Bairon tiene apenas un mes y medio y ayer sufrió un broncoespasmo que lo dejó sin aire en sus pulmoncitos. Gracias a la rápida intervención de tres hombres logró sobreponerse: “Para mí ha sido un milagro porque no había nadie a esa hora en la calle”. El dramático momento y el relato de los héroes que salvaron al bebé.
Walter junto a Bairon después del susto.
Los domingos por la tarde muchos tucumanos acuden a la sede de la Iglesia Universal de Catamarca 134 en busca de un milagro que los alivie de sus dolencias o que los ayude a encontrar el camino espiritual hacia una vida más feliz. Ayer, a eso de las 18, el milagro sucedió frente a las puertas del templo cuando tres hombres que se encontraban en el lugar le practicaron primeros auxilios al bebé Bairon Nahuel que se ahogaba con la leche que acababa de tomar. “Es muy difícil estar en estas situaciones. Mientras lo ayudaba en ese momento pensaba en mi nietita Nahiara que ha cumplido un añito el dos de enero. Para mí ha sido un milagro porque no había nadie a esa hora en la calle”, cuenta Walter Francisco Risso, uno de los que ayudaron a revivir a Bairon cuando sus pulmones se apagaban. Quiénes son los otros héroes del domingo.
Walter suele asistir los domingos por la tarde a los encuentros de la Iglesia Universal, pero ayer se había olvidado su barbijo, por eso se quedó en la puerta a la espera de que Carmen, su esposa, saliera. Hacía tiempo conversando con Joel Valdez, uno de los encargados de la seguridad del templo a quien conoce porque ambos son vecinos de Banda del Río Salí. De pronto, fueron interrumpidos por los gritos y el llanto desesperado de una mujer que llegó corriendo desde la calle Mendoza con un niño entre sus manos. “La señora venía llorando y me alzo a correr para ver qué pasaba y veo que estaba moradito el bebé, no podía respirar, por eso lo traigo hasta el frente de la iglesia. Ha sido un momento muy feo, he pensado lo peor. Tenía un nudo en la garganta te juro”, recrea el hombre de 43 años el dramático momento que le tocó vivir.
Rápidamente, tanto Walter como Joel intervinieron para practicarle los primeros auxilios a Bairon que no reaccionaba. “Le agarró un broncoespasmo. El chiquito estaba ahogado, le salía espuma por la boca. La madre gritaba y no sabía qué hacer. Ahí nomás lo levanté con una sola mano y con los pies para arriba y le comencé a dar chirlos leves en la espalda. Le levantamos el cuellito y empezó a vomitar, ahí recién empezó a volver el niño, estaba morado”, comenta Joel, el primero en asistir al bebé junto con Walter.
“Tengo bastante conocimiento en primeros auxilios, tanto para adultos como para bebés. Actualmente estoy estudiando para suboficial. Yo hice la tesis sobre primeros auxilios cuando entré a trabajar como vigía en Banda del Río Salí”, explica el joven de 25 años quien ya había intervenido en situaciones similares. Una vez le tocó asistir a un bebé de cuatro meses que también sufrió un broncoespasmo y a una anciana que se descompensó en un banco: “Gracias a Dios siempre funcionó. En estos casos es fundamental estar tranquilo y saber lo que estás haciendo. Hay que ser consciente de lo que estás haciendo porque sí le pegás mal a la criatura lo podés descaderar. Tiene que ser con suma delicadeza, es una criatura muy chiquitita. Siempre trato de hacer bien mi labor y de calmarlos a los padres. Trataba de hablar con la madre para que lo deje en mis manos y decirle que se iba a reponer. Gracias a Dios ha salido bien, siempre estoy tratando de aprender y de mejorar un poquito”.
Walter, Enzo y Joel; los que salvaron a Bairon.
Ante la emergencia, Joel se comunicó de inmediato a través del handy con su compañero Enzo Monserrat, quien además de trabajar como agente de seguridad, estudia enfermería. Su intervención resultó fundamental para reanimar al niño. Mientras Joel masajeaba la espalda de Bairon, Enzo lo levantaba del cuello para que volviera a respirar. Ahí fue que los pulmones del bebé volvieron a funcionar con normalidad. Cuando escucharon por primera vez su llanto, supieron que habían hecho bien su trabajo: Bairon estaba vivo. A los minutos llegó la ambulancia para terminar de asistirlo.
“Lo que hice, lo hice de corazón. La mujer se fue corriendo. Entiendo el momento de desesperación… ella estaba muy nerviosa”, revela Joel quien junto a Walter y Enzo fueron los artífices del milagro del domingo. Si bien Walter no recuerda el nombre de la mamá de Bairon, sabe que venía de una localidad del interior de la provincia y que la del domingo era la primera vez que asistía a la Iglesia Universal: “Me dijo que había ido a pedir por el bebé y por la familia de ella”. No cabe duda de que, en la tarde del domingo, Dios escuchó su plegaria.