Hace casi 60 años falleció su hermana, pero cuando llega diciembre, la recuerda con un Belén en miniatura que te hace sentir un niño otra vez: con 83 años, don Chicho Risso Patrón volvió a armar un pesebre mágico, gigante y... ¡del tamaño de una habitación!
Don Chicho con su pesebre 2021.
¿En qué pensamos cuando decimos pesebre? Seguramente la mayoría evocará ese lugarcito en la casa en el cual se armaba una pequeña casita, para mostrar el alumbramiento del niño Dios, mismo espacio en donde se ubica el arbolito navideño, y en donde muchos esperamos encontrar inclusive siendo adultos, un regalito que lleve nuestro nombre escrito cuando llega diciembre.
La realidad es que el término alude a aquellos espacios en donde se alimentan a los animales en las zonas rurales, y es precisamente en un lugar de este tipo, donde la historia dice que nació Jesús. Más de 2000 años después, las personas seguimos representando este momento, pero seguramente pocas personas lo hacen como don Chicho Risso Patrón.
83 años tiene este jubilado monterizo que supo ser conserje de la escuela Normal, y de esos 83, la gran mayoría los ha usado cada diciembre para armar su famoso pesebre. Sin embargo, esta tradición no nace directamente de don Chicho, sino que surge de su hermana, Esther, quien hace 67 años, comenzó con la costumbre de armar un gran alumbramiento en la casa familiar. Esher falleció siendo muy joven, y su hermano Chicho decidió mantenerla viva a través de esta tierna costumbre que año a año se hacía más grande.
“El año del fallecimiento de mi tía no se hizo, y el año que siguió retomó mi papá, fue principalmente por el amor a su hermana, como una manera de mantenerla viva”, le explica Cecilia Risso Patrón, una de sus hijas, a eltucumano.
Primero en su casa paterna y luego en su domicilio de casado en Lamadrid 194 (Monteros), don Chicho mantiene viva una tradición que se hizo costumbre e idiosincrasia en la familia, los amigos, el barrio, Monteros y, sobre todo, en su corazón.
“El pesebre se hace en el living, obviamente que hay sillones, mesas, armarios, cuadros. Él saca todo eso y lo distribuye por toda la casa para armar el pesebre. Es toda una filosofía este armado. Mi papá empieza a pensar cada año cómo hacerlo, porque siempre tiene algo nuevo, desde noviembre ya nos empieza a decir cómo hacerlo al pesebre. Esto es una representación colectiva entre los vecinos, amigos, familia… mi otro tío, Guillo, que falleció también, lo ayudaba cuando partían al cerro a buscar el musgo”, detalla.
Sobre la costumbre de traer el musgo, Ceci lo recuerda como un momento inolvidable de sus veranos en la infancia, pues acompañada de los niños y niñas del barrio, partían junto a su papá o su tío a recolectar el musgo colgante en algunas zonas del cerro, para luego pasar una tarde de diversión en el río.
“Traíamos unas 10 bolsas, la juntábamos con el musgo que ya tiene mi papá. Ahora estamos todos grandes, pero antes cuando veníamos de buscar el musgo siempre se quedaban todos armando el pesebre, ahora son los nietos de mi papá los que se emocionan con la magia del pesebre, es lindo ver eso, se alejan de la tecnología un poquito y se imaginan todo y viven ese relato mágico de la Navidad que tanto les gusta”, relata, emocionada.
El pesebre, que ocupa toda una habitación y que puede ser visto desde la calle a través de la ventana de ese living, queda solamente a media cuadra de la plaza principal de Monteros, y es descripto como una creación colectiva: “Al frente vivía Chuleta Pirlo, una vecina, nos daba siempre animalitos. Siempre se arman casitas con cajas de zapatos por ejemplo. A veces encontrás cosas que no tienen relación al nacimiento de Jesús pero hay muchos elementos regalados, es algo colectivo. Cada año lo va haciendo más grande, siempre va cambiando. No es una repetición, de acuerdo a los sentimientos en cada año se hace de una u otra forma el pesebre”, nos confiesa Cecilia, sobre los elementos que integran esta recreación de una de las escenas más famosas de la historia de la religión.
Entre el 8 y el 10 de enero, don Chicho comienza la titánica tarea de desarmar el pesebre gigante, algo que no es sencillo: “Él tiene hace mil años una caja gigante de un televisor Telefunken en donde guarda la mayoría de las cosas, y otras varias cajas que las usa para colocar cuidadosamente cada imagen, son muy delicadas, les pone papel de envolver, telgopor, las ama. Las figuras las cambió un par de veces. Hace como tres años una persona de San Miguel de Tucumán le regaló imágenes, mi tía Patricia Manca las pintó, ella es hija de Esther. Mi papá está entre 5 y 8 días haciendo el pesebre, Patricia de guantes cociendo musgo, es muy emocionante, así recuedan a mi tía juntos, mientras todo el barrio está esperando que Chicho haga el pesebre. Mi papá tiene devoción por su hermana”.
Risso Patrón nos confiesa que esta tradición de su padre “Va un poco más allá de lo que tiene que ver con la religión, pero nosotros somos religiosos entonces esta representación del milagro de Belén de Dios que se hace niño y de la humildad de nacer en un establo habla de la perseverancia, de la fortaleza, del amor hacia los seres queridos, mi papá lo encuentra en el amor a su hermana y lo trasladó a la familia, siempre todos esperamos que se arme este pesebre, la necesidad de creer y crear algo para la comunidad de Monteros”.
El año pasado, una de las hijas de este conocido y querido vecino de la ciudad, falleció. A pesar de que toda la familia asumió que los ánimos no estarían dispuestos para armar el pesebre, don Chicho con más de 80 años y mucha predisposición, volvió a recordar a su hermana Esther y a alegrar a toda la familia con su habitación convertida por un mes completo en Belén.
Si tenés ganas de conocer el pequeño Belén de Tucumán, podés ir cualquiera de estas noches a Monteros, a media cuadra de la plaza, en Lamadrid 194 (casi en la esquina de calle Tucumán), te vas a encontrar con don Risso y su esposa, sentados en la vereda de su hogar, felices de dejarte ingresar al mismo y adentrarte por unos instantes en un mundo miniatura, en donde los animalitos, las casitas, las montañas, una cascada, luces, y un nacimiento, te llevarán tiernamente a revivir tu infancia por un rato.