Graciela no tiene más palabras. Si las busca en el diccionario, no las encontrará. Con lágrimas en los ojos y la voz quebrada de la emoción, dice gracias: “Gracias, gracias, gracias”.
Graciela es quien se hizo cargo de sus cinco sobrinos después de que la madre murió por un aborto clandestino. Derrumbado por la pérdida, el padre de los pequeños se hundía en problemas y los pequeños quedaban a la deriva.
Fue en ese momento que apareció el primer eslabón de una cadena de amor que recién comienza a rodear a los hermanitos Soria: Sasha, Ángel, Rosa del Milagro, Alan y Cristopher, sin nada de nada a su alrededor.
“Lo único que desean de los Reyes es una pileta. Ellos saben que los Reyes no existen, pero lo mismo creen en los milagros. Aquí los chicos del barrio tienen su pelopincho, y los chicos miran y les gustaría una pileta para disfrutar del verano. Siento orgullo del amor y no siento vergüenza por la pobreza”, le explicaba Graciela a el tucumano cuando dimos a conocer
la historia que vale la pena leer.
Es una historia que unió a los tucumanos y tucumanas anónimos y que se pusieron de acuerdo en ayudar a la tía de las cinco criaturas: “La pileta llegó. Es nueva. No paramos de llorar. No es usada. Es una pileta nueva. Estoy tan emocionada. No saben lo que es para ellos”, jura Graciela.
“Además, una chica odontóloga se ofreció para cualquier cosa que necesiten los chicos. Nos dijo que ella está a disposición. Y los chiquitos necesitan atención. Necesitamos muchas cosas, pero más no podemos pedir. Por lo menos ahora lloramos, pero de alegría. Gracias, gracias, gracias”.