La popular drag queen está enamorada y la historia de ese romance inconcluso es la novela tucumana del momento. La confesión, la búsqueda y una respuesta que aún no llega: “Hay historias de amor que no son para ser vividas”.
Gloria, la diva enamorada.
No es el amor sobre ruedas de Rolando Rivas taxista ni el romance pasional que protagonizaron Luisa Kuliok y Jorge Martínez en La extraña dama ni el melodrama histórico que vivieron Osvaldo Laport y Grecia Colmenares en Más allá del horizonte. Tampoco se trata de esos amoríos tortuosos que se ven en las novelas turcas actuales. La famosa drag queen Gloria Oh vive por estos días la novela de amor tucumana del momento, pero no se trata de esos idilios edulcorados de la ficción, sino de un relato con final abierto. No es el punto final sobre el que alguna vez cantó el gran Koly Arce, sino unos puntos suspensivos que se alargan en la incógnita del qué vendrá. Mientras todos siguen por las redes sociales el minuto a minuto de este entuerto amoroso, Gloria, acostumbrada al destape impúdico de sus carnes turgentes, ahora desnuda su músculo más íntimo y sensible: el corazón. Acompáñenme a leer esta ¿triste? historia.
Diosa de la sensualidad nocturna y actriz protagónica de las desbordadas perversiones que la habitan, Gloria Oh parece cargar en su aljaba más flechas que el propio cupido. Sin embargo, en este día de San Valentín todavía no hay quién le apague tanto incendio. Amor hay y de sobra, aclara. Ahí donde las distancias van perdiendo su espesor, lo que falta, si es que falta, es un cuerpo para amar. “Ya hice de todo, toda una campaña. A mí no me jode rebotar en el amor, lo que no entiendo es que haya personas que no son capaces de dar una respuesta cuando alguien se está entregando. Devolverle al otro una respuesta es un acto de amor porque hay alguien que está detrás de ti; alguien que está dando pelea por vos, que está en la lucha. Cuando alguien se me ha entregado por amor siempre he tratado de ser bondadosa. En el amor hay que ser claro, no sé si es difícil o es fácil, pero es sí o no”, adelanta la diva autóctona el prólogo de esta historia de amor.
Para comprender de qué habla Gloria hay que remontarse a una madrugada de hace un mes atrás en el ocaso de una fiesta en el Aeroclub. A esa altura de la noche y agotada por el trajín del baile, ella no quería saber nada con nadie. Pero cupido no se fija en esas cosas. Ella hizo todo por ahuyentarlo como quien espanta a un mosquito molesto, pero ni cupido ni el galán que se acercó con nobles intenciones le hicieron caso. Ahora confiesa que todo fue un error del cual se arrepiente: “Al final de la fiesta se me acerca un chico con ciertas intenciones. La verdad que yo estaba muy insoportable y lo primero que pensé fue ‘cómo hago para que se vaya’. Entonces le dije que era torta y la besé a su compañera de trabajo delante de él. Después, nos quedamos charlando y en esa conversación me resultó un bombón”.
Arrepentida de su accionar, empezó una búsqueda en las redes sociales para dar con el chico que la había encandilado. Quería revertir los efectos de esa primera impresión. Descubrió que Santi (el nombre del protagonista estelar de la novela) trabaja como mozo, entonces envió un mensaje a la cuenta del bar a través de Instagram, la misma red social donde fue relatando los progresos y retrocesos de esta historia: “Escribo al bar y me dicen: ‘ya le vamos a entregar tu mensaje’. Yo iba publicando historias con la búsqueda y todo el mundo me preguntaba si ya lo había encontrado. Los del bar me escribían, pero no me facilitaban el enganche. Yo les decía: ‘decile al chango que lo amo’. Pero no me pasaban su teléfono para que me ponga en contacto con él”.
Dama de armas llevar, Gloria tomó al toro por las astas y fue a buscarlo al lugar donde trabaja: “Pasaron como dos semanas y me presento al bar con una amiga dispuesta a encararlo. Me estaba gustando mucho el chango. No lo conocía, pero me gustaba. Creo que el amor también viene de la ilusión que uno mismo se construye. Me acuerdo que ese día estaba insegura, torpe, tartamuda… Estaba nerviosa, son situaciones que, por más que ensayás, te sale todo mal”. La noche se acortaba y ella seguía pensando en una estrategia para que Santi se acerque y la reconozca: “A mi amiga se le ocurre llamarlo para que nos saque una foto. Viene y nos sacaba, pero nada. Me sacó como setenta fotos. Entonces me animo a preguntarle si se acordaba de mí y nada. Claro, cuando él me vio esa vez yo estaba toda producida y esa noche en el bar estaba normal. Ahí me dice que lo único que se acobardaba de mí es que me gustan las mujeres y que había besado a su amiga. El vago pensó que era 100% torta. También ahí descubro que nadie del bar le había transmitido mi mensaje”.
Sin resignarse a una derrota, tomó valor y fue hasta la barra para hacer algo que era muy común en los boliches durante la década del noventa, pero que, con el advenimiento de las nuevas tecnologías, cayó en desuso: pidió un papel y una lapicera para anotar su nombre y su número de teléfono. Ustedes son muy jóvenes, pero los lectores que hayan transitado las pistas de Makalú o de Coyote recordarán con inevitable nostalgia la importancia de esos momentos en que se sellaba con tinta una declaración franca de intenciones amatorias; un misil teledirigido de corazón a corazón o de bragueta a bragueta, según el caso: “Le di mi número y le dije que quería pedirle disculpas por lo que pasó esa noche, le dije que estaba muy de mal humor y que no era mi intención ser cortante con él. También le dije que no soy torta y que esperaba que me escriba. Entonces me dio un beso, me abrazó y me dijo que me iba a escribir”.
“Yo estaba re ilusionada, creía que me iba a escribir apenas salga del bar, pero me escribió al día siguiente por la tarde. Fue corta la charla y me dijo que labura todo el tiempo. Me digo algo así como ‘ya voy a ver si me hago un tiempo para vos así compartimos algo’. Yo a todo esto lo fui publicando en las historias de Instagram. Hice una encuesta y ahí se dividido el público, los heterosexuales me dijeron que corte, que un vago cuando te dice eso es porque no tiene interés. O sea, si alguien me gusta, me hago tiempo. Los gays me decían que no me rinda”, comenta Gloria con un dejo de desilusión lo que fue ese primer y efímero contacto.
No conforme, valiéndose una vez más de las redes, redobló la apuesta para conseguir ese momento tan deseado con Santi: “Hice una encuesta y lo etiqueto al bar pidiendo que le den una noche libre para que tenga una cita conmigo. Entonces la encargada me dice que le habían dado permiso, pero que él no quería tomarse la noche”. Esa fue una estocada certera a su corazón, pero no una puñalada definitiva: “Yo hice todo lo que pude, rompí mis miedos. En situaciones así no me importa ser una pelotuda, pero no me escribió más ni un hola cómo estás ni me reenvió un meme… Nada. Me había ilusionado. Desde el principio esto ha sido una declaración de amor para mí, yo le declaré mi amor, pero me parece que se ocultó, desapareció… Vaya a saber por qué…”.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió, cantó alguna vez Joaquín Sabina. Lejos del melodrama melancólico del amor no correspondido, Gloria celebra que haya pasado lo que pasó; eso que a ella le pasó, el paso de cupido y sus consecuencias: “Hay historias de amor que no son para ser vividas y esta ha sido una historia linda, copada. A mí me ha divertido esta historia, no la he sufrido. Todo lo que yo hice construye lo que soy hoy, todo lo que uno puede hacer por amor, como romper las barreras de la timidez y de los miedos, es bueno y se lo debo a él y a su amor imposible y a ese deseo no consumado. Hay que romper con esa idea de que el amor nos pone medio tontos, el amor nos tiene que potenciar y llevar a nuestra mejor versión porque el amor potencia”.
“Tengo otra concepción del amor, hay muchas formas de amar, entre ellas, el amor ausente. Hay que celebrar que estás enamorado, pero con la ausencia del otro. Que cupido te haya flechado no significa que el otro te pertenezca ¿Por qué no celebrar el hecho de que cupido nos metió la flecha en el orto? Ese acto es suficiente para celebrar hoy. Que el otro responda al mensaje es un milagro, pero sino sos un bendecido igual porque un Dios te miró y te dio una herramienta para ser mejor”, comenta en tono filosófico a diferencia de lo que muchos esperarían: el tono lastimoso y sufriente de quien ha sufrido el desamor. Nada de eso, Gloria celebra el amor que ahora la atraviesa como esas picas donde Vlad Tepes empalaba a sus víctimas. Pero ella no se siente víctima ni sufre. A su manera, goza.
¿Espera Gloria un mensaje de Santi que cambie el rumbo de esta jornada de San Valentín? Su respuesta es contundente como las saetas de esos angelitos de culitos rozagantes: “No pretendo nada de él, no lo voy a obligar porque eso no es amor. El amor es copado, es hermoso, pero no te tiene que volver una persona insensata. Cada vez que cupido toque a tu puerta te tiene que encontrar mejor. He celebrado San Valentín porque estoy enamorada, aunque no estoy con él. El estado que tengo es fabuloso. A él no le diría nada más… Quizás gracias porque hizo que me haga unas pajas tremendas, que él me haga volver a erotizarme conmigo es maravilloso. Ese estado cachondo es genial, pero no se dio con él, se dio conmigo, él fue una pulsión, como un trampolín”.