Pichón atiende al diario
el tucumano después de la notable repercusión que tuvo la nota donde el profesor Luis Cuellar, de la escuela de atletas Los Salvajes, contaba cómo el corredor de 32 años había cambiado su vida.
Casi 900 mil personas fueron alcanzadas luego de leer su historia maravillosa de superación con Eduardo “Pichón” López como el gran protagonista.
“Nunca en mi vida ni en el mayor de los sueños podría haber llegado a imaginar en mi vida que algo así me iba a pasar. De verdad se los digo a quienes leen ahora: gracias. Me llamaron y me escribieron de todos lados. Muchas personas con el mismo problema que yo se acercaron: gente que no conocía.
Me pidieron consejos, me preguntaron cómo hice, muchos changos se acercaron hasta el Autódromo donde nos entrenamos”, relata Pichón, cuyo ejemplo trasciende a la pista.
Pichón es también el muchacho que habla con el diario durante un paréntesis de su trabajo en La Corzuela, donde trabaja como horneador: “
Cuando yo tenía 12 años, cuidaba autos en la Rivadavia al 700. Le cuidaba el auto a la dueña de La Corzuela, la señora Patricia Lázaro. Como chico de la calle que era, para pedirle plata le he entregado la libreta. Y como eran buenas mis notas, la señora me ha regalado una docena de empanadas”.
Pero el vínculo no quedó ahí: “
Yo le expliqué a la señora Patricia que no iba a poder estudiar en la secundaria, pero el padre de ella era el director de la Comercio 1. Además, la señora me enseñaba como particular así y he logrado terminar la secundaria yendo a la nocturna. Es más: durante siete años la señora me dejó que me quedara a vivir con mis primos. Me trataban como a un hijo más: aparte de Arturo y Victoria, sus hijos”.
Por esas cosas que tiene la vida, Pichón volvió a la calle, a cuidar autos, a Villa 9 de Julio, empezó a salir, a tomar, a la mala junta que contaba el profesor Luis Cuellar en la presentación de su alumno ejemplar: “Justamente, El Profe apareció en mi vida y me preguntó qué quería hacer con mi vida. Eso fue hace tres años. Y dio a conocer el cambio de mi vida con la nota a ustedes.
El Profe me dijo: ‘Pichón, yo quiero que se conozca tu historia: hay personas que lo van a tomar como una venta de humo, pero hay gente que realmente se va a sentir identificada'. Y las personas identificadas han sido la mayoría gracias a Dios”.
“Cuando vos dejás la joda, llegan muchas cosas buenas. Ojo: no quiero mentir y decir que hay cosas que en su momento no he disfrutado. Pero ahora tengo un hermoso grupo como Los Salvajes: ellos te dan fuerzas a seguir. El atletismo no es solamente correr. Es una forma de vida: alimentarte bien, dormir.
No me da vergüenza contarlo: las zapatillas que tengo son regaladas. No puedo gastar 10 lucas en zapatillas”.
Y aquí es donde aparece la gran meta de Pichón, la que también demanda esfuerzo, y que el día de mañana merecerá que se corte una cinta al cruzar la puerta de entrada: el sueño de la casa propia. “Estoy haciendo mi casilla. Hemos pagado con mucho esfuerzo el terrenito y ahora la estamos revistiendo: todos los pesitos van para ahí.
¿Cómo me voy a comprar zapatillas?”
Son cosas esas zapatillas que cubren los pies de Pichón que el corredor, sin remera, empieza a caminar, a trotar y a correr. ¿Qué es lo que siente? “Cuando corrés estás con vos mismo. Y con tus pensamientos. No hay nadie más. Mientras empezás a correr, uno piensa en el día que has tenido. Si has salido de mal humor del trabajo, se te va la mente, se te alejan los problemas, te relaja, te das cuenta que te hacía falta correr.
Todos tenemos nuestros problemas, pero cuando corrés, al ratito, ya sos otro”.
Y Pichón mismo sabe que era otro hace unos años: el antes y después que el profesor Luis Cuellar ha compartido en Facebook daba fe de ello. En la foto del Antes, Pichón aparecía en cuero con una botella en la mano; en la foto del Después, corriendo, feliz. ¿Qué le pasa por esa cabeza cuando recuerda quién fue? “Me sorprendo.
Justamente el Facebook me hace acordar lo mal que estaba: me aparecen fotos del 2012, del 2013, las boludeces, las fotos. Me sorprende mucho. Insisto: yo lo he disfrutado a ese momento, pero tenés que decir basta”.
El nacimiento de su hijo ha terminado de marcar el cambio que introdujo a su vida Pichón: “Mi hijo estaba con sobrepeso y era prediabético. Yo lo veía entrenar en Argentinos del Norte. Y me dolía no poder ayudarlo. Ahora él es el que me motiva. Es él quien me dice:
‘Papá, ya no tomés’. Y no voy a tomar. Mi gran cambio ha sido por él. Primero lo hacía para motivar a mi hijo, pero después ya le encontrás el gustito. Al principio de empezar a correr, quería hacer un esfuerzo, pero seguía de fiestita. Me iba de fiesta el sábado y no rendía el domingo.
No podés rendir si salís de joda. Ahora, desde hace unos años, ya no hay chances: entreno sábado y domingo”.
Como cierre y a la espera de sponsors que acompañen el sueño de Pichón, el corredor tiene que volver a hornear las empanadas que salen para Masterchef que lo mira por tv: “Tengo dos objetivos: bajar el tiempo de los 10 kilómetros, pero el más grande ahora es terminar la casa; es un esfuerzo enorme que estamos haciendo. Tenemos dos sillas, vivimos todos en una pieza amontonados, todavía no tenemos el baño, pero de a poco vamos a ir avanzando. Trabajo de 11 a 15 y de 20 a 23 en La Corzuela. De 16 a 18 entreno en el parque 9 de Julio. Y el tiempo libre trabajo en el kiosco de mi mamá.
Duermo a la noche, las horas que se puede, pero todo sea por el sueño, el gran sueño de muchos, ¿o no?”