MIEDO

No les robes a los muertos: terror en el interior de Simoca

Una historia urbana cobra vida en el relato anónimo de una mujer que vive en Atahona, pequeña comuna rural del interior de Simoca.

17 Ago 2021 - 20:18

Cementerio.

Atahona es una pequeña localidad rural de Simoca que es fácilmente localizable desde la ruta 157, ya que un pequeño poblado a la vera de este desierto camino a Termas de Río Hondo, llama la atención de cualquier persona.

Como muchos saben, las localidades del interior suelen tener un poco más de historias en el campo de lo paranormal, y por supuesto que este pedacito de Simoca no es la excepción. Según relatan en las redes de “Tucumán Paranormal”, un suceso relacionado con el cementerio del lugar dejó en claro una leyenda urbana que circula en todo el mundo.

El relato contado en las redes de la página dedicada a contar sucesos extraños e inexplicables, habla de lo que le pasó a una simoqueña de allí cuando su hermana de Buenos Aires fue de visita:

“Esa tarde fuimos como todos los Lunes acostumbramos visitar al cementerio, llevando flores y una vela a nuestros familiares”, comienza. “En aquella oportunidad me acompañaba mi hermana con su familia que estaban de visita, ellos vivían en Buenos Aires por esos tiempos. Angela mi hermana, una vez que regresamos ya a mi casa en el campo, nos pusimos a tomar mate, mientras preparaba un jarrón con flores y les ponía agua, yo estaba por preguntarle de donde había sacado esas flores tan hermosas, pero en eso justo llegaron visitas y como en el campo la gente es hospitalaria, simplemente se me olvidó”.

Lo que muchos se imaginarán, es el origen de las flores que esta mujer colocó a modo de ornamentación en su casa, y las consecuencias (según el relato) habrían sido nefastas: “Ya todos estábamos durmiendo, cuando de repente se empezaron a escuchar ruidos en las ollas, y cubiertos en la cocina, seguidos de pasos, como de pies descalzos por toda la casa, por lo que yo empecé a rezar y me dormí rezando, pero hasta donde recuerdo, se seguían escuchando los ruidos, a veces cesaban por un instante, pero luego volvían con más intensidad”.

“A la mañana siguiente, mi hermana se levantó con el rostro pálido, había escuchado lo mismo que yo, pero vio para el lado de los pies de la cama la figura de una anciana encorvada, de rostro todo arrugado”. Tras confesar que había sacado las flores de una tumba de este campo santo ubicado en Atahona, lo siguiente fue devolver lo robado.

La historia de Sebastián Galbán cierra contando que nunca más volvió a repetirse este suceso paranormal en casa de Clara tras la devolución de las flores.

Pero el mito popular de que no hay que robar las cosas de los muertos no es algo nuevo, ya que diferentes culturas hablan del respeto a las ofrendas fúnebres que se les realiza a quienes están haciendo su descanso eterno. Y si hablamos específicamente de esta comuna que se originó a partir del ferrocarril, hay que tener en cuenta lo desolador del paisaje, algo que suma un plus a nuestra sugestión si nos ponemos por unos instantes en el lugar de Clara.

Comuna de Atahona.

seguí leyendo