Si te digo que hay churros con forma de chanchos, ¿lo creerías? Un padre de familia que se dedica a la venta ambulante deleita a tucumanos y turistas que visitan Tafí del Valle con su innovador invento: el chanchichurro.
Dicen que los que se venden en el Mercado del Norte son los mejores de la provincia; que nadie puede osar superar ese sabor crujiente y aceitoso; que si no te gustan no sos tucumano. Algunos los prefieren solos, otros los rellenan con dulce de leche.
Los churros son una verdadera incógnita: nadie sabe a ciencia cierta cómo es que una masa de harina, agua y sal puede convertirse en un manjar de los dioses cuando sale del baño de fritura.
Sin embargo, alguien se animó a desafiar al monopolio del sabor, históricamente en manos del viejo mercado. Hace seis años, un tucumano rompió el molde de la formalidad y, sin saberlo, cambió para siempre la manera de disfrutar de esta delicia.
A decir verdad, a Claudio Andrés Alí lo sacudió un golpe de suerte. Fue una tarde de trabajo como cualquiera en Tafí del Valle, donde desarrolla su actividad la mayor parte del año. Mientras esperaba que alguien se acerque a su puesto de pralinés y churros a comprar, miró de reojo a una señora que vendía pan en una mesa ubicada al lado de su carro. La mujer tomó la masa con sus manos y comenzó a darle diferentes formas a las piezas de pan, con la esperanza de atraer visualmente a los clientes.
Al Turco, como le dicen a Claudio, no le pareció una mala idea. Entonces imitó el gesto de su vecina de feria: tomó un pequeño bollo de masa cruda de churrros y dejó volar su imaginación. Sin saber cómo, en cuestión de minutos tenía un cerdo de masa posado sobre la palma de su mano. Lo echó a la fritura y nació la criatura: el chanchichurro. “Gracias a Dios me salió perfecto y hoy es un éxito, la gente lo lleva mucho”, le confiesa Claudio a eltucumano en una charla telefónica.
Para que nadie se quede con las ganas, los novedosos chanchichurros salen solos o bañados en chocolate. Claudio jura que no usa ningún artefacto para moldear la figura perfecta del cerdo: lo hace utilizando sólo la destreza de sus dedos.
Como para que no queden dudas del éxito de su invento, el Turco le cuenta a este diario una anécdota casi tan cómica como increíble. “Un día se acercó una porteña que había venido a Tafí hace dos o tres años y me había comprado un Chanchichurro, me mostró una foto en su celular y me dijo: ‘sabés que como para nosotros es una novedad, al chanchichurro que te compré lo puse en un mueble en mi casa, lo barnicé y lo tengo arriba de un mueble’”.
Claudio proviene de una familia de vendedores ambulantes. Su madre tiene un carro donde vende pralinés frente al Colegio Santa Rosa. Él también vendía la famosa golosina, pero hace seis años se inclinó por los churros, un emprendimiento que lleva adelante en la villa veraniega con Silvana, su esposa y sus cuatro hijos: Javier, Lautaro, Nahiara y Mateo. Además, estamos con Nicolás, un muchacho que trabaja con nosotros hace muchos años”, agrega.
¿No te querés quedar con las ganas de probar un chanchichurro, pero no tenés pensado subir a Tafí? No te preocupes, durante la temporada baja Claudio y fu familia ofrecen sus delicias en un carrito de madera ubicado en la esquina de Congreso y Crisóstomo Álvares, en diagonal al museo de la Casa Histórica. Como dicen por ahí, lo bueno se hace esperar.