Historias de acá

“Arriesgó su vida”: Una yarará apareció en el jardín y mordió a Alfonso

Una familia de Tafí Viejo vivió una madrugada de terror cuando una víbora picó a uno de los perros que ahora lucha por su vida. Alejandro cuenta cómo descubrió que el ofidio es venenoso y qué hacer en estos casos: “El temor nos bloquea, pero es una situación que sirve para aprender”

09 Dic 2020 - 21:47

La yarará en el frasco con el que la atrapó Alejandro.

Los ladridos de Alfonso, Charly y Manchas rompieron la monótona tranquilidad de la madrugada del martes en Tafí Viejo. Eran las 2.30, en su casa del barrio Policial IV, Verónica Sánchez estudiaba para rendir un final cuando el coro quejoso de los perros interrumpió su concentración. Fue hasta el jardín de la entrada y encontró que Alfonso, un caniche negro mediano que rescató hace unos años, rengueaba de una de sus patas. Al acercarse, entre el cantero de las plantas y la verja del frente, vio a una víbora enroscada. Lo que siguió fue desesperante: atraparla, averiguar si se trataba de una especie venenosa y correr a buscar ayuda para Alfonso que estaba en shock. Para salvar a su mascota debía vencer el miedo a la serpiente. 

“Hay una víbora”, fueron las palabras con que Verónica despertó a su esposo, Alejandro Gómez. Cuando fue al jardín, el reptil seguía ahí. “Fue toda una situación de nerviosismo. Alfonso se quedó inmóvil, estaba dolorido y como shockeado… empezó a ensuciar toda la casa. Lo veíamos sufrir al perrito y dijimos qué hacemos porque eran como las tres de la mañana de un día feriado. Entonces llamamos a los bomberos de Tafí, pero ellos nos dijeron que no tenían suero antiofídico. Empezamos a ver a qué veterinario lo podíamos llevar”, cuenta el hombre de 42 años. 


Antes de trasladar al perro, Alejandro debía atrapar la víbora para saber de qué especie se trataba: “Mi esposa temblaba y yo tenía que atraparla para ver cuál víbora era. Dejé un poco de lado el temor y lo pude hacer, pero no fue fácil. Son situaciones en las que no sabés qué hacer y el entorno tampoco ayudaba porque, por la hora, no podía pedirles ayuda a los vecinos… Gracias a Dios lo hemos podido solucionar”. Ante la dramática situación, Alejandro fue a buscar un frasco de vidrio y no tuvo otra que hacer de tripas corazón: “Me acerqué con unos palos y, por suerte, la víbora entró al toque al frasco, entró prácticamente sola. Ahí nomás lo cerré y ahí quedó tranquila. Empezamos a googlear y ahí vimos que es una yarará”. 

Una vez que supo que se trataba de una yarará, todavía faltaba lo más difícil: distinguir si era una de las especies conocidas como falsas yarará, que no son venenosas o bien una yarará que sí inocula veneno. En nuestro país hay como una decena de víboras cuyo aspecto es muy similar al de esta especie y suelen confundirse. Para saber cuál era la que había mordido a Alfonso Alejandro apeló a un tutorial de YouTube. Así cuenta lo que descubrió: “Hay distintas características que permiten saber si es verdadera o falsa, como la forma de los ojos, lo que aprendimos es que la verdadera tiene los ojos como los gatos, además tienen dos orificios cerca de las fosas nasales (un órgano termoreceptor característico de la yarará y la cascabel), la cabeza es bien triangular, las figuras geométricas en la piel son muy marcadas, mientras que en la falsa son más difusas. También las venenosas mueven muchísimo la punta de la cola. A nosotros en el clic nos hizo con la forma de los ojos, ahí nos dimos cuenta que es de las venenosas”. 

La yarará es la serpiente que más envenenamiento por mordeduras genera en el país. Su veneno provoca daños muy severos en los tejidos y alteraciones en la coagulación que se traducen en hemorragias y daños orgánicos. En esos casos, es muy importante la rápida aplicación del antídoto, de lo contrario, la víctima de la mordedura puede quedar con secuelas generales como insuficiencia renal o locales como incapacidad de la zona mordida y hasta la pérdida de extremidades. En algunas ocasiones puede llegar a ser letal. 

Ya no había dudas: la víbora que había mordido a Alfonso es de las venenosas. Verónica actuó en consecuencia: cargó al perro y puso el frasco con la serpiente de treinta centímetros en el baúl del auto y viajó desde Tafí Viejo hasta una veterinaria de San Lorenzo al 500 en capital. Antes, le habían confirmado que contaban con el suero antiofídico. Después del susto, la mujer logró volver a su casa recién a las cinco de la madrugada mientras que Alfonso quedó internado y ahora pelea por su vida: “Lo tenemos internado todavía. Nos dijeron que tuvo un bajón anoche, el veneno le infectó mucho la pierna, el veneno le quema el tejido de la piel. Hay que ver cómo va evolucionando y que se le baje la inflamación. Si lo picaba en la cabeza o en el cuerpo iba a ser más letal. Ahora está en observación y tiene de dos a cuatro días de internación nos dijeron. Mis hijos me preguntan cuándo va a volver… esto sigue todavía, que se yo, nos pasó a nosotros y es algo que le puede pasar a cualquiera”. 

“El perro arriesgó su vida porque la víbora podría haber entrado a la casa. Nos preguntamos qué podría haber pasado, tenemos dos hijos y los podría haber picado a ellos. Alfonso es un perro que se la banca, se la re bancó, no ha llorado ni nada. Esperemos que se recupere pronto”, cuenta Alejandro que, después de lo que les tocó vivir, hizo un posteo en su cuenta de Facebook alertando sobre cómo distinguir a las yararás venenosas: “Tenía la información que hemos recabado y la publicamos porque entendemos que la información le puede servir a otra gente. Esto es le puede pasar a cualquiera. Acá estamos a cien metros del pie del cerro, ya había pasado que entren víboras a casas de los vecinos y se metan debajo de la heladera”. 


Si bien no es extraño que aparezcan víboras en la zona, Alejandro tiene su hipótesis respecto a la aparición de la yarará en su jardín: “Ese día fue el día de la virgen y a las doce de la noche empezaron a tirar bombas. Tenemos entendido que eso las altera, ya hay un stress y esa víbora también debe haber salido aturdida. Con las bombas los animales se alteran, creo que hay que cambiar esa tradición poco saludable. Hay que tener empatía con los animales que sufren muchísimo. Creo que tal vez ha pasado por ahí o por los incendios en su hábitat. Hay que tener en cuenta que somos nosotros, los humanos, los que estamos invadiendo, este es el terreno de ella”. 

¿Qué pasó con la yarará? Muchos les dijeron que había que sacrificarla: “Creo que no hay que rotular a los animales. La gente dice que hay que matarla si es venenosa, pero no queremos abrir esa grieta, entendemos que ese es su sistema de defensa. Ellas se defienden, no salen a picar, seguro que el perro sin querer la piso… son animales defensivos”. Lejos del resentimiento y la violencia, la familia de Alejandro adoptó a la víbora hasta que puedan devolverla a la naturaleza: “La entré hasta el comedor. Lo hicimos con la intención de que los chicos se familiaricen, para que no queden shockeados. Yo tampoco la quería ni ver al principio, pero uno le va perdiendo el miedo. El temor muchas veces nos bloquea, pero es una situación que sirve para aprender y para saber diferenciar a las víboras que son venenosas de las que no”. Tanto Verónica como Alejandro quieren transmitirles ese mensaje a sus dos hijos: Florencia, de 14 años, y Joaquín, de siete. 

“Hablamos con la gente de la reserva y nos dijeron que son de acá y lo ideal es liberarla en esta zona. ¿Si son de acá por qué la tengo que llevar a otro lugar? Estamos pensando en liberarla a unos kilómetros de acá, lejos de la urbanidad porque no hay por qué modificarle el ecosistema. Nosotros tenemos ese respeto por la naturaleza, sentimos que somos nosotros los que estamos invadiendo su lugar”, explica Alejandro que por estas horas sólo piensa en la recuperación de Alfonso y que, una vez fuera del frasco, la yarará también recupere su libertad. 


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