Hasta Eulogia Tapia fue al evento: Marta y Ernesto se casaron en La Poma en 1971, apadrinados por el tucumano Juan Carlos Pirlo y su esposa Corina Russo. La única imagen de la boda encierra un detalle que sigue causando carcajadas en la familia, 50 años después del evento: "Éramos maestros pobres pero la fiesta duró dos días".
La única foto del casamiento pomeño.
“Eulogia Tapia en La Poma, al aire da su ternura / Si pasa sobre la arena y va pisando la luna”. Así comienza la zamba de Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón que, lejos de ser una historia de fantasía, relata la vida de una mujer que vive en La Poma, pequeña localidad cabecera del departamento homónimo de la provincia de Salta, escondida entre los valles-
Y es allá, en esa localidad chiquitita y lejana que parece de acceso casi inhóspito, donde la Eulogia carnavaleaba toda la noche cuando la situación se prestaba, como se prestó el 23 de abril de 1971, el día que Marta Russo y Ernesto Portela se casaron, apadrinados por el tucumano Juan Carlos Pirlo y Corina Russo.
Durante la década del 60, estudiar en la Escuela Normal te daba la posibilidad de hacer un doble turno los dos últimos años y recibirte con el título de Maestro Normal Nacional. Con esta posibilidad bajo el brazo es que miles de jóvenes de todo el país partieron desde muy temprana edad de sus hogares en busca de trabajo, y muchos terminaron en parajes casi inimaginables, tal como pasó con Juan Carlos “Lito” Pirlo, quien llegó muy joven a Palermo Oeste, una localidad ubicada a 40 kilómetros de La Poma, el lugar donde transcurre esta crónica.
Una vez que Juan Carlos y Corina ya estaban juntos, fue cuando Marta llegó a vivir en Palermo para trabajar también como maestra. En un año, fue trasladada a la ciudad de la Eulogia Tapia, en donde casi de inmediato se enamoró del director de escuela Ernesto Portela, que ya era conocido amigo de su hermana Cori y su cuñado.
Al poco tiempo y con mucho amor de por medio, llegó el casamiento. Según la novia, el cura del lugar con los años le confesó que ella y el maestro Portela impusieron en La Poma un comportamiento distinto en los prometidos: “Ustedes han abierto la nueva cultura de los novios porque antes la gente no se besaba ni se daba la mano. Aquí, mi mamá y mi papá tuvieron 14 hijos y jamás los vi de la mano, pero nosotros éramos chicos y los veíamos a ustedes que se besaban y abrazaban en la plaza y decíamos: ‘Mirá: la señorita Marta y el maestro Portela se están besando’”.
La celebración de esta boda, lejos de los familiares de cada uno, se organizó de sorpresa en la pequeña escuela 75 de la ciudad de La Poma, algo bastante inesperado pues la familia de Marta era de Catamarca y la de Ernesto de Salta Capital. Ese día asistieron a la celebración los tucumanos Lito y su esposa Corina acompañados de Evy, su primera y única hija hasta el momento. En la fiesta estuvo el pueblo entero, y hasta la Eulogia Tapia, le cuenta Marta a eltucumano.
Ahora, un momento tan especial como contraer matrimonio es algo que valía quedar retratado por siempre en una imagen, pero algo “salió mal”. Y es que la única foto del evento tiene a los padrinos, a la novia, a algunos amigos pero… ¡No sale el novio!
Marta, hoy viuda pero siempre con el recuerdo de su esposo y padre de sus cuatro hijas, contó la historia en las redes junto a la foto: “Yo les voy a contar algo muy importante de mi vida. Éramos tan pobres que nos casamos sin fiesta, sin ropa de lujo, allá en La Poma. Estos eran los maestros amigos que asistieron a la festichola. La sorpresa fue cuando en la escuela 75 del pueblo estaba todo preparado por los maestros, vecinos, autoridades y el pueblo en general. Don Nicanor Mamaní el intendente también fue. La fiesta era con empanadas, cordero, locro, queso, choclos, todo bello y emocionante. Éramos maestros pobres, y la fiesta duró dos días, nadie se olvida. Lo gracioso de la única foto del casamiento es que el novio no salió, porque era el fotógrafo. Ernesto, vivimos 47 años juntos, fue hermoso”.
En la imagen podemos ver de izquierda a derecha a una de las hermanas Armonía, maestras de Palermo, al lado Evi, de 4 añitos, junto a su mamá Corina, la otra hermana Armonía, el maestro Nieva, Lito Pirlo, la novia de un jumper amarillo vibrante, y la señorita Benítez, otra invitada. Del director de la escuela, solamente se puede ver su silueta en la sombra.
Y es que la única maquinita de fotos de toda La Poma era de Ernesto, y nadie más que él sabía cómo utilizarla: “Después de sacar la foto se dio cuenta que no quedaban más, se tomaban de a 24 por rollo y las revelábamos cada tantos meses al bajar a Salta. Todas las maestras le hacían burla. Y la foto la obtuve después de muchos años cuando me la trajo una maestra, no sabía yo dónde estaba”, cuenta Marta.
Durante muchos años, cuando le preguntaban a Portela sobre el por qué no estaba dentro de la imagen, la respuesta era la misma: “Y bueno, todos querían salir en la foto, alguien la tenía que sacar”.
Los meses y los años iban pasando, y el grupo de cuñados se juntaba a compartir cada fin de semana atravesando 40 kilómetros de tierra en tractor. En esas noches de guitarra y asado, Marta recuerda que Ernesto le cantaba “Lunita Tucumana” a Juan Carlos, quien añorando siempre sus tierras natales no podía evitar lagrimear: “Yo lo amenazaba a mi cuñado cuando molestaba, con que le iba a hacer cantar la luna tucumana para que lo hicieran llorar”.
De ese jolgorio de dos días que sacó a este grupo de casi adolescentes tucumanos, salteños y catamarqueños de la desolación de vivir tan lejos, de ser tan adultos desde tan jóvenes y de cumplir después de todo obstáculo con el mandato y el mandamiento del matrimonio, solamente queda esta foto, y por supuesto, los recuerdos de todo el pueblo de La Poma que, pese a que han transcurrido 50 años desde ese evento, todavía se acuerdan del casamiento de la señorita Marta y del maestro Portela, mientras el nombre de Juan Carlos y Corina sigue sonando entre los silenciosos valles ya que juntos apadrinaron a decenas de niños y matrimonios en esa inhóspita localidad de Salta, hasta que regresaron a vivir en Tucumán durante los años 80.