Hubo enfrentamientos, cortes de puentes y una situación que ya era insostenible. Entre tanta tensión, el colectivero de la línea 129 rompió la tensión: “No dejemos que nunca nos quiten la alegría”. VIDEO
El Sapo con su familia en Las Termas, su lugar en el mundo: "Aquí me relajo".
Entrado el anochecer de un día agitado, El Sapo atiende el teléfono mientras Martina, su hija de cuatro años grita porque le llegó la hora de bañarse. Mientras el chofer recupera el aliento y ya luce más tranquilo ante las últimas novedades, Adrián Rodolfo Morales habla este viernes con el tucumano sin filtros: “Todo indica que el lunes se soluciona este conflicto que lleva ya 13 meses. Ya queremos dejar de renegar. Y lo bueno es que parece que es una solución a largo plazo. Esperamos que sea así por el bien de todos”.
Siempre optimista, con el agua al cuello por una boleta impaga o porque se metió en Las Termas para imitar a un delfín y actuar como Flipper, apretado por el fin de mes o por la corbata en la frente en un casamiento, El Sapo, apodado así por su tío cuando lo vio con las manitos y las piernitas para arriba en el moisés, es este colectivero de la línea 129 (La Milagrosa-Capital) que nunca pierde el optimismo ni la buena onda que tanto hace falta en estos tiempos tan pero tan difíciles.
Es el hombre del video del momento cuando Tucumán hervía, cuando el conflicto de gremios, empresarios, choferes, pasajeros, ciudadanos, puentes cortados, combis, quema de gomas, insultos y todo lo malo salía por los poros de cada esquina. En medio de todo eso, él encontró la mueca, la sonrisa, la carcajada, el bocinazo al compás, el bombo, los celulares grabandolo: “En ese momento, en el más amargo, ahí es cuando hay que ponerle un poquito de alegría. Es algo espontáneo que me sale, natural, que siempre me acompañó. Dura unos segundos. No es una burla a nadie ni a nada. Es una forma de distender un poco lo que todos estamos pasando, nada más”.
Si El Sapo, claro, es el mismo que fue capaz de sacarle una sonrisa nada más y nada menos que a Santos Biasatti cuando conducía Telenoche por Canal 13, cómo no va a ser capaz de arrojar un manto de paz y alegría sobre el capó de los autos congestionados y arrancarles una sonrisa en la en el parque 9 de Julio: “Hasta en los autos se reían cuando agarré los bombos y me puse a hacer El paso de la garza. Improviso todo. Veo que sacan los celulares y me pongo a bailar. Insisto: es para descomprimir un poco y sacarle una sonrisa a la gente”.
Famoso por su versión tucumana del Gangnam Style en el dique Figueroa de Santiago del Estero, esta noche vuelve a recordar aquel video que lo consagró a la fama, cuando un asado con amigos no era una reunión social, cuando una ambulancia en las calles no formaba parte de la banda sonora habitual, cuando todo era tan distinto: “Cuando hice el baile del caballo, tenía unos tragos arriba, pero no significaba que estaba ebrio. Ahí me llama María Laura Santillán y me dice que hasta Santos Biasatti se rió con el video. Ese día del video terminé bailando en el contenedor de agua. Estábamos comiendo unos pescados espectaculares”.
“Nunca había visto el baile del caballo. Mi hijo mayor, que ahora tiene 20, me explicó cómo era el baile. Un amigo mío lo sube a YouTube y explota. Son esas noticias que se vuelven virales porque dan ese toque de alegría, o causan gracia a alguien para cambiar por un rato las malas noticias. Cuando por un rato aparecen las noticias graciosas, no falta el que se queja. Hay para todos los gustos y ya hay muchas noticias malas: una buena o graciosa como alguien bailando, ¿qué mal puede hacer?”, se pregunta El Sapo, nacido y criado en La Banda, donde aprendió los dotes actorales y movimientos fantásticos que los 132 kilos que porta acompañan al compás.
“Siempre he sido deportista, jamás fumé. Por eso bailo así: siempre he sido el primer payaso de la fiesta. Estamos con amigos, suena un tema e improviso. Soy de la corbata en la frente en los casamientos. El salto del delfín es mío, por ejemplo. Con Miguel Martín he actuado en el Alberdi y en el San Martín en el sketch con Gabriel Carreras del Hétor y La Eter. Ese día estaba cagado de miedo y le he tenido que meter un whisky para los nervios. Es ese minuto de fama lindo que te toca”, cuenta El Sapo, que tiene como amigo a Walter Risso, quien ha llegado a ofrecerse como representante para llevarlo al Bailando de Tinelli mano a mano con El Látigo, el bailarín de los pasos prohibidos en Salta.
“La aparición de los personajes virales que bailan, o cantan, o llevan una sonrisa a la gente en tiempos así aparecen justamente por algo. Yo en el bondi soy serio en el bondi. Salvo cuando los pasajeros me reconocían o venía gente de TN con las cámaras, hasta los pasajeros querían que los filmaran aunque nos demoremos en el recorrido: ‘¡Vaya, vaya!’, me alentaban. No estaban apurados. Eso era increíble”.
Doble de riesgo, judoca, de vuelta a lo que se ha vivido en los últimos días, El Sapo cierra: “Como enseña el judo, yo sé caer. Y también sé que ese cortito tiempo que uno baila, le cambia el humor al compañero. Nunca me ha simpatizado que se corten los puentes porque somos gente que labura, pero estamos reclamando algo que nos pertenece. Pese a todo, siempre el humor lo tengo presente".
"El trabajo del colectivo es muy estresante: no es que estamos sentados, como se cree. Renegamos mucho, sobre todo con las motos que salen de donde quieren, tenés que tener ojos biónicos. No te voy a negar que hay cada compañero que nos hace quedar mal, pero después siempre voy a intentar que explote la sonrisa, cambiar un ratito el clima, sin agredir, sin insultar, bailando, así”.