Misterio y dolor: el lunes 26 de enero de 2015, Gaby fue hasta la esquina de su casa para entregar ropa de sus hijos a su expareja. De ahí hasta este momento, nadie más supo nada de su paradero.
El 26 de enero del año 2015, Gabriela del Carmen Moreno salió de la casa de su mamá en barrio Belgrano, para encontrarse en la esquina con su expareja y entregarle dos bolsas con la ropa de sus dos hijos, que se encontraban pasando las vacaciones en su casa.
Desde ese momento hasta hoy, nadie más supo nada. Su madre, Isabel González, vive un calvario desde que cayó en la cuenta de que hace más de un año la causa fue elevada a juicio, y no habían sido notificados: “Nos enteramos cuando fuimos a preguntar, la semana pasada”.
“Jamás nos dijeron nada, no notificaron ni citaron, nada. Eso que tienen mi teléfono, nunca cambié la dirección. Yo hubiera buscado un abogado, yo no sé cómo manejarme, no sé nada de las leyes, nadie me dijo que tenía que ponerme un abogado para ser querellante y seguir el juicio. Yo tuve un accidente en 2018 y estuve sin mover los papeles, hasta el día de hoy no sabemos de Gabriela”, reveló la mamá de la mujer desaparecida hace seis años.
“Yo había viajado a Buenos Aires ese verano, y ella me dijo que iba a tener a los chicos en mi casa hasta que yo vuelva. Desde esa noche no apareció más. Hasta el día de hoy no tuvimos noticias de ella, no hay indicios de nada. Hasta hemos hecho excavaciones, por pedidos, la fiscal Giannoni me dijo que iban a hacer allanamientos. Yo la soñaba en un pozo de agua, y la fiscal me decía que a veces una madre presiente y por eso me dijo que haríamos excavaciones, hicieron pruebas de luminol y todo pero mi hija no está en ningún lado”, dijo para eltucumano la madre de Moreno.
En un primer Momento, su expareja y padre de sus dos hijos, Juan Héctor Barrionuevo, estuvo detenido como principal sospechoso, pero fue liberado por falta de pruebas. “Mi hija jamás se habría ido de la casa, ella dejó documento, celular, el día anterior ella se había comprado un home theater, mis hijas me contaron que ella había estado bailando el día anterior feliz todo el día, incluso había comprado cositas para festejar el cumpleañitos de él”, nos cuenta.
“Cuando ella se ha desaparecido, el mayor tenía 5 años y el menor 2. A esa edad una madre no deja sola a las criaturas. Gabriela estaba tranquila, estaba feliz, había vuelto a su cuerpo normal, había engordado. Ella pesaba 34 kilos cuando volvió a la casa tras separarse, ella sufría maltrato, hostigamiento, violencia. Yo nunca la mandaba sola a ningún lado”, recuerda Isabel.
“Gaby, ya más tranquila después de separarse unos meses antes de desaparecer, estaba trabajando en una cafetería en el Mercado del Norte, junto a mi hija Celeste. Ella es la que la vio al último. Se estaba independizando, tiene el secundario completo, ha sido una buena hija para mí, siempre fue mi mano derecha, una buena hermana, ha sido todo para nosotros, era la mayor”
Los años sin Gaby
“El paso judicial a seguir es que podamos ser querellantes y defendernos, que se aclare, no es justo. Ya van a ser siete años que mi hija no está, siete años que esas criaturas no tienen a su madre, ellos piensan que ella va a volver, a ellos les dicen que se fue a trabajar. El más grande cree que hablamos cosas malas de su papá, nosotros no sabemos cómo decirles las cosas porque no queremos dejar de verlos. Yo me he aguantado todo este tiempo para poder seguir viéndolos, pero ya es mucho tiempo, ya no más”, rompe el silencio, la madre de la mujer desparecida que debería tener 31 años en este momento.
“Estos siete años sin mi hija, yo estuve moviendo todo, yo era sola, me separé de mi marido, todo lo que hacía lo hacía sola, después tuve un accidente, estuve dos años sin caminar. Iba en la moto y por un desnivel de la calle en el Camino del Perú y la San Juan la moto cayó sobre mi pierna, tuve aplastamiento de platillo, tibia y peroné, no pude caminar y cuando quise hacerlo se me lesionó el tendón rotuliano, en total estuve dos años sin poder caminar, me compuse la pierna como he podido, sin ir a fisio en la pandemia, así que si piso mal me caigo, no puedo subir escaleras porque me caigo, no siento la planta del pie. Yo tengo que manejarme en remis porque si bajo mal del colectivo me caigo. Nunca recibimos ayuda, los fines de semana voy a cuidar autos, ya no puedo trabajar en casas de familia como lo hacía antes, necesito sustentarme yo misma así que cuido autos”, nos explica la madre de Gabriela Moreno, detallando su compleja situación económica y de salud.
“Me es difícil pagar un abogado. Soy capaz de vender todo lo que tengo para pagar un abogado, pero si no me notifican no me enteraré”.
“Yo hasta fui a videntes, no te dicen nada puntual, una señora me dijo que mi hija estaba viva pero que estaba lejos, eso me dijo ella, me dijo que estaba en Córdoba, pero no me dijo el lugar, eso es lo único que me dijo, otra me dijo que estaba viva porque la soñé en agua y el agua es vida. Siempre pienso que ella está viva, nunca pensé que le pasó algo, creo que le entregaron mi hija a alguien, no quiero pensar que ella no está más, no quiero creer que mi hija está muerta, quiero creer que mi hija está viva”, se explaya Isabel, evocando el recuerdo de su hija mayor.
“A mi hija le pedí que se separe, muchas veces, por años no venía a casa para las fiestas, recién cuando estuvo separada pasamos Navidad y Año Nuevo juntas. Ella le contó a mi cuñada que en su casa no comía, que le daba manzanita rallada a los chiquitos a escondidas, que la encerraban con llave, que le pegaban con fierros de la pileta, tantas cosas que yo me tuve que enterar cuando se desapareció”, nos confiesa.
El paso que espera la familia de la joven mamá que desapareció la noche del 26 de enero, cuando tenía 25 años, es que el juez Raúl Cardozo acepte que puedan ser querellantes a pesar del paso del tiempo desde que el juicio fue elevado el año pasado. La causa se encuentra en la Fiscalía n° 2.