Fabián Juárez tiene 26 años, nació y se crió en Leales, pero desde hace dos años armó el bolso con su señora y su bebé Jeremías para llegar a la capital con el sueño de vivir mejor. Hace 20 días, Fabián le contaba a el tucumano una situación que atraviesan muchos tucumanos y que cuesta aceptar cada día más: estar sin trabajo, vivir al día, y a veces no tener nada sobre la mesa:
“Ya no sé qué más hacer: mi hijo es chiquito y me necesita, pero ya no sé qué más hacer”.
Pese al récord de lecturas y alcance con su historia que llegó a más de 5 millones de personas de todo el país, Fabián sigue sin trabajo: “Ayer me salió una changuita para poner una antena de DirecTV y con eso lo estiramos dos o tres días. El tema es que lo tengo al gordito con 1 año y medio y con problemas en los bronquios desde los seis meses.
Cada vez que llega el invierno, nos preocupamos: se le tranca la naricita, anda con los moquitos. Ahora está con tos”.
La viralización de su historia conmovió a muchos tucumanos, quienes ayudaron a Fabián: “Recibí un tarrito de leche, unos pañales y algo de mercadería. La verdad es que estoy muy agradecido por la solidaridad de la gente.
Lamentablemente también pasaron otra cosas: lo que más me duele es que comenten para qué traje un hijo al mundo, por qué no nos cuidamos, si traer un hijo al mundo es lo más lindo de la vida. Mucha gente habla sin saber. No saben cuál es la realidad de uno. No saben que lo único que me importa en esta vida es poder tener un trabajo digno para salir de esta pobreza insoportable que vivimos. Mucha gente dice esas cosas. Y esas cosas duelen, ¿no?"
En los comentarios de la nota viral también hubo muchos ofrecimientos de trabajo, pero no se dieron: “Yo lo único que quisiera es la oportunidad de que alguien me escuche de corazón. Lo veo engripadito al gordo y me preocupo. Varios me decían:
‘Ya te voy a llamar, ya te voy a llamar’, pero nada, hasta el momento no me han llamado. Insisto: se han acercado por un poquito de mercadería de mi hijo, pero yo necesito trabajar para salir de esta pobreza”.
La vez que más cerca estuvo de trabajar fue cuando le dieron una dirección perdida por la ruta 9 y no supo cómo llegar: “Era un finca, pero la verdad es que no tenía ni los medios y sabía dónde quedaba. No te voy a mentir, no tengo en qué andar. Y también muchas veces me decían en los comentarios: cómo no voy a cuidar y lavar coches en la calle. Claro que he intentado, pero la Policía te corre.
O piensa que vas a robar, cada uno se hace el dueño de la cuadra, y es difícil. No estoy echado en la cama esperando una mano, todo el tiempo pienso qué hacer, cómo hacer”.
“Quienes dicen para qué traigo un hijo en el mundo, porque no nos cuidamos, no sé si piensan en lo que que puede doler, por eso he dejado de leer los comentarios en el acto y me puse a ver qué otras posibilidades de trabajo había, pero no se me da.
Yo hago albañilería, electricidad, corto el pasto, y lo que no sé lo aprendo”.
“Otra cosa que me ha pasado y me ha hecho sentir mal es que me pedían la dirección de donde vivía y yo les digo que vivo en Villa 9 de Julio y ya cambiaban el tono de voz y daban por terminada la conversación. Ahí me decían: ‘Cualquier cosa te llamamos’. Todos piensan que todos los de la Villa somos malos, todos me conocen, con nadie me meto, te sentís como visto de reojo porque sos de un lugar humilde y lo único que querés hacer es trabajar.
Lo único, por mi señora y por este hijo hermoso que gracias a Dios traje al mundo, quiero trabajar”.