Historias de acá

“No lo vendería”: Sergio y El Barco, un amor de cientos de miles de kilómetros

Es el vehículo con el que labura, sale de vacaciones y recorre el país siguiendo al Deca. Sergio está tan orgulloso de su Peugeot 505 que subió su foto a un grupo de autos clásicos y recibió felicitaciones, pero también críticas: “Creo que va a tener su últimos días conmigo”.

30 Ene 2022 - 09:12

Sergio y El Barco, un solo corazón.

“Vamos de paseo, en un auto feo, pero no me importa…”, reza la popular canción infantil de Pipo Pescador que muchos hemos cantado en esos largos viajes familiares veraniegos que marcaron nuestras infancias en los ochenta y noventa. Los hijos de Sergio Omar Andino, Ian y Maia (de 9 y 17 años) bien pueden haberla entonado alguna vez, pero saben que “El Barco” es un vehículo fiel; un fierro algo ajado por el paso de los años, pero de porte galante y andar placentero a la hora de encarar las rutas en plan vacacional. En el fondo y como canta otra canción: la pinta es lo de menos. El viejo Peugeot 505 de Sergio no será el más fachero, pero nunca perdió su bondad.

A fines de diciembre del año pasado, Sergio Omar salió de Tucumán y encaró otra vez las rutas por más de 900 kilómetros a bordo del 505 SR modelo 1994 que familiares y amigos bautizaron con cariño como “El Barco”.  El destino era Córdoba para visitar familiares desparramados por distintas localidades y pasar unos días junto a Ian y Maia en el Miramar cordobés: Miramar de Ansenuza, la localidad ubicada en la costa sur de la laguna de Mar Chiquita reconocida por sus aguas saladas. Después de todo, no hay barco sin mar y el de Sergio conoce de distancias. Río Negro, Comodoro Rivadavia, Mendoza, Formosa, Corrientes y hasta Bolivia son algunos de los lugares recorridos, ya sea para pasear o para seguir las incursiones de Atlético de visitante. A pesar del tiempo que lleva rodando, El Barco siempre supo estar a la altura de las circunstancias o como sintetiza Sergio: “Me lleva y me trae, nunca me dejó a gamba”.

Cuando regresó el 8 de enero a Tucumán, Sergio compartió orgulloso una foto de El Barco en Miramar en el grupo de Facebook dedicado a los autos clásicos y antiguos “Fierros Oxidados”.  Ahí la mayoría de los comentaristas lo felicitó por el Peugeot, pero también hubo quienes lo criticaron por la apariencia del vehículo que evidencia algunas cicatrices del inclemente paso del tiempo sobre la chapa surcada de cicatrices. “Me ha causado curiosidad que mucha gente que conoce el vehículo ha hecho comentarios buenos, la verdad que es algo que me emociona porque este auto me ha dado muchas emociones. También hubo mucha gente que por ahí no creía que había ido y recorrido esa distancia con el auto. Uno me decía que era imposible que llegue hasta ahí… Claro, me he hecho traer el cartel de Miramar hasta Tucumán”, dice entre risas el hombre de 39 años que se tomó los comentarios insidiosos con humor y aclara: “A veces, la estética no tiene nada que ver. Creo que no hay que juzgar por lo que se ve en la primera impresión, no porque alguien no vista bien eso significa que no sea una buena persona… No hay que juzgar por las apariencias”.

“Es un auto que tiene mucho confort, aunque reconozco que ahora le falta algo de estética. Lo que pasa es que yo trabajo con el auto y no puedo pararlo para hacerle esos detalles. Te aseguro que es un vehículo que, a la hora que sea y en las condiciones que sea, anda. En estos nueve años que lo tengo conmigo nunca me he quedado tirado en la ruta, no sé que se le haya roto algo, o que se haya parado, le funciona todo… He andado de punta a punta el país en el auto”, asegura Sergio que de fierros algo entiende ya que tiene su propio taller mecánico en Las Talitas en la calle Walter Villafañe 3302.

La relación de Sergio con El Barco arrancó en 2013 cuando lo cambió por un Fiat 1500 y una moto que tenía. Entonces el 505 estaba fachero, pero con el corazón roto. Él se encargó de repararlo para que vuelva a rodar: “Cuando me lo entregaron estaba bien estéticamente, pero estaba fundido. Lo saqué al motor y lo hice a cero. Desde entonces, mecánicamente, no le hice nada. Sólo le hice chapa dos veces ya”. Lo recibió con 220.000 kilómetros y el odómetro ya marca 470.000. Sergio y El Barco llevan ya 270.000 kilómetros compartidos de un amor incondicional. Si trazamos una línea recta desde el Ecuador, la circunferencia de la tierra tiene una longitud de 40.075 kilómetros, es decir que en estos nueve años Sergio y el Peugeot han dado varias vueltas, de ida y vuelta, al mundo. Como las carabelas de los conquistadores europeos en el siglo XV, El Barco lo ha llevado a recorrer mundos nuevos. Y siempre ha llegado a buenos puertos.

El Barco es una de las 1.351.254 unidades de Peugeot 505 que se produjeron en todo el mundo desde que comenzó a fabricarse en Francia en 1979 como un modelo sustituto del 504. En nuestro país, se fabricaban en la planta de Sevel de El Palomar y llegaron a producirse 91.500 unidades hasta 1995. En estas tierras, el modelo estuvo disponible con distintas motorizaciones, tanto nafteras como diésel, y potencias. Con el tiempo, se convirtió en un auténtico auto de lujo en la Argentina. El afamado médico René Favaloro supo manejar un 505 ST que le obsequió el dirigente Antonio Cafiero en agradecimiento por haberlo operado, ese auto actualmente se exhibe en el Museo Juan Manuel Fangio de la localidad de Balcarce. Para Sergio, fanático de la marca gala, llegar a tener el suyo fue cumplir un sueño: “Yo siempre he sido hincha de Peugeot, antes tuve el Peugeot 404 y un 504 diésel”.

Cuando se lo escucha hablar de su auto es más que evidente el orgullo que el mecánico siente: “A mí lo que me gusta del vehículo es que, a la hora que vos le das marcha, anda. Es un auto muy fiel, para mí, es lo mejor que he visto y eso que he visto un montón de autos en el taller. Es increíble la comodidad y el confort que tiene al andar, el espacio del habitáculo, los levanta cristales, el aire… A mis hijos les encanta, lo primero que piden es que les prenda el aire acondicionado; es impresionante el aire que tiene, te congela”.

En los comentarios de su publicación se generó todo un debate acerca de las ventajas y desventajas de salir a las rutas en un auto con tantos años sobre el lomo. Para él es una cuestión relativa que depende del estado del vehículo: “Para mí en el tema de seguridad los autos nuevos tienen mucha más mejoría, claro, pero en el tema de confort está peleada la cosa. Los autos de ahora tienen mucho menos espacio en el habitáculo y este es un auto cómodo. Además, te aseguro que es muy buena la mecánica”.

Por estos días, Sergio está pensando en adquirir un auto más nuevo para trabajar, pero no piensa en cambiarlo al Peugeot porque ese sería un acto de infidelidad después de tantos kilómetros y vivencias compartidas. Tampoco quiere jubilarlo, sólo darle un mejor pasar: “Me ha dado muchísimas satisfacciones. Varios me lo han querido comprar, pero no lo vendería porque no tiene precio. Lo quiero restaurar bien, no me quiero deshacer, lo quiero dejar lindo y que quede para salidas especiales. Creo que el auto va a tener sus últimos días conmigo y yo mis últimos días con él”.

seguí leyendo