Historias de acá

“Voy a romper con el estereotipo”: Amalia, entre el camión y la música

La flautista y saxofonista tucumana Amalia Cejas participó de una capacitación de Scania para convertirse en conductora profesional de camiones, un rubro donde las mujeres son menos del 1%: “Cuando se diga camionera va a ser otra la imagen de la gente”. Su historia y sus sueños.

21 Mar 2021 - 20:45

Amalia y su sueño de convertirse en camionera.

A los 18 años Amalia se puso detrás del volante del Renault 19 de su papá para aprender a manejar guiada por su hermano Misael. Sintió que con ese aprendizaje ganaba autonomía, independencia y libertad. Ya no dependería de nadie para ir desde su Aguilares natal a San Miguel de Tucumán a las clases del conservatorio de música. Lo que la flautista y saxofonista de 32 años nunca imaginó es que tendría la posibilidad de subirse a la cabina de un bruto Scania para volverse transportista, un rubro que en la actualidad cuenta con sólo un 0,4% de participación de mujeres en todo el país. Convertirse en camionera parecía un sueño vedado para el género femenino. Para Amalia Cejas ya no lo es.

“Para mí se ha abierto una salida laboral que está ahí y que me gustaría lograr, me ha parecido que se puede. Si consigo laburar de camionera, eso va a ser algo histórico, voy a sentar un precedente. Un par de chicas me han escrito y me han dicho que sueñan con el camión, no es algo que me quiero adjudicar, pero si nos dan el lugar, como nos están dando ahora, vamos a llenar el lugar de mujeres”, comenta orgullosa Amalia quien fue una de las doce mujeres seleccionadas entre casi mil de todo el país para ser parte de una beca de capacitación promovida por la firma de camiones Scania y la Fundación Profesional para el Transporte (FPT). Semanas atrás fue la graduación y ahora va por más: ya sacó turno para ampliar su licencia de conducir a la categoría de chofer profesional.


En plena pandemia, Amalia encontró la convocatoria y decidió probar suerte. No sabía nada de camiones ni hay camioneros en su familia, pero vio una oportunidad y no la desaprovechó. A fines del año pasado debió afrontar un examen virtual sobre leyes viales y conducción de camiones y el 14 de enero de este año la llamaron para anunciarle que había quedado seleccionada: “Cuando vi las bases y condiciones de la beca, leí que el objetivo del programa es educativo, para que las mujeres empecemos a estar en esos lugares de trabajo. Me encanta que una empresa tan grande esté comprometida para acortar la brecha de género. Creo que están tomando decisiones importantes”.

Después de recibir una serie de clases a través de videollamadas, viajó en las primeras semanas de febrero hasta la localidad bonaerense de Escobar donde tiene su sede la Fundación Profesional para el Transporte (FPT). En las instalaciones que cuentan con una pista para los conductores de camiones, Amalia se encontró con las demás mujeres que participaron de esta segunda edición del programa de capacitación: “Había una chica que es geóloga, otra profe de inglés, de educación física, una bombera voluntaria… Yo soy flautista y saxofonista reciba del conservatorio, nada que ver, pero justo se ha dado esta oportunidad y no la iba a desaprovechar”.


“Ahora es como que aprendí otro idioma. Aprendí términos y cuestiones técnicas de las distintas partes del motor. Además, los instructores son muy profesionales, tienen mucha experiencia y mucha paciencia”, comenta Amalia quien revela que le temblaron las piernas a la hora de subirse a la cabina de un imponente Scania S500 de color amarillo. Pero una vez detrás del volante, se sintió cómoda y también empoderada: “Me he aventurado con lo del camión, se ha dado así y la experiencia ha sido muy buena. Es un vehículo alto, cómodo, con visión panorámica y los comandos a mano… Está hecho para la comodidad del chofer y se siente más seguro que un auto. Cuando empecé a manejarlo me sentía poderosa porque lo estaba haciendo, controlaba semejante vehículo que responde sólo al chofer… Estaba muy concentrada”.

Según explica, el desafío no se trataba sólo de dominar a ese gigante mecánico, sino también vencer los prejuicios que existen sobre una profesión atravesada por el machismo: “Esta experiencia ha roto con muchos prejuicios que yo tenía con respecto al transporte. Así como los hombres tienen prejuicios contra nosotras y muchos dicen, por ejemplo, que somos inútiles para manejar, yo también tenía mis propios prejuicios. Antes, los padres les decían a sus hijos que, si no iban a estudiar, que agarren el camión y se hagan hombres. El estereotipo del camionero es un gordo que maneja un camión viejo y yo me he encontrado con gente muy profesional, eso también está cambiando. Todos estamos atravesados por el machismo, los prejuicios y los miedos”.

“Muchos te dicen cómo vas a salir a la ruta sola. Creo que este lugar que nos han dado ahora rompe con los prototipos de familia, con la mamá siempre en la casa y el padre saliendo a trabajar. Yo me siento útil al salir en un camión en un trabajo donde casi no hay mujeres. Muchas nos planteábamos si íbamos a salir a la ruta o no, si las madres iban a dejar a sus hijos para salir a trabajar; ese es un planteo medio filosófico para mí porque es una forma de romper paradigmas. Muchos cuestionaban que estaba bueno incorporar mujeres al rubro, pero que era mucho más importante mujeres tomando decisiones y eso también ha sido una sorpresa para mí”, cuenta Amalia a quien sorprendió gratamente encontrarse con dos empresarias tucumanas del sector del transporte en el acto de graduación: Cecilia Anan y María Eugenia Prado.


Tras la capacitación, uno de los primeros en recibirla en Aguilares fue su abuelo Arturo quien a sus ochenta años todavía se desempeña como mecánico. La esperaba con un regalo especial: “Está re orgulloso de mí y me ha regalado una enciclopedia de mecánica. Hemos unido generaciones y géneros distintos, yo lo vivo así”. Amalia quien actualmente forma parte de la banda municipal de Aguilares ha encontrado en su familia el aliento necesario a la hora de encarar, primero, la música y, ahora, la profesión de conductora profesional, aunque ella prefiere la denominación camionera. Esa es una bandera que ahora levanta en alto y que permite deconstruir los roles asignados históricamente a los géneros: “De mí se esperaba que sea buena en la escuela, que me porte bien y a mí se me ha dado eso de ser aventurera, osada… Cuando aprendí a tocar el saxo tampoco sabía nada de música. Por suerte, mi familia es bastante abierta, nunca me he sentido ninguneada en lo que hacía, sino no sería lo que soy ahora. Me han marcado cimientos fuertes como para decir ‘vos sos capaz de todo’. Así me planto en la vida porque así me han criado”.

Amalia va ahora por el carnet profesional y espera que esa sea la llave que le abra un nuevo camino profesional. Ya se imagina arriba del camión escuchando las canciones de sus artistas preferidos como León Gieco y el trío Aca Seca: “Cuando estaba en la capacitación me imaginaba manejando un camión que lleve instrumentos a un festival como el Cosquín Rock, pero no sé capaz que el día de mañana lleve mercancía o me gustaría trabajar con mercancía peligrosa como combustibles. Son fantasías nuevas, lo que venga será un desafío más. Mientras sea para mi progreso, va a ser bienvenido”. Ni conductora profesional ni chofer ni transportista, ella se imagina como camionera y pone primera para ir tras ese sueño: “Voy a romper con el estereotipo que hay del camionero, es hora de cambiar ese paradigma. Cuando se diga camionera va a ser otra la imagen de la gente”.





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