Tras el reconocimiento espontáneo de la sociedad que generó su muerte por coronavirus en septiembre del 2020, su familia decidió recopilar recuerdos, anécdotas y semblanzas escritas por personas allegadas a él. El recuerdo de una persona al servicio de los demás y una “nueva forma de duelo”.
Foto Gentileza de Horacio Baca Amenábar.-
La mañana del 12 de septiembre de 2020, Tucumán se conmocionaba por la noticia de la muerte de Jesús Amenábar, reconocido médico del Centro de Salud e incansable luchador de los trabajadores autoconvocados de la Salud.
A más de un año de su muerte, su recuerdo no quedará en un simple aniversario de muerte, ya que como una manera de procesar el dolor de su ausencia, su familia decidió inmortalizarlo en un libro que será presentado el próximo 3 de noviembre en el teatro Rosita Ávila, llamado “Homenaje a Jesús Amenábar. Semblanzas y Recuerdos de un hombre que marcó nuestras vidas”.
“Su muerte fue inesperada porque se estaba recuperando. Estuvo bastante tiempo internado. Fue tremendo para mi vieja como su hermana del alma, para su familia, sus hijos… Estábamos hechos mierda”, le contó sobre ese sábado a eltucumano.com Horacio Baca Amenábar, sobrino del médico y uno de los que impulsó a su familia a realizar una obra en honor a su tío.
Sin embargo, ante tanto dolor, la reacción de los tucumanos sorprendió a sus seres queridos más cercanos, que significó algo de alivio ante la pérdida. “Hubo un reconocimiento espontáneo social muy grande. Fue muy denso lo que pasó, de golpe había muchísima gente contando anécdotas de Jesús. Cuando lo sacaron del Centro de Salud hubo una caravana que lo siguió hasta el San Agustín”, recordó sorprendido. Luego trato de explicar este fenómeno: “En mi opinión tiene que ver con su forma de ser porque él era conocido, porque fue campeón de natación, porque estaba en la lucha de los autoconvocados, era profesor de la facultad. Pero en la forma en la que él construyó ese cariño es porque laburaba todos los días como un enfermo, atendiendo gente en todos lados, de todas las clases sociales y en todas las circunstancias”.
Estas muestras de cariño llevaron a Horacio y a su prima Delfina Amenábar a buscar la manera de que la figura del doctor no quede en el olvido. “Se me ocurrió la forma de preservarlo y propuse a su familia directa a Maria Emilia (su esposa), a sus hijos y a Delfina, hacer un libro”, señaló este editor que luego relató el proceso de construcción del trabajo. “Hicimos una convocatoria a las personas que podía interesarle escribir, como médicos, gente del Centro de Salud, de la Facultad (de Medicina), de los autoconvocados, de la música clásica y de la Natación. Pensábamos que iban a escribir unas 20 personas y fueron más de 70. Fue como una reacción muy positiva y fue una forma de seguir procesando sanamente el duelo, juntarnos, arreglar quién iba a hacer los textos, diseñar”, explicó el joven que corrigió con ayuda de su madre los textos enviados: “Fue como una manera de hacer otro tipo de duelo”.
“Quedó hermoso el libro, quedó grande. No es una biografía sino un conjunto de recuerdos, anécdotas y semblanzas. Como otra forma de ver la vida de alguien. Más de 70 personas contandote algo distinto. Ese formato es más sanador que hacer una biografía de él. No estamos proponiendo que era un tipazo, sino que uno lee que era un tipazo: ‘nos ayudó, tocó el piano en tal lugar, salió campeón, defendió a los trabajadores de la salud’”, detalló.
Y reflexionó: “Creo que a Tucumán le cuesta construir recuerdos. Le cuesta recordar las cosas de los últimos 10 años. La forma de construir memoria es destacar lo que nos parece valioso, no solamente que es lo malo, sino lo valioso, como alguien que podría haberse quedado en Francia a ganar un montón de guita y se vino a dejar la vida al sistema de salud y terminó de la peor forma, a morir a manos de este virus”, destacó Horacio, que aseguró que el libro fue pagado íntegramente por la familia Amenábar y que lo recaudado por la venta será destinado para el servicio de cirugía del Centro de Salud, donde el doctor trabajó durante décadas.
Ante la consulta sobre si los mensajes de cariño y las diferentes anécdotas que surgieron a raíz del fallecimiento de su tío lo sorprendieron, Baca Amenábar afirmó que lo vivió de dos formas: “Tenía la sensación de que tenía un privilegio, de que tenía un tipo muy formado, muy empático, muy solidario y que se preocupaba por mí porque yo era su sobrino, además de tener una muy buena relación con él. Como que yo tenía acá un ángel guardián. Cuando se murió Jesús, lo primero que me impactó fue que todo el mundo pareciera que había perdido al ángel guardián, una garantía, a la persona que acudían cuando las papas queman”, confesó. “Hubo una orfandad colectiva de alguna manera, mucha gente se sentía más segura con Jesús, no solo desde el punto de vista de la Salud sino también de la lucha gremial, de su presencia en la facultad. Mucha gente dependía de él y vivía interpelado por los demás. Ahí me dije que yo no era el único privilegiado, sino que había muchos de que había un tipo que naturalmente le gustaba ayudar a los demás”, contó. Y añadió: “Evidentemente no soportaba las injusticias, ver a los demás desahuciados”.
“Lo segundo es que Jesús nunca se propuso convertirse en esta especie de héroe que terminó siendo. La mayoría de las personas tratan de buscar el prestigio, todos hacemos cosas para ser prestigiosos. Jesús nunca hizo nada. ¿Por qué terminó en ese lugar? No por haber inventado algo, o haber hecho un gran acto de demagogia. Fue por una acumulación de mucha gente a la que ayudó, más allá del deber formal de un médico del sistema público, porque después se siguió acordando, preguntando por sus hijos. Creo que esa es una forma de llegar al prestigio y reconocimiento que es muy distinto a los demás”, finalizó.