Camisa hawaiana, top cruzado, sanguchitos aplastados, anana fizz explotado en el freezer, parlantes verederos que nos enfiestan mientras compiten entre sí, y un calor infernal: Navidad otra vez y el Jardín de la República lo sabe.
Imagen de Blasberg.com
Parecía mentira, quisimos negarlo mucho tiempo, intentamos hacer de cuenta que no iba a suceder pero no podemos frenar la verdad: la Navidad ha llegado otra vez, rápida, apresurada, arrebatada.
Este viernes, como una promesa de “lo mejor” que pueden esperar algunos de un fin de semana, es Noche Buena, y el sábado, Navidad. El consuelo interno personal, es el de tener dos días para recuperar el cuerpo de una noche que suele ser de excesos, pero la promesa interna en cada familia es la misma siempre: “Este año vamos a comprar todo con tiempo para no andar a las corridas a última hora, y no vamos a cocinar tanto, siempre sobra”. Como dijera una famosa frase, “las mentiras tienen fecha de caducidad”, y este 24 de diciembre caducó otra vez la mentira de hacer todo con tiempo.
Basta con ir al centro de cualquier ciudad de Tucumán en la previa a la Navidad para ver un desfile de pelopinchos que parecen caminar solas, a lo que se suma una bolsa de regalo tras otra que cargan este 2021 prendas más o menos similares: la remera con diseño de flores, el estampado de palmeras, la chomba de estilo hawaiano, el top de lurex, las bombachas rosas, y los infaltables vestiditos rojos y brillosos que se imponen cada año más fuertemente, como un accesorio obligado para festejar el cumpleaños de Jesús.
¿En la panadería? Cola por el pan de miga. ¿La fiambrería? Cola para pedir el jamón, el queso, la paleta, el salame. ¿En el drugstore? Hasta última hora se disputan las coca colas más fresquitas para llevar a casa en una jornada que rozó los 38º en algunas zonas de la provincia, pensando en esta bebida negra como ese premio de etiqueta roja tan necesario para una noche “de paz”. Lo cierto es que, a las corridas o relajados, la Navidad volvió a hacerse presente en Tucumán, y la orgía gastronómica otra vez es moneda corriente. En las carnicerías, hace tres días no se consigue pernil de cerdo, y ni hablar del peceto para los sanguchitos de ternera. Si sos amigo del carnicero, tal vez pueda venderte sobre la hora ese pedacito de peceto que tenía reservado en el fondo de la cámara frigorífica.
Si bien hay costumbres que cada año van mutando, algunas permanecen y se hacen presentes en este tipo de eventos: cocinar, cocinar y cocinar. Desde temprano, los más jóvenes de la casa saben que hay una tarea para los “mantequitas” de la familia, y es la ensalada de frutas. Pelando, picando y rebanando, el clima navideño se fue haciendo presente desde muy tempranito en muchas casas de Tucumán, al tiempo que el horno saca chispas con un pollo relleno, pizzas, empanadas, y todo lo que históricamente nos gusta a los tucumanos y tucumanas.
Sin embargo, este año parecen triunfar las elecciones frescas que podemos guardar para el día siguiente: sanguches de miga, vitel toné, ensalada rusa, arrollado de matambre, torre de panqueques, picada… aparentemente de a poco nos vamos moviendo de esa ilusión norteamericana de degustar platillos humeantes y cálidos en un clima que roza con el calor descripto por el mismísimo Dante.
Y si de cosas que dan calor hablamos, es innegable este año la fuerte presciencia de los memes y videos pasivo agresivos que hacen referencia a las fiestas en familia: aguantar a la tía chusma, al tío baboso, al primo facho, la abuela con comentarios machistas, convivir pacíficamente la noche con los primos que siguen usando pirotecnia para divertirse aunque el Boby se nos escape asustado y regrese mordisqueado por los perros de otro barrio a los tres días, o aunque sepamos que nuestra vecinita con autismo se la pasa encerrada en el baño, parecen no ser una opción, y la generación millenial tucumana se ataja con bromas desde hace días, como antesala de una nueva manera de planificar las fiestas de fin de año, con menos hipocresía y con nuevos paradigmas que apelan al ejercicio de la memoria a la hora de compartir con nuestros consanguíneos.
Entre estos nuevos paradigmas, la ola de contagios que tendrá cientos de tucumanos aislados en ambas celebraciones, el calor que será el puntero de este sábado 25, el dolor de un nuevo diciembre que suele respirarnos siempre encima para quienes preferimos dejar pasar de largo este tipo de fechas, y la locura por las compras desmesuradas, no podemos negarlo más: la Navidad ha llegado otra vez, aunque haga calor, aunque haya moscas y mosquitos, aunque se nos pongan blanditos los turrones y aunque nos exploten los anana fizz en el freezer. Como siempre, los tucumanos con la mejor cara, la mejor música en los mejores parlantes verederos, con una montaña de sanguches apelmazados en la heladera a la cual los resacosos le harán honor durante todo el cumpleaños de Jesucristo, presentaremos batalla.