Gonzalo fue papá hace siete meses de Lourdes Micaela, estaba con una urgencia y necesitaba plata para comprar los pañales, pero al llegar al corralón se encontró con lo inesperado.
Sin un cobre: cobre.
Gonzalo sabe todo sobre refrigeración, heladeras, microondas, y como muchísimos tucumanos se las rebusca con trabajos particulares, changas, hasta conseguir algo estable, una tranquilidad que un padre primerizo desde hace siete meses de Lourdes Micaela necesita más que nunca: “Cuando sos papá tenés que lucharlas a todas, ya no ganás para vos solamente, y cuando tenés una bebé, cada peso suma, por eso fui al corralón a vender cobre, pero me pasó lo peor”.
Era lunes, recién comenzaba esta semana, y la pequeña Lourdes Micaela necesitaba pañales. Con la mamá preparándose para la operación de la vesícula en el Hospital Néstor Kirchner que salió bien, el tema es que Gonzalo, como relata en su muro de Facebook: “Estaba sin una moneda”. Ante esa situación, con las urgencias del caso, andar sin un cobre y sin un trabajo que calmara el día, tomó la decisión de juntar cables de cobre e ir a un corralón: “Está dura la mano y estaba con esa urgencia y fue lo más inmediato en lo que pensé como solución: ir a vender cobre”.
Después de enrollar los cables y el cobre, Gonzalo tomó sus precauciones y los pesó: “Para que los del corralón no se hicieran los vivos fui a pesarlo a la balanza de un amigo: pesaba 620 gramos. El kilo de cobre en ese corralón te lo pagan 750 pesos, 100 pesos menos que en otros corralones. O sea que ya de por sí pagan menos de lo que vale además de la ganancia que le sacan cuando lo revenden".
"Pero tampoco ese es el tema: el punto es que cuando voy al corralón a pesarlo, me dicen: ‘Pesa 400 gramos’. En ese corralón de la Balcarce tienen dos balanzas: una como las de las verdulerías y otra electrónica. Lo habían pesado en la común y les digo que no, que eran 620 gramos, que la pesaran en la electrónica”.
“Cuando le pido que lo pesara al cobre en la balanza electrónica, me dice: ‘No, tomá, llevátelo’. Me quedó mirándolo y le pido por favor que me lo pese. Necesitaba juntar la plata para los pañales, pero me dice: ‘No, andate, andate de aquí’. Le digo: ‘Me estás robando’. En ese momento, el hermano del que me atiende me quiere pechar y, como eran dos, no me quedó otra que agachar la cabeza, darme media vuelta e irme con el cobre en la mano”.
Luego de publicar lo vivido, Gonzalo insiste: “Lo que me dolió fue el trato, más allá de la necesidad de conseguir la plata. Me sentí hurgado y soy una persona de bien. Uno se la anda rebuscando como puede, no anda vendiendo cosas de valor, anda vendiendo cobre ante una urgencia y siento que a veces se aprovechan de la necesidad de la gente".
"Todos podemos tener días buenos, días malos, pero de ahí a la agresión ya no. Todavía lo tengo al cobre para vender gracias a Dios porque me salió un trabajo y pude comprar los pañales. Como te digo: lo mío fue una urgencia, sé todo lo referido a heladeras, microondas, sé arreglar eso, soy responsable e independiente. Claro que sueño con un trabajo estable por mi hija y quienes son padres y madres saben que cuando una personita llega a tu mundo, uno hace lo que sea por los hijos. Lamentablemente, a veces suceden estas cosas, lamentablemente suceden”.
Gonzalo busca trabajo: su teléfono es 3815 40-6292