HISTORIAS DE ACÁ

"Él me lo prometió": Rocío y la conmovedora historia con su papá, el querido Gordo Luis

Cuando él manejaba un taxi por las calles tucumanas, le compró un walkie talkie a su hija para estar siempre conectados. Ahora Luis está internado por Coronavirus en el Hospital Avellaneda, pero tiene a una familia de fierro que lo alienta y que ha tomado una decisión llena de amor en las horas que nadie quiere pasar. Qué dicen los médicos y qué sueñan con cumplir el 2 de octubre.

08 Sep 2021 - 16:53

Rocío y Luis. Fotos: gentileza de la familia.

El querido Gordo Luis y la mamá de Rocío todavía no vivían juntos y él ya sentía que tenía a la hija que siempre había querido: una pequeña de cinco años con la cual creó un vínculo que trasciende a todo lo imaginado: “Fue él quien me regaló la primera Barbie, pero no una Barbie rubia sino una morocha, de playa. Siempre la conservé a la Barbie porque me sentía representada pero sobre todo porque me la había regalado él, claro”.

Ese amor entre padre e hija mantiene como hilo a través de los años y los momentos vividos una complicidad intacta desde que Luis trabajaba en el taxi y un buen día, para no extrañar a Rocío mientras andaba por las calles de Tucumán, decidió comprar dos walkie talkies de Buzz Lightyear, el personaje de Toy Story: “Él siempre me llevaba al colegio, al Nueva Concepción. Y un día compró los walkie talkies: uno para mí, otro para él. Entonces cuando ya estaba cerca me decía por el walkie talkie que estaba por llegar. Así estábamos en contacto”.

A tono con los regalos a Rocío como la Barbie de playa, llegaron las primeras vacaciones de los tres juntos en Mar del Plata, largas estadías veraniegas de tres meses donde el dúo dinámico entre Rocío y su papá de alma, corazón y vida, siempre tenía el mismo código, el mismo guiño: hacer enojar a la mamá, aliarse entre los dos para sacarle un enojo hasta que la víctima de los molestos de la familia, ya sin nada que hacer, se rindiera y se riera junto a ellos.

“Siempre El Gordo fue cómplice conmigo para hacerle la contra mi vieja. Ella decía ‘A’ y nosotros ‘B’. Siempre fue mi figura paterna, desde que lo puedo recordar. Y a mi mamá ya no le quedaba otra que tomarse con mucho humor las cargadas que le hacíamos”, le cuenta este miércoles Rocío a eltucumano, luego de que su querido Luis diera positivo de Coronavirus y Rocío compartiera las capturas de pantalla de los imperdibles diálogos con su papá, tan conmovedores como el mensaje que ella compartió en las redes sociales: “Todavía me faltan muchas escabiadas con el Gordo. Les pido que recen (al dios que crean) por él y los invitamos a todos al megafestejo del alta”.

En el taxi para ir al Nueva Concepción, en la moto para repartir las empanadas del primer emprendimiento propio, con las compañeras de Rocío, con los trapitos cerca de la rotisería de la avenida Avellaneda, el Gordo Luis siempre tiene el humor en la punta de la lengua, siempre tiene un as bajo la manga, un apodo, un chiste, la capacidad tan simple y hermosa de hacer reír al otro, como a una compañera de Rocío a la que le gustaba el vino: “¡Eh! Ahí viene poca soda!”

Cómo será el cariño que le guardan las compañeras de Rocío a Luis que Rocío dejó el colegio en 2006 y él sigue siendo: “Luis, el papá de la Rocío que nos hacía jugar, el payaso de las reuniones”. “Cuando nos mudamos todos juntos, me dijo que soy la hija que siempre ha querido tener. Después vivimos las mejores vacaciones y tenemos mil anécdotas juntos. Nunca me voy a olvidar cuando un día estábamos tomando cerveza en el comedor y decimos: ‘Bueno, vamos a comprar más’. Como vivimos a cuatro cuadras de la Sarmiento, no nos íbamos demorar, pero el tema es que había un chico que me gustaba y estaba en un boliche de la Ejército y la Belgrano. Como íbamos cerca a comprar las cervezas, yo salí descalza. Y cuando nos quisimos dar cuenta estábamos los dos en la puerta del boliche viendo si estaba el chico: él mirando, yo descalza. Nos olvidamos de comprar cerveza”.

Cada anécdota, cada momento compartido durante esta entrevista, cada palabra es una palabra que Rocío siente que se parece a una bocanada de aire, a un aliento, a una arenga, a un vamos, Gordito, no me aflojés ahora, ¿no?, mensajes, momentos, recuerdos desbordados de energía para que Luis se ponga bien, para que de hecho, después de haber sido ingresado al Hospital Avellaneda, haya pasado la primera noche con buena saturación, un mensaje alentador de los médicos, quienes han recalcado a la familia la importancia de estas cosas, de revivir estos momentos íntimos que se comparten en la nota, todos buenos sentimientos que llegan al ánimo del paciente.

“Antes de que ingresara a terapia intensiva, le permitían tener el celular. Desde ahí nos mensajeamos todo el tiempo y me dijo que no ve las ganas de que le den el alta para compartir un asado con mi mamá, conmigo, con mi novio y con Benicio. Y además se tiene que poner bien porque el 2 de octubre cumplo años y me firmó en una servilleta la promesa de mi regalo: dos barriles de cerveza tirada”, se permite sonreír Rocío en este momento, dueña de un humor heredado por Luis, gracioso, sarcástico, compinche con el yerno.

A la espera del asado del reencuentro soñado, del asado más esperado, Rocío es prudente y optimista: “Nos dicen que esperemos, que es una persona de mucho riesgo, pero que tratemos de levantarle el ánimo. Luis tiene un nietito, Benicio, de 3 años que lo ama como a nadie y a quien yo cuido como él me lo pidió. Hace poquito, le dijo: ‘Papá. te amo, volvé’. Nos dijeron las enfermeras que Luis les contaba de él, de mí, de mi mamá, de quienes somos sus motivos para salir adelante. Y los médicos insisten en que son todas motivaciones: se lo veía en un buen panorama y tiene ganas”.

Por último, y aunque tiempo al tiempo, Rocío se permite cerrar los ojos por un instante e imaginar el regreso de su papá a su casa: “Nos veo a todos yéndolo a buscar, a todos juntos viniendo en el auto, entrando a la casa, y él preguntándonos hasta que vea los chinchulines, las entrañas, el riñón y sobre mucho ají y solo cerveza Norte y nada de esas artesanales, lo imagino al Gordo Luis preguntándonos: ‘¿Y el asado?’”.

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