Gabriel Conde trabaja como seguridad de un boliche y en sus momentos libres estudia para poder cumplir con su sueño de ingresar en la guardia urbana: “Me cuesta un montón, pero le estoy metiendo muchas ganas”.
Gabriel estudiando en la puerta del boliche donde trabaja. Foto: Ina Casanova.
Son las cinco de la mañana y es el momento más álgido de la noche del sábado en Yerba Buena. Detrás del portón, el boliche explota, pero a Gabriel Nicolás Conde eso poco le importa. De este lado del portón y de la noche, se sustrae un momento del ruido y aprovecha la única luz para repasar sus apuntes. En eso lo encuentra Ina Casanova que hace una pausa en su trabajo como fotógrafa de un cumpleaños de quince, sale a la calle a fumar un pucho y lo encuentra: de impecable traje negro, sentado en una banqueta y con el cuaderno en la mano. Es la foto que toma Ina para retratar el instante y un sueño que no conoce de horarios ni lugares. Ese sueño, es el sueño de Gabriel. Esta es su historia.
“Te voy a hacer famoso”, le dijo en broma Ina al momento de tomarle la foto. Gabriel le respondió que ya lo era. En marzo de 2019, eltucumano.com contaba la historia de un joven tucumano que buscaba de forma desesperada un trabajo. Para conseguirlo, había arrancado una hoja de cuaderno y escrito con birome y a mano alzada su curriculum. En la carta, que entonces se volvió viral en las redes sociales, el joven de 17 años contaba que necesitaba trabajar porque tenía a su cargo a sus hermanos menores y que había trabajado en una empresa de seguridad privada donde no le pagaron. También explicaba que había dejado la escuela secundaria para poder llevar el pan a su casa. Hoy Gabriel tiene 20 años y una historia de sacrificios y perseverancia.
“Yo había dejado la secundaria en el 2018 y volví en el 2020. Hice la nocturna en la escuela Thames, me faltaban dos años. Estudiaba mientras estaba trabajando en una empresa de seguridad en Burruyacú. Me compré una computadora de esas del gobierno por 8000 pesos y puse internet en mi casa para poder seguir las clases… Con eso he podido estudiar y he terminado la escuela el año pasado”, cuenta Gabriel que no se conformó con terminar sus estudios secundarios, sino que fue por más: “Quería seguir estudiando porque estaba buscando para entrar a la policía, pero me costaba porque tenía que trabajar más para pagar los cursos. Ahí fue que se me ha complicado la vida porque me quedé sin trabajo, me corrieron de donde estaba”.
En sus años trabajando como personal de seguridad tuvo varias malas experiencias y sufrió la precarización laboral: “En este trabajo me encontré con mucha gente mala, hasta personas que me han hecho la plata. Nunca me alcanzaba porque me debían y no me pagaban, yo lo mismo seguía trabajando y buscando changas porque no me quedaba otra”. También tuvo que defender la propiedad privada por unos pocos pesos la hora: “Me encontré con muchos ladrones y tuve experiencias donde me han querido robar a mí o entrar a robar en una casa que estaba cuidando. Yo siempre estuve ahí y puse el pecho para que no roben, pero gente que no valora eso”.
“A mí me gustaría llegar más lejos que donde estoy ahora. Trabajo los fines de semana en los boliches de Yerba Buena donde me contratan. Durante la semana no porque estoy estudiando para entrar a la guardia urbana. El sábado estaba a full porque rindo esta semana. Yo a todos los trabajos siempre he llevado mis apuntes para estudiar, muchas veces, a las personas no les interesa que vos estés estudiando y no te permiten… O estudiás o trabajás, te dicen. Había un hombre al que yo le decía que me pase para trabajar a la noche porque yo tenía que estudiar de día, pero no me quería pasar y yo le dije: ‘me voy porque tengo que seguir estudiando’. Donde estoy ahora me ponen en la puerta, ellos me dan la posibilidad de estar afuera para que pueda estudiar y siempre me preguntan cómo la llevo. Yo les agradezco porque me dan esa motivación, ese ánimo de seguir”, cuenta el joven que vive sólo con su abuelo Manuel Conde en Yerba Buena.
Gabriel tiene un sueño y un plan para lograrlo. Lo piensa como si fueran distintas etapas en un camino que, muchas veces, se presenta colmado de diversos obstáculos. Eso no lo amedrenta, él sigue: “Me cuesta un montón, pero le estoy metiendo muchas ganas. Hay gente, compañeros, que me dan una mano y me están ayudando. Yo le pongo ganas porque tengo que aprobar todo para quedar. El primer paso fue trabajar como seguridad, ya son tres años que tengo de experiencia. Ahora quiero entrar en la guardia urbana y, después, en la policía. Mi sueño es ingresar a la infantería”.
Su padre trabajaba como guardia de seguridad hasta que falleció en 2016. Cuando Gabriel era niño siempre lo veía como un policía, pero sus ganas de ser parte de la fuerza, asegura, le vienen de antes: “Siempre me ha gustado, desde chico, yo me veía en ese sueño, es como que de nacimiento ya tenía esa mentalidad”. Para poder cumplir con esas aspiraciones esta semana va a ser crucial: “Esta semana es la última semana y se define: si aprobás quedás y si desaprobás, lamentablemente, perdés la oportunidad de entrar. Me está costando mucho porque acá tenés que estudiar varias materias como derecho municipal, derechos humanos, derecho penal… sobre violencia de género, familiar, infantil… Estamos estudiando mucho para entrar. Yo sé que esto me va a ayudar mucho para entrar a la policía, para mí es un aprendizaje para el día de mañana”.