Orgullo LGBTIQ

“Al clóset no volvemos más”: ante la discriminación, el orgullo como respuesta

Augusto Moeykens sufrió un ataque discriminatorio ayer mientras tomaba un café con su novio y su madre. En el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ, recuerda el triste episodio vivido y reivindica el amor: “Su actitud fue excluyente y homofóbica, no soportó ver que dos hombres se besen”.

28 Jun 2021 - 21:33

En la tarde del domingo Augusto Moeykens se disponía a compartir un café con Santiago, su novio, su mamá y una pareja de amigos en un bar del centro. La charla era amena, familiar, amigable. El mismo tablón de la cafetería era compartido por una señora mayor, su hija y su nieto, un niño de diez años. En un momento, Augusto y su novio se besaron, lo que originó la inesperada reacción de la señora que se levantó para correr al niño del lugar y recriminarle a la pareja su gesto de cariño. “Era una conversación en familia y, en ese contexto, mi novio me da un beso. Ahí el chiquito nos miró como de reojo. Fue sólo eso, no es algo que no se vea en la tele o en todos lados hoy por hoy, pero ella se paró y lo corrió al chiquito. Nos hizo un gesto como de desprecio y ahí me dice: ‘ustedes no pueden hacer lo que están haciendo. Nosotros no tenemos por qué ver eso’. Ahí le pregunté si lo que le molestaba era que dos hombres se estén besando y le dije que no está prohibido besarse ni amar en nuestra sociedad, ni en público ni en privado”, relata el abogado de 38 años todavía angustiado por lo que le tocó vivir. Lo cuenta justo en la jornada en que se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Orgullo LGBTIQ y, al hacerlo, levanta la bandera del orgullo y del respeto a la diversidad sexual: “Ella quería que volvamos al clóset y al clóset no volvemos más”.

“Tenía ganas de llorar, estaba temblando”, confiesa Augusto lo que sintió en ese momento. Ante la situación, se dirigió a la señora y le pidió su nombre para realizar una presentación en el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo) por el acto de discriminación del que había sido víctima. Sus amigos, que estaban sentados en otra mesa, filmaron la escena en que la mujer ensaya un pedido de disculpas: “Lo único que buscaba era mostrarle que lo que había hecho era una situación que hería muchísimo porque eso es algo que puede recrudecer en otras situaciones de violencia, de discriminación, de silencio… Ella se sintió muy expuesta y me dijo: ‘yo tengo un nieto gay, no te quise herir’. Ella después se acercó a hablar con mi mamá, vino a tratar de acercarse y ahí sentí que sus disculpas no eran sinceras. Su actitud fue excluyente y homofóbica, no soportó ver que dos hombres se besen. Además, siguió diciendo que, si lo tiene que volver a alejar a su nieto de esos espectáculos, lo va a hacer de nuevo”.


Para el joven la situación fue incómoda no sólo por él, sino también por el niño que presenció la lamentable escena protagonizada por su abuela: “Cuando pasó eso el niño le dijo: ‘¿Ves por qué no quiero salir con vos? porque me hacés pasar vergüenza’. Lo puso de escudo al niño. Ella lo ha expuesto violentando a otras personas delante de él. Ella se ha puesto a discriminar en público al decirle a dos personas que se estaban queriendo que eso que hacían es inmoral. No sólo se estaba violentando conmigo, sino también con el niño que, posiblemente, tenga una identidad distinta. Con su actitud lo está descalificando y lo está exponiendo. Por eso traté de decirle que no se sienta avergonzado porque él no era responsable de lo que haga su abuela”.

Por esas casualidades y paradojas de la historia, la conmemoración del Día del Orgullo también comenzó en un bar. Fue el 18 de junio de 1969 en el bar neoyorquino Stonewall Inn. Entonces y ahí se originó una revuelta encabezada por gays, lesbianas y personas trans que respondieron arrojando piedras, monedas y botellas contra los policías que realizaban una razzia en el lugar. Los disturbios se extendieron durante varios días y ese episodio es considerado como una especie de bautismo del movimiento moderno por los derechos de las personas que conforman el colectivo LGBTIQ (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transexuales, Transgénero, Intersexuales y Queer). Desde entonces, se conmemora para esta fecha el Día del Orgullo. En Argentina, la primera Marcha del Orgullo se realizó en Buenos Aires en 1992 y participaron más de 200 personas, la mayoría de ellas con pañuelos o máscaras que cubrían sus rostros por temor a ser reconocidas en sus trabajos y por sus familias. Para Augusto la cercanía entre el episodio de discriminación que le tocó vivir ayer y la conmemoración de hoy marca la necesidad de continuar militando por el respeto y la aceptación de la diversidad sexual y de género: “Ha sido algo horrible porque todos los Días del Orgullo uno se pone a repensar por qué milita, por qué uno tiene estar orgulloso de su identidad. Creemos que vivimos en sociedades más igualitarias, pero hoy por hoy esto sigue pasando en nuestra sociedad. Esto también nos interpela para que todos seamos parte de una sociedad más justa e igualitaria”.

“Hay una realidad que es inocultable. Todavía los gays, las lesbianas, las personas trans reciben miradas lacerantes y comentarios hirientes. Sólo por amar a quién amás, por cómo te vestís o cómo expresás tu identidad se generan reacciones violentas y gratuitas. Creo que actitudes como la de esta señora son resabios de posiciones que tienen la pretensión de una moralidad superior, todavía son el statu quo y son parte del poder dominante. Si bien hay nuevos discursos y nuevas voces, todavía no hay una aceptación total, real y concreta. Esta situación que me tocó vivir ejemplifica que hay que seguir trabajando y que eso tiene que ser parte de una política de Estado. Hay que trabajar la inclusión desde una lógica más universal e incluyente”, reflexiona a la vez que insiste en la necesidad de una mayor responsabilidad empresarial en este sentido: “Los chicos del bar también han intentado reparar la situación y se ha comunicado conmigo para decir que iban a tomar cartas en el asunto. Hay que recordar que los negocios tienen que tener visible en los locales la ley anti discriminación porque así quien puede tener una mirada estigmatizante se cuida más”.

Lo que tenía que ser una jornada de lucha y de reivindicación de la diversidad para el joven abogado se convirtió en un día de reminiscencias dolorosas. Si bien no había atravesado antes situaciones como la de ayer, tuvo que convivir con actitudes discriminatorias durante su adolescencia y juventud: “La homosexualidad estaba ultra condenada cuando yo iba al colegio y no era algo que se podía expresar con libertad en ese entonces. En la universidad me ha pasado muchísimo también, quienes estábamos fuera del clóset y militábamos recibíamos agresiones concretas y directas”.


Ante los violentos discursos de odio, la homofobia, la discriminación y las miradas estigmatizantes, Augusto Moeykens levanta su bandera multicolor; una bandera de amor y de inclusión de la diversidad. Como siempre, pero hoy más orgulloso que nunca: “Uno como persona tiene dos opciones: la vergüenza o el orgullo. La vergüenza siempre te va a paralizar. Genera angustia y aislamiento. En cambio, el orgullo ejemplifica, te hace más coherente con tu deseo y, a la vez, ejemplifica y educa. No hay más que pensar en ser uno mismo, sin vergüenza ni ocultamiento”.

El video del suceso: 


seguí leyendo