HISTORIAS DE ACÁ

"Volvió a vivir": lo escuchó en la noche del Parque 9 de Julio y ocurrió el milagro

La historia de Sebastián Bringas es de película y tiene un final conmovedor: en el medio de la nada misma, Diego de Lazos Solidarios lo vio, lo internaron en el Hospital Avellaneda, y luego aparecieron los héroes y heroínas de Un Plato Caliente: "Todavía no lo podemos creer". Para ver, leer y emocionarse. VIDEO

23 Abr 2021 - 21:00

La primera vez en un restorán en muchos años para Sebastián, a la izquierda.

Sebastián Bringas está descalzo tirado en el medio de la inmensidad del Parque 9 de Julio y se está muriendo. A nadie le importa si hace ruido o no un árbol cuando cae en el bosque y no hay nadie para escucharlo. El reloj corre: no hay tiempo para preguntas triviales. De verdad no hay tiempo: acá lo que importa es que hay un muchacho de 32 años que ya no puede hablar: solo quejarse del dolor y toser, quejarse y toser.

Nacido en Alta Gracia, Córdoba, antes de llegar a Tucumán, Sebastián trabajaba en carpintería y albañilería, estaba en pareja, y tenía una vida relativamente común hasta que abrió un papel: “Le detectaron HIV, ahí lo empezaron a discriminar y entró en un profundo estado de depresión. Dejó Córdoba y al azar llegó a Tucumán. Acá se agravó su consumo de drogas al punto de llegar a vivir en la calle, en el Parque, frente a la comisaría 11, del lado de la Coronel Suárez, y empezó a limpiar vidrios. Llevaba tres años durmiendo en el parque hasta una noche, la que Diego lo encontró”.

Diego es Diego de Lazos Solidarios, quien hace tres martes escuchó a Sebastián quejarse y toser, quejarse y toser durante una ronda en el Parque 9 de Julio, donde personas en situación de calle y con problemas de consumo de drogas, vive: “Cuando vamos al Parque a llevarle un plato de comida, nos dicen: ‘Somos como un costal de basura que nadie ve porque estamos muchos días sin bañarnos y la gente nos esquiva. Por eso nos venimos al parque. Así nadie nos ve: para que nadie nos vea ni piense que los vamos a robar’".

Quien habla con el diario el tucumano es Exequiel, de Un Plato Caliente, luego de hablar con Diego, de Lazos Solidarios: “Diego lo encontró en un estado de salud muy malo a Sebastián. Llamó al 911. Ningún policía de la 11 lo quería acompañar: estaba tirado en el piso, quejándose del dolor, Diego se subió a la ambulancia y lo llevaron al Hospital Avellaneda. El cuadro era grave: desnutrición, anemia, neumonía agravada y deshidratación sumado al HIV. Los médicos fueron claros. Si no lo encontraba Diego: ‘El paciente no pasaba de esa noche’”.

“Después de diez días, le dieron el alta rápida a Sebastián. Ante la situación de pandemia, Sebastián tampoco quería seguir ahí para dejar una cama por si alguien más la necesitara. Pero si Sebastián volvía al parque, se moría. Fue entonces que decidimos alquilarle una pieza. Si no le alquilábamos una pieza, Sebastián se moría”, insiste Exequiel y se toma una pausa para realizar una aclaración.

“Antes que alguien diga algo, Sebastián no tiene antecedentes penales ni nada por el estilo: es una persona enferma con problemas de consumo. Gracias al trabajo de Maqui Domínguez y a la donación de padrinos de 2.000 pesos y de 1.000 pesos pudimos alquilarle una pieza las dos primeras noches. Pero sabíamos que corríamos el riesgo de que volviera al parque, entonces hicimos una rifa interna: ya somos 300 integrantes de Un Plato Caliente. Eran 100 rifas a 100 pesitos, sorteábamos un mate y una pastafrola y así pudimos alquilar la pieza todo el mes que sale 9 mil pesos”.

Por un momento, hagamos una pausa y volvamos al principio de esta historia e imaginemos a aquel muchacho que se moría si no era internado en el Hospital Avellaneda, si no era escuchado por su tos y su dolor, si no era visto en la oscuridad del Parque 9 de Julio por Diego, desnutrido, enfermo, con frío. Y ahora imaginemos a la misma persona que ahora entraba a una pieza del Hotel Tucumán sobre calle Catamarca junto a Janina y su madre Silvia y les preguntaba: “¿Cómo voy a hacer para dormir en una cama así de grande?”

“Se acostó en una cama de dos plazas con colcha por primera vez en muchísimos años. La primera noche se quedó viendo la tele hasta las 7 de la mañana. Hace años que no veía tele. Al día siguiente, por primera vez se había sentado a comer en un restorán. Nunca había conocido el cerro San Javier”.

“Cuando intervenimos en la vida de Sebastián como grupo pusimos algunas condiciones: le dijimos que debía cambiar su estilo de vida, que valorara todo el esfuerzo, que Diego lo salvó, que muchos nos encargamos de cuidarlo, que Janina y su mamá fueron a visitarlo todas las noches a la 1.30 de la mañana, que Janina le llevó adornos para la pieza, afiches dibujados, que le compramos artículos de higiene. Fuimos claros: ‘Amigo, si nos vas a hacer problemas, avisanos'".

Por suerte, a Sebastián no le ha agarrado ningún síndrome de abstinencia: durante 10 días, su cuerpo fue desintoxicado en el Avellaneda, pero siempre está el peligro de que vuelva. En el Parque 9 de Julio, sabemos que había conocido a alguien y es por eso que queremos que regrese a Córdoba. Logramos conseguir su acta de nacimiento y contactarnos con su familia, quien ya lo espera. Nos faltan conseguir los papeles para ir en auto por la ruta. Queremos revivir ese momento del reencuentro con su familia”, relata, emocionado, Exequiel, quien forma parte de Un Plato Caliente, un grupo de 300 jóvenes tucumanos y tucumanas que entregan en mano 2.100 viandas de comida todos los jueves, viernes, sábados y domingo, trabajan en siete comedores, no recibe ayuda del Estado y todo lo gestionan de su propio bolsillo.

“Claro que nos vendría bien la ayuda de quien sea. Recibimos muchos ofrecimientos de partidos políticos. Especialmente de Cambiemos. Pero nosotros somos apolíticos. Cuando les aclaramos que no nos sacamos fotos ni agradecemos públicamente a ningún político, no quieren donar nada, no nos dan. Por eso decimos que Un Plato Caliente somos todos los tucumanos. La solidaridad de los tucumanos es enorme: y si alguien quiere ayudar con un trabajo a Sebastián, bienvenido sea. Él volvió a nacer. Sabe trabajos de albañilería y de carpintería. Merece otra oportunidad. Sebastián volvió a vivir. Sebastián volvió a vivir”. 

Para sumarte o ayudar a Un Plato Caliente: escribiles a su página en Facebook o Instagram o comunicate con Exequiel al 381 566 0668.



Diego, a la derecha, el salvador.

Sebastián, antes de quedar en situación de calle.



Sebastián, bajo un techo, en el hotel Tucumán.

Sebastián volvió a sentarse a un restorán después de muchos años. Su cara lo dice todo.


Sebastián y Un Plato Caliente, un solo corazón.

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