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"Siempre pensé que mi hija era tímida": la angustia de una mamá tucumana

Guada tiene 8 años y todos pensaron que su timbre de voz y su actitud era por vergüenza o timidez. El diagnóstico llegó un poco tarde pero llegó: mutismo selectivo. Ahora, buscan más familias en la misma situación.

17 Ago 2021 - 20:38

Guada.

Poder hablar, pero no hacerlo: el mutismo selectivo afecta mayormente a niños menores de cinco años, y suele ser confundido con timidez o vergüenza extrema. Este tipo de mutismo tiene la particularidad de que hay ciertos contextos sociales en los cuales los niños se sienten inhibidos para hablar, en tanto pueden expresarse sin miedo cuando están en un espacio que consideran seguro, como su casa, su cuarto, o en donde sea que estén sus padres.

Guadalupe Cásares tiene 8 años y siempre fue considerada por su familia y compañeros como una nena tímida a la que le daba vergüenza expresarse. Elisa Paez, su mamá, tuvo un diagnóstico este año que derrocó todo lo que creía sobre la personalidad de Guada. A raíz de una interconsulta recomendada por la gastroenteróloga de su hija, comenzó a transitar un camino inesperado: “En la quinta consulta con la gastroenteróloga ella se sorprendió de que ella no le respondía nunca, y me sugirió llevarla al hospital Avellaneda en donde estaban los mejores especialistas para diagnosticar un posible TEA”.

Tras un mes de acudir al Hospital más de dos veces por semana, entre una fonoaudióloga, un psicólogo y un psiquiatra, se llegó a la conclusión de que Guadalupe podía hablar pero no lo hacía por padecer mutismo selectivo: “Cuando me explicaron lo que era yo no entendía nada. Me explicaron que no es autismo pero que tiene las mismas características o muy similares y por eso lo confunden. Esto es cuando a un niño le cuesta expresar sus emociones con otras personas, no te responde y si es que lo hace lo hace en un tono muy bajito y si se sienten presionados para hablar lloran y se ponen mal”, le cuenta Elisa a eltucumano.

“A muchos les pareció raro que no la hayan diagnosticado tempranamente en las escuelas, pero todos pensamos que ella era tímida, que era vergonzosa, o que es así porque es hija única. Mucha gente nos decía que yo o el padre éramos así tímidos cuando éramos chicos y que ella es igual”.

Y con respecto al aprendizaje, los estudios concluyen en que Guada tiene de hecho un coeficiente mayor al promedio de una niña de 8 años, por lo tanto, no hay algún tipo de trastorno neurológico o de aprendizaje en ella. Sin embargo, la preocupación de la familia de esta niña tucumana tiene que ver con lo que su hija sufre en los contextos sociales, y la falta de tacto de los demás para tratarla: “Yo a mi hija la llevo a los cumpleaños todavía, la acompaño para ver que no sufra, ella no levanta ni la comida de la mesa, y pasó el otro día que se le burlaron mucho por no querer sacarse fotos”.

Pensar en alguien que habla muy despacio o prácticamente no habla, remitirá a muchos en el recuerdo de algún conocido, compañero o familiar que escasamente se expresaba en las reuniones familiares, sociales o en la escuela. Y es que la misma falta de diagnóstico genera según Elisa que haya tanto desconocimiento y Bullying: “El psicólogo me dijo que el entorno no tiene nada que ver para desarrollar esto, pero que si perjudica mucho cuando el niño no está diagnosticado porque la misma familia le dice cosas como ‘Uy mirá, este es un mudo’, y esas mismas cosas lo van tirando más y más al niño, y se profundiza el problema, pudiendo llegar a un suicidio en la adolescencia. No quiero que le pase eso a mi hija”.

Lo que esta mamá le pide a la sociedad tucumana es que si alguien más tiene un hijo o hija con este diagnóstico, se contacte para que busquen la manera de generar un proyecto para que esta condición sea tema de conversación y capacitación en las escuelas, y para que haya más profesionales en los hospitales: “Solamente hay una fonoaudiologa especialista, la lic. Mónica Chebaia, y el psicólogo que tenemos es el Federico Cannizzaro, el hace el tratamiento a Guada desde Buenos Aires, trabaja en el Centro de Mutismo en Buenos Aires, desde allí se hace un tratamiento integral que cuesta alrededor de $100.000 por año, algo a lo que muy poca gente puede acceder”.

Finalmente, Elisa Paez cierra contando sobre lo que desea para su única hija de aquí en más: “Sueño que pueda involucrarse en la sociedad sin miedo, que no tenga miedo a la gente, a tomar una conversación. Estamos a tiempo, y sobre todo quiero que no se medique y pueda ser comprendida en todos lados, ella y todos los niños”.

Para contactarse con Elisa, su número de teléfono es: 3863531700

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