramos un desastre en comparación a lo que hemos ido aprendiendo después”, recuerda el músico lo que fueron los comienzos de la banda que sólo duró unos meses con ese nombre porque se les cerraban las puertas de los establecimientos educativos: “Nos censuraban en todas partes, no nos dejaban tocar y nos tiraban mucha mierda. Por eso cambiamos el nombre Penes Parados por La Narcosis”.
“Tocábamos con lo que se podía, no teníamos amplificadores, equipos, nada… era un quilombo eso. Si en esa época teníamos los equipos que ahora se pueden tener hubiésemos sonado fuertísimo. Recuerdo que tomábamos mucha ginebra y nos poníamos borrachos en el escenario, pero tocábamos bien. Éramos pura energía, una verdadera banda de punk rock, inspirábamos esa seguridad para los pibes, esa cosa de resistencia, de estar en contra de muchas cosas del sistema. Los recitales eran fiestas, pero fiestas bien punk rock, man”, comenta Sergio al repasar aquellos jolgorios punkroquer que, muchas veces, terminaban con mesas y sillas por los aires y algunas intervenciones policiales. Aunque ya habían dejado de ser Penes Parados para convertirse en La Narcosis, nunca perdieron esa dureza característica: “Una vez en el pub La Calle empezaron a volar las sillas, entró la policía y nos tiraron gases. Me acuerdo que la barra de San Martín nos seguía muchísimo a nosotros. Esa vez se armó un quilombo tremendo y a mí me arrestaron. En Tafi del Valle también me metieron preso y me acuerdo que el papá de mi novia de entonces me fue a sacar. Hacíamos mucho quilombo… bueno, eso es el punk”.
En sus letras, la banda abordaba cuestiones sociales como el crimen de María Soledad Morales o la situación de los veteranos de la guerra de Malvinas y otras canciones como “sucio careta” que “hablaba de los pibes que se hacían los caretas en la 25 de mayo”, como rememora Sergio: “Las letras de los temas eran políticas y sociales. Era una banda de punk rock y hablábamos socialmente. Eran letras que tenían muchos sentido, no hablábamos boludeces”. También hacían covers de bandas como Sex Pistols y Guns N' Roses. Con La Narcosis tocaron hasta comienzos de 1993 que Sergio se mudó a Buenos Aires. Llegaron a grabar dos álbumes: “La Narcosis” y “En vivo” que están atesorados en viejos cassettes. También recuerda algunas grabaciones con Gerardo Alderete para Radio Contacto que espera se puedan recuperar.
“Tucumán me vio nacer como músico, ahí empezó una historia muy buena. Esa fue una época muy rebelde, muy cruda”, define hoy desde la sala de ensayo de su casa en Arlington, Texas, en el mismo barrio de donde salieron los hermanos Abbott, Darrell y Vinnie Paul de la banda de metal Pantera. “Yo sigo con lo mismo, estoy representando el heavy metal argentino acá en Estados Unidos y sigo tocando punk porque crecí con esa música”, dice el músico de 47 años que actualmente es guitarrista y cantante de la banda A todo o nada con la cual tiene seis discos editados. Desde que se instaló en 1997 en Estados Unidos, ha participado como guitarrista de las giras de artistas como la italiana Laura Pausini y el argentino Nito Mestre. Junto con su banda, compartió escenario con Dos minutos, Rata Blanca y Malón, entre otras. También dirige su propia de academia de música. Ahora prepara un nuevo álbum y, según adelanta de manera exclusiva, espera para volver a grabar el disco de La Narcosis junto al guitarrista Iván Hernández.
Sergio tocando junto a Laura Pausini.
“Dos años y medio duró la banda en Tucumán, pero hicimos un ruido terrible. Creo que todo lo que nos queda es la música que grabamos y las historias que vivimos. Hoy la música me está demostrando que la historia llegó y la encontraron después de 30 años. Eso es todo lo que nos queda, no nos llevamos más que la sabiduría de lo que aprendimos”, dice en tono reflexivo Sergio y con esa actitud propia del punk que desplegó por estas tierras Penes Parados; una actitud firme y que todavía no se acaba.