Historias de acá y allá

De Tucumán hasta Alemania y de Alemania al mundo: el viaje musical de Leandro

El tucumano Leandro Salvatierra fue músico callejero en Cádiz y ahora, junto a músicos de Alemania y Siria, integra la banda Amalaya que acaba de sacar su primer álbum donde combina coplas en alemán, flamenco y sonidos árabes. Conocé su historia y escuchá el disco.

26 May 2021 - 21:55

Amalaya, la banda del tucumano.

Mucho antes de tocar temas del cancionero latinoamericano en las terrazas de Cádiz. Mucho antes de buscar los secretos del flamenco en los arrabales de Andalucía. Mucho antes de desembarcar con su guitarra en la ciudad alemana de Leipzig. Para Leandro Salvatierra todo empezó acá en Tucumán cuando era un adolescente ávido de guitarreadas maratónicas con amigos. Fue entonces que su madre le regaló el disco “Friday Night in San Francisco” y se enamoró a los quince años de la música de Paco de Lucía. Ese fue un camino de ida; el momento preciso en que empezó a germinar la idea de un viaje iniciático por España en busca de esos sonidos flamencos. Los encontró como encontró también en Granada a la cantante alemana Luise Rauer y empezó a gestarse lo que hoy es Amalaya, una banda capaz de tocar chacareras o cuecas de acento germánico; música de todos lados y de ninguno a la vez en la que se combinan sonidos árabes, flamencos, teutones y norteños. Esta es la historia de ese periplo vital y musical que derivó en “Casa”, un disco que tiene algo de acá y bastante de muchos otros lados.

“Yo en esa época ya venía escuchando cassettes de folclore y de Silvio Rodríguez. Mi mamá sabía que me encantaba la música y tocar la guitarra. Cuando ella me trajo ese disco de un concierto en vivo, esa guitarra, la de Paco de Lucía, fue para mí algo nuevo. Me ha gustado mucho cómo sonaba esa madera pura y las cuerdas tocadas con las uñas. Ahí me metí en el mundo del flamenco, se me empezó a meter ese mundo de guitarreros en la cabeza”, cuenta el tucumano de 38 años desde la ciudad alemana de Leipzig donde reside actualmente. A los 26 años, esa búsqueda del sonido flamenco, lo llevó a abandonar Tucumán para desembarcar primero en Italia y, después, en España, la meca de la música flamenca.

En la butaca de al lado, en el avión que lo llevaba a España a perseguir su sueño, viajaba el famoso guitarrista de música flamenca Óscar Herrero quien escuchó atento su historia y atinó a peguntarle si estaba seguro de lo que estaba por hacer: “Me dijo que tenía que ir sabiendo que el del flamenco es un mundo medio elitista, cuesta mucho entrar en ese mundillo. Para colmo, en esa época España estaba recontra mal financieramente. Había gente que no encontraba trabajo de nada. Me acuerdo que me dijo: ‘te deseo la mejor de las suertes, no te quiero desaminar, pero está muy difícil’. Después, lo comprobé”.


Trabajó en un call center y haciendo encuestas casa por casa hasta que en Cádiz se encontró a una pareja de músicos, Víctor y Ana, que lo animaron a compartir su música en las calles de esa ciudad con alma flamenca donde supo deslumbrar el futbolista salvadoreño Mágico González: “Ellos me dijeron que tenía que dejar de tontear y que la música que yo tocaba podía funcionar muy bien. Allá son muy melancólicos y conocen mucho la música latinoamericana. Me animé después de vencer mis miedos y descubrí uno de los mejores trabajos que tuve en mi vida. Con los últimos euros que tenía me compré un micrófono barato y un amplificador para ir desplazándolo. Entonces me empecé a mover y empecé a cantar tres o cuatro canciones por terraza. Cantaba canciones de Silvio Rodríguez, del Cuchi Leguizamón, de Violeta Parra, del repertorio de Mercedes Sosa… Era un lujo para mí, nunca eran más de dos horas, salía a la noche y elegía un par de terrazas con gente comiendo afuera. A la gente esa música le gustaba mucho”.

Leandro anduvo por distintas localidades de Andalucía, siempre buscando aprender algo nuevo de la música flamenca, hasta que en 2013 conoció a la alemana Luise Rauer en Granada donde ella estaba realizando estudios sobre traducción en español y árabe. “Yo cantaba desde siempre, pero lo mío era cantar en la ducha, cantaba pero sin pensar que esa iba a ser mi profesión. Fui aprendiendo a cantar en el escenario junto con Leandro”, revela la cantante de 31 años. Como su madre creció en Ecuador, ella creció escuchando música en español: “Aunque mi idioma materno es el alemán, mi conexión con la música en español viene desde la cuna. En mi casa se escuchaba pasillo ecuatoriano, Víctor Jara, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa… Recuerdo que en navidad siempre escuchábamos la misa criolla”.

Según explica Luise, en Alemania suele preferirse la música cantada en otros idiomas: “Existe como una especie de rechazo contra la propia cultura, creo que se debe a que el nazismo exageró tanto con las tradiciones y el folclore alemán que la gente se cansó de eso y recién ahora está surgiendo nueva música en nuestro idioma”. Para ella, tanto el español como el árabe suenan de manera más melodiosa: “Se percibe al alemán muchas veces como un idioma muy duro, pero eso también depende de cómo uno lo pronuncia. Con el árabe y el castellano es más fácil hacer música porque son idiomas muy melódicos, que tienen suavidad en la forma en que se conectan las palabras”. Quizás esa sea la clave de la buena acogida que tuvo entre el público local la propuesta musical de Amalaya.

La banda surgió casi de casualidad en 2016. Después de rendir su tesis en la ciudad de Leipzig, hubo una celebración que terminó con una zapada de la que participaron músicos alemanes, argentinos y sirios. “Mis amigos y yo nos pusimos a tocar y a una profesora le apreció tan bueno que llamó a un museo para que organicen un recital. Yo sólo había cantado en la calle y tampoco teníamos una banda ni nombre de banda, pero, para no perder la oportunidad, inventamos el nombre en un par de días. Nos creamos para esa ocasión y fue muchísimo trabajo, pero salió un concierto que fue la vez que más se llenó el museo y hasta quedó gente afuera”, cuenta Luise. Cuatro meses después de la fiesta de graduación, ella, Leandro, el pianista alemán Fabián Klentzke y otros músicos sirios participan del primer recital de Amalaya en el Museo Grassi, el más importante de Leipzig. Fue tanta la expectativa que agotaron las entradas y quedó gente afuera.


“Muchos músicos mezclan la música andaluza con la árabe, pero no con ritmos del norte de argentina, eso yo no lo conocía y es algo que tiene mucho sentido, no es sólo mezclarlo al azar. Descubrimos que hay mucha influencia árabe en el norte de argentina y descubrir eso fue algo muy lindo. A su vez, aunque trabajamos con estilos tradicionales, nuestra música tiene algo muy moderno. Las canciones hablan de temáticas actuales, de ese mundo globalizado y digital…Todos somos un poco de acá y de allá”, comenta la cantante alemana cuál es la impronta de “Casa”, el primer disco de la banda que se estrenó hace unos días. Esa mezcla de sonidos procedentes de distintas partes y la impronta contemporánea de las letras se reflejan en canciones como la copla “Millennial con caja” donde lo ancestral y lo actual se fusionan.

 “Creo que la palabra más apropiada para definir al disco es transcultural, se trata de un álbum transcultural. A mí me parece que la gente se va a encontrar con algo nuevo; es una cosa nueva que nace de ese encuentro de nacionalidades y culturas distintas y con mucho color. Es una mezcla concreta de ritmos e ideas de la música popular argentina, con la tradición árabe y elementos flamencos. La combinación de eso es lo nuevo, hay mucha diversidad”, define el músico tucumano que comenta que en el disco se puede encontrar una fusión de géneros musicales como chacarera, milonga, cueca, rumba, copla y vidala, entre otras.

Aunque los músicos de la banda residen en Alemania, el álbum que han compartido a través de las plataformas y de sus redes sociales también tiene una impronta muy tucumana, ya que fue mezclado y masterizado por Ale Rodríguez en "Estudio Rojo" de Tafí Viejo. Además, en el disco colaboraron los tucumanos Oscar Salvatierra con la guitarra en la cueca en alemán "Einfach nur zuhause sein" y Víctor Benjamín Agüero con el violín en "Casa", la canción que da nombre al disco.


Para Leandro, Casa es una forma de coronar un itinerario musical que lo ha llevado por distintos países y sonidos. Tanto él como Luise coinciden en que les gustaría que ese viaje llegue hasta acá, la provincia de donde salió hace muchos años y a la que espera volver con el disco bajo el brazo: “Para nosotros sería un sueño presentarlo en Tucumán, ganas no nos faltan”.

Escuchá el disco completo:


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