GENIOS DE ACÁ

"Lo miramos y no lo creemos": Lautaro, el niño prodigio que deslumbra en Tucumán

Aprendió a leer a los cuatro años, a los siete dejó la tablet, agarró el ajedrez y no lo soltó más: cómo vive, cómo piensa y qué hace todos los días el pequeño talento de la Banda del Río Salí que sueña despierto: "Tiene una mente brillante". ¿Cómo hace? VIDEO

05 Feb 2021 - 20:10

Lautaro tiene 9 años.

La escena es así: Lautaro Rojas, de 9 años, está sentado de espalda sin mirar al tablero de ajedrez mientras su padre, del otro lado de la mesa, le canta: “Torre F3”. Lautaro sonríe, de espaldas a su padre que no lo ve, y le responde: “Caballo D7”.

“Le gusta jugar a ciegas con el papá. Si se cae una pieza de una partida que no es muy larga, hasta sabe dónde iba. Es una mente brillante la de mi hijo. Lo miramos y no dejamos de sentirnos orgullosos como papás, pero también sorprendidos”.

Roxana Garro es la madre del pequeño ajedrecista de Banda del Río Salí que asombra a propios y extraños. Lautaro es el protagonista de esta historia que comenzó hace dos años, cuando apenas tenía 7, jugaba con su tablet como cualquier niño a los jueguitos hasta que le dijo: ‘Mamá, esto ya me aburre’. Ahí fue que mi marido, el papá, le dijo: ‘Cuando yo era niño, jugaba al ajedrez y a las damas. ¿Querés que te enseñe a jugar?’ Lautaro dijo sí y desde entonces no paró”.

El primer guiño de Lautaro y el ajedrez ocurrió a cinco días de aquella primera vez con su papá: “Recién estaba aprendiendo los nombres de las piezas cuando nos enteramos que había un torneo en Tafí Viejo, en la hostería. A los cinco días fue a su primer torneo y salió segundo. Fue algo sorprendente para nosotros, era a seis partidas”.

En aquel torneo inaugural para la vida de Lautaro, estaba él, dos niños más y el resto eran adultos: “Les ganó esa vez y les sigue ganando a los grandes. Después, en su segundo torneo en Tafí, también sacó el segundo puesto. Ya en un intercolegial salió campeón Sub-8 y no paró hasta el día de hoy. Ama al ajedrez, lo estudia, lo practica, lee cuatro horas al día movimientos, aperturas, partidas. Yo, como mamá, no sabía que cada cuadrito del tablero tenía nombre. Lautaro me enseñó muchas cosas”.

Lautaro aprendió a leer a los 4 años, en el jardín era abanderado, fue becado, ingresó leyendo a primer grado y su madre Roxana insiste: “Tiene una mente impresionante, va más allá de nosotros, sabe multiplicar, sabe dividir. La señorita les dijo a todos una vez que prepararan un tema sobre la pandemia. Había cuatro temas para elegir. Lautaro los hizo a todos los temas en un video de dos minutos. Suena exagerado como mamá, pero no lo es. Lo miramos y nos sorprendemos”.

La vida de Lautaro, después de sacarse la tarea de encima, es la de un niño que tiene un tablero de ajedrez delante de sus ojos todo el tiempo: “Mi esposo es quien lo acompaña a todos los torneos que podemos pagar. Fue a Termas de Río Hondo, entrena todos los sábados en Club 64 de la Buenos Aires al 700 y estudia al juego. Por ahí, si viene su mejor amigo Luciano, Lautaro le enseña ajedrez y Luciano le enseña a jugar a la pelota en el parque 9 de Julio. Pero el ajedrez es su vida”.

En silencio o con la tele bajita, el lugar de la casa donde Lautaro entrena y juega es sentado con el libro de ajedrez en la mesita de vidrio del living comedor: “En mi casa hay silencio, podés estar charlando, viendo algo despacito, y ahí está él jugando contra él mismo. Junto a su papá Franco, Lautaro quiere recorrer y seguir jugando en todos lados. Perdió un viaje a Corrientes porque económicamente no teníamos para los pasajes. Este sábado había un torneo en La Rioja, pero no llegamos. Lautaro necesita sponsors, nada más que los pasajes. De la comida nos haremos responsables nosotros, nos quedamos en la Terminal si hace falta mientras él vaya y juegue”.

Los sponsor de la vida de Lautaro fueron hasta el momento esas personas que se cruzan en el camino: “Un doctor, Carlos López, le regaló su primer ajedrez profesional. Siempre le gusta jugar con blancas, pero también juega con negras. Salió campeón invicto en Famaillá la última vez. Muchas veces pensamos dónde estará el próximo Bobby Fischer, pero quizás lo tengo en mi casa".

"Yo no puedo terminar un libro y a él lo veo con dos o tres al mismo tiempo. Tiene un cuadernito donde anota todo: parece un químico, pero necesita un profesor de ajedrez para que lo afine para que pueda mejorar. Su primer profesor fue Domingo Brito. Pero Lautaro va por más. Sabe que el ajedrez es todo para él. Y nosotros lo acompañamos en su sueño”.






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