En el Día de las Infancias, una profesional de la salud tucumana nos habla de la importancia de respetar la edad del menor.
El hecho de que el histórico “Día del Niño” haya modificado su nombre en Argentina por el “Día de las Infancias”, nos habla mucho de la importancia que se está poniendo al rol de la infancia en el desarrollo de un niño o niña que se convertirá en un adulto funcional.
Repensar en la infancia significa también referirnos a esta etapa o franja etaria en la que es necesario que los niños puedan ser niños, y que puedan vivir en un equilibrio entre responsabilidades y juegos. Hoy, hablamos con la psicóloga tucumana María Agustina Sánchez, que se refirió a la figura legal del menor y su importancia desde su la psicología:
“La ley 26.061 posibilita tomar al niño como un sujeto de derecho y ya no como mero objeto de las decisiones de los adultos. Hoy en día el niño tiene un lugar en el cual se valida, como diríamos desde el psicoanalisis, su decir dentro de un discurso”, le cuenta a eltucumano.
Tomar con los niños el rol de padre/madre o figura parental para dejarle saber que es un infante es fundamental: “Hoy en día estamos atravesando una época en la que muchos padres se ubican en una posición de simetríca con sus hijos, se escucha mucho esto del "con mi hija somos mejores amigas", "con mi hija compartimos la ropa" (en caso de los adolescentes, por ejemplo). Es importante marcar que entre padres e hijos no debe haber simetría”, informa, pensando en aquellos momentos en los cuales un adulto se molesta con su hijo por no haber cumplido con alguna responsabilidad que era para ellos, no para el menor.
Mucho se habla también, de la importancia de los límites en la infancia cuando se atraviesa la crianza, aunque a veces los límites se confunden y pasan a ser un exceso. En ese sentido propone una refexión: “Cuando un padre ejerce un castigo sobre su hijo, el objetivo sería poder transmitir "esto no está permitido". Pero, ¿en qué punto un castigo se torna excesivo? Una de las acepciones de la palabra "castigar" en el diccionario es la de "ejercer un dolor físico o moral a una persona, mortificar". Entonces, ¿es necesario mortificar al niño por la falta cometida? ¿Es necesario lastimar al niño por haber cometido un error? ¿Cuándo el castigo obedece a la función de delimitar los bordes entre lo permitido y lo prohibido, y cuándo obedece a un exceso de angustia por la impotencia paternal?”
Pensar en la importancia de respetar la niñez con límites, pero no destratando al menor y pretendiendo que es un adulto responsable, es muy importante, ya que pese a que cada psiquis puede ser analizada de manera personal, la profesional indicó que “Como posibles efectos de los excesos en las responsabilidades otorgadas, o en los castigos que se ejercen sobre los niños podemos pensar en adultos que suelen experimentar un súper yo demasiado severo a la hora de ejercer alguna función o asumir responsabilidades, ansiedad, ataques de pánico, crisis de angustia, inseguridad en la toma de decisiones, dificultades para la independencia, etc.”, cerró.
Y es que comprender que la infancia y el infante tiene derecho por sí mismo a transitar una crianza sana, a tener de sus figuras paternales la tolerancia y el marco de los límites ante las faltas cometidas, y por sobre todo, el amor, es lo que hará de los niños, adultos más felices.