HISTORIAS DE ACÁ

"Ahorré para ir a verlo": María Luna, motor y lucha de una madre tucumana

Perdió a su hijo en un sanatorio hace cuatro años, por causas que demora en investigar la Justicia. Pese al dolor inexplicable que en esta nota pone en palabras, hoy revela un esfuerzo sobrehumano que conmueve.

22 Nov 2020 - 16:27

Matías Nahuel Juárez tenía 8 años.

De lunes a sábado, en horario comercial, María Luna se pone el uniforme gris y trabaja. Excepto por el día que murió su hijo Matías Juárez, hace cuatro años, y una breve licencia que decidió no extender por más tiempo, María Luna siguió trabajando. Desde que su hijo entró a un sanatorio y salió sin vida, cada mañana María Luna ha encontrado literalmente las fuerzas para salir de la cama de su casa en plazoleta Mitre para buscar Justicia y para estar más cerca de él: “Todos los meses ahorré y ahora voy en moto hasta el camino de Sirga: en el sector rojo, en la parte delantera del Cementerio de La Paz, está la tumba de mi hijo”.

Antes de comprar la moto para llegar en menos de media hora a visitar a su hijo durante los 45 minutos que el protocolo del cementerio indica, María Luna caminaba siete cuadras hasta la parada del 118 en la avenida Mitre y Santiago: “He ahorrado exclusivamente para comprar la moto para ir al cementerio porque los únicos días que puedo ir a ver a Matías es el domingo y entre la espera y el viaje tardo más de una hora y media. El domingo es el único día que puedo ir”.

Durante la pandemia, entre marzo y el día del Padre, y desde junio hasta el día de la Madre, María Luna estuvo sin poder ir a visitar a su hijo. Hoy sí. Hoy volvió: “Vamos en la moto con mi marido. Fuimos temprano. A las 9. Justo veníamos hablando que abran más temprano los cementerios porque a las 9 ya hace mucho calor. Pero bueno: lo importante es ir a verlo. Cuando estuvieron cerrados era una locura. No veía la hora que abrieran. No sé si paz es lo que siento al ir a verlo, pero sí sentir que estoy con él, más cerca”.

Respetuosa de los protocolos, María Luna no intentó saltar ninguna cerca ni rogar al cementerio que abrieran las puertas para ver a su hijo: “Sabíamos que no nos iban a dejar pasar. La seguridad es muy seria y cumple con todo. A nosotros nos costaba mucho porque el domingo, desde hace cuatro años, es el día más esperado. Durante la semana hacemos las cosas que tenemos hacer: trabajar, estar con mi hija Candela de 3 años que también es un motor, luchar cada día por estar cerca de la Justicia para Matías. Pero el domingo es el día más esperado”.

Este domingo, mientras el uniforme del trabajo cuelga de la soga secándose bajo el sol que pela, María se puso la remera estampada con la carita sonriente de Matías. Es de una foto que le tomaron a Matías en la escuela cuando fue abanderado. Con esa remera, María Luna va en la moto nueva con su marido y allí recibe la sonrisa de Doña Pocha, la florista: “Desde hace cuatro años, le compramos las flores: margaritas, los penachitos que son aterciopelados, siempre a ella, siempre en el puestito de Doña Pocha que me manda un clavel para Matías de cualquier color”.

Una vez dentro del cementerio, desde la fuente se distingue la tumba negra con letras doradas donde dice Matías Juárez: “Limpiamos la plaquita, le echamos agua, le ponemos las flores. Nos sentamos a la par de la placa. Con Matías me conecto desde mi pensamiento: le hablo, trato de no llorar para que él no se ponga mal. Le gustaba mucho el rap. Un día le pusimos música, XXL Irione escuchaba. Pero tuve que sacarla: me hace muy mal escuchar su música”.

Sin música ni lágrimas, María Luna le habla a Matías: “Le digo que lo extraño, que voy renovar las fuerzas por él, que voy a seguir pidiendo Justicia por él, que no voy a parar hasta saber qué es lo que ha pasado”. Eso es lo que le dice María Luna a su hijo, mientras las últimas novedades judiciales indican que la causa que estaba elevada a juicio recibió un revés para María Luna: “La Cámara le dio nulidad a las imputaciones de las pediatras y la elevación a juicio quedó nulo. Le dieron lugar a la defensa de ellos. El médico que lo operó sigue imputado”.

“La causa quedó a cargo de la fiscalía de Carlos Sales, de Homicidio conclusional. Se va a realizar una junta médica en Córdoba: estuvimos pidiendo dos meses para que manden las fotocopias de los expedientes y abonar la pericia que se va a hacer allá. Lo único que estamos pidiendo es que la Justicia nos acompañe. Que nadie nos regale nada: queremos un juicio y que se diga si son culpables o no. Y si ellos son culpables, que paguen, que se les quite la matrícula, que se hagan cargo por la muerte de un chico. Hay muchos papás que no saben que ese médico sigue operando”.

Son casi las tres de la tarde de este domingo y María Luna ha dejado atrás la parte más difícil del día: “Volver a la casa es difícil. En la moto voy llorando porque me duele dejarlo ahí. Siento que lo dejo ahí y cuando entro a la casa y no está es difícil. Está Candela, que cumple 3 años el 5 de diciembre y por ella me escondo si lloro. Ya se da cuenta. Me pregunta: ‘Mamá, ¿por qué llorás? No llorés. ¿Que te has golpeado?’”

Con su mejor cara, María Luna prepara el almuerzo: “Hoy tenía carne en la heladera y la hice al horno con ensalada. No soy mucho de juntarme en familia. Tampoco salgo los domingos. Trato de pasar el resto del día con Candela. Trato de comer tranquila, pero falta Matías. Y pasó hace cuatro años, pero es como si hubiera sido ayer. Entonces Cande vuelve a preguntarme: ya sabe que su hermanito está en el cementerio. Y yo todavía no lo puedo entender”.




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