HISTORIAS DE ACÁ

"Hubiera sido un gran humorista": aplausos y adiós a Juan Carlos Toledo, mozo notable de Tucumán

Juan Carlos, Carliños, Toledo, el Pelao, ha dejado una huella con forma de sonrisa en el rostro de miles y miles de tucumanos y tucumanas que tuvieron la fortuna de conocerlo. A días de cumplir 70 años, se despidió de este mundo y su hija Susana relata quién verdaderamente fue y por qué fue tan amado. VIDEO

16 Jul 2021 - 23:52

Al gran Juan Carlos.

Había una broma que el gran Juan Carlos Toledo les hacía a esos invitados que le aparecían por el living de su hogar en Ciudadela y se dirigían derecho a la cocina para sacar algo de la heladera: “Sí, sí, pase, pase y siéntase como si estuviera en mi casa”, les respondía Juan Carlos.

Es la misma respuesta que su hija Susana Toledo, la más parecida a él en su carisma, les hacía a uno de los tantos amigos de su amado padre el último martes 13 cuando, a dos semanas de cumplir los 70 años, Juan Carlos, Carliños o simplemente Toledo se despidió de este mundo.

“Siempre hacía ese tipo de bromas mi papá y nosotros continuamos con el legado. Por eso nos reíamos en el velorio en mi casa el martes cuando se mandaban a la cocina: ‘Sí, sí, pase, pase, y siéntase como si estuviera en mi casa'. O les hago las mismas bromas a mis tres hijos, sus únicos tres nietos, que nos hacía mi papá: me quería convidar algo y en vez de darme lo que me iba a dar nos daba el dedo. O acercándonos las naricitas como esquimales y diciéndonos: ‘Goñi goñi goñi’”.

Rituales, bromas, chistes que un joven Juan Carlos Toledo les contaba a todos en Ciudadela donde era el único hincha de Atlético: “El único, de Atlético y de Racing, la oveja negra de la familia, con quien era imposible ver un partido porque sabía mucho del juego en general, era árbitro de hockey antes de conocer a mi mamá, entonces se calentaba por todo. Pero lo querían todos: él era espontáneo, el más risueño y más que nada repetía los chistes de los clientes".

Después de los tiempos de hockey, Juan Carlos y Marcia se mudaron un tiempo a Las Talitas, donde los milagros existen, por ejemplo: encontrar el calor de un hogar en una fábrica de hielo, en Chuy, donde Juan Carlos y compañera eran los caseros ya con Susana con dos años, quien relata sin repetir y sin soplar el derrotero de su padre una vez que se puso el traje con moño rojo para convertirse en uno de los tres mozos más importantes de la cultura de Tucumán.

“Fue un hombre realmente muy querido mi papá: donde ponía un pie, nadie se olvidaba más de él. Desde que empezó en el Bowling, Copacabana, en Diógenes, como reemplazo en Filippo o Il Postino, pero sobre todo en Café 25, siempre tenía una sonrisa para el otro. Así también era con la cámara, como en la nota con el Mocho en República del Tucumán, o con los movileros de Canal 8, siempre estaba él listo para dar una nota y ponerle su chispa, su humor, su inteligencia. Mi papá hubiera sido un gran humorista”.

En la nota con los amigos de República, Juan Carlos, Carliños, Toledo, le cuenta los secretos del encanto con los clientes conocidos o cómo hasta hablaba lo básico de cinco idiomas con los extranjeros de turno, o cuando le pidieron un café con hielo, pero sin lugar a dudas el momento más hermoso de la nota es cuando una clienta pasa por detrás de la nota y grita: “¡Es el mejor mozo del mundo!”

Con tanto amor todo el tiempo recibido junto, Susana Toledo recuerda como si fuera hoy lo que ese mozo notable era como padre: “Recuerdo un día que me estaban por sacar el apéndice en la guardia del San Lucas y me dormí en sus piernas, o cuando nos llevaba en la moto Daelim a las Patricias Argentinas siempre y si izábamos la bandera se quedaba y pedía llegar tarde al trabajo, o cuando mi hermana estaba enferma y mi papá hizo la promesa de que se sacaba el bigotes para siempre si se curaba y así lo cumplió, o cuando me llevaba en ayunas a hacer un análisis y mientras me llevaba a desayunar yo veía cómo lo saludaban todos: ‘¡Eh Juan Carlos! ¡Eh Carliños! ¡Eh Toledo! ¡Eh Pelao!’

Cargada de grandes gestos habla la vida de Juan Carlos como casarse con Marcia, y llevar una vida colmada de cariño genuino que no cesó ni aún cuando empezó con sus achaques de la salud: “Un día pisó mal, se rompió los ligamentos, y empezó a cojear. Después siguieron dolores de cadera y cintura, pero nada le impidió darme con el gran sueño de mi vida: me llevó al altar y bailamos el vals. Momentos así, cientos de momentos así, con un grande, con un genio, con un mentor, con un tipo con la chispa de Calliera, inolvidable para muchos, querido y respetado por todos”.

Así se casó Juan Carlos con la bella Marcia, damas y caballeros, ya con Damián vestido de azul.
Susana, el día de su casamiento, sonríe con su papá en el vals luego del altar: "Cumplió mi sueño".

En familia.


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