HISTORIAS DE ACÁ

"Todo lo bueno vuelve": Janet, la vida de una mamá que conmueve al Hospital de Niños

Durante la etapa más crítica de la pandemia, las salas colapsaron de pequeños tucumanos internados. Pero ella, junto a un grupo de mujeres incansables, se quedaron a cuidarlos sin poder salir a la calle. Allí vivieron lo impensado. Qué pasaba a las noches y la noticia más esperada.

02 Mar 2022 - 19:42

Janet y su bebé. Tiene tres hijos y un corazón que no entra en esta nota.

Janet Mendoza tenía 13 años y ya desde entonces se cruzaba a la casa de su tía Elvira Linares en el barrio 24 de Septiembre. La razón era maravillosa: “Mi tía hacía rehabilitación infantil y aprendí todo de ella. Mientras yo la veía atender a los niños, ella me decía: ‘Siempre que puedas ayudar al otro, hacelo’. Y después mi papá, que vendía flores, agregaba: ‘No importa cómo estés económicamente, todo lo bueno vuelve’. Así crecí: siempre faltaron cosas, pero nunca amor”.

Ese aprendizaje de vida es el que acompaña a Janet en todos los pasos que da en su vida, ya casada y con tres preciosos hijos, la menor de ellos la pequeña Josefina, de 1 año y 4 meses, a quien debieron internarla en el primer piso del Hospital de Niños en el momento más crítico de la pandemia en Tucumán cuando muchos pequeños presentaban problemas respiratorios y solo se permitía que mujeres los cuidaran sin poder salir a la calle hasta que recibieran el alta. Aquí, en el Hospital, es donde transcurre esta historia. 

“Mi gordita se enfermó de una infección pulmonar y cayó internada. Había muchos niños enfermos y sí, solamente permitían cuidadoras mujeres, los papás no podían ingresar. Entonces la mayoría de los nenes estaban con vecinas, con tías y con sus mamás, claro. Así fue que conocí a un grupo de mamis y entre ellas a Mica, una madraza, una flor de madre, quien no podía dejar más de faltar al trabajo y tenía a su hijo Lukitas, de 5 añitos, también internado y con la necesidad de masajes de estimulación todas las noches para que pudiera estar mejor. Así empezó todo”, le cuenta Janet este miércoles a eltucumano.

“Durante las noches, mientras hablábamos a través de un vidrio, Mica me decía lo que necesitaba el gordito. Entonces yo esperaba que a las 3 de la mañana, cuando se fuera el médico de guardia, una enfermera o la chica de la limpieza me hicieran el gesto: ‘Ahora podés ir que no hay nadie’. Me cruzaba, hacía la preparación, quería empezar con los masajes pero al principio él no quería saber nada. ‘Salí, no toqués, salí, salí’, me decía. Era tremendo y me costó una banda ganarme su confianza. Lucas tiene síndrome de Down y al principio les cuesta mucho entrar en confianza con alguien que no conocen. Tiene pie equino y le dolían mucho las plantas de los pies. Me costó al principio, pero después empezamos el tratamiento”.

Mientras el marido de Janet buscame sin encontrar globos de globología para los nenes internados, la mami que también había sido animadora infantil desde chica logró que recién al cuarto intento pudiera empezar a trabajar con Lukas: “Era un momento muy especial, de película. Todos dormían y ahí estábamos: haciéndole masajitos en los pies, en las articulaciones, en las piernas, todo lo necesario para que el gordo se pudiera poner de pie y pudiera caminar porque pierden masa muscular al estar internados. Ya en confianza le hacía sonido de animales, cuentos, le hacía masajitos como tipo bicicleta, reflexología en los pies, lo que el tiempo permitiera. Siento que me gané el mundo cuando me enteré que le dieron el alta”. 

De hecho, cuando a Lukita le dieron el alta, se fue con su mamá Micaela a su casa y, entre la tranquilidad de estar ya todos juntos de nuevo, Micaela buscó a Janet para agradecerle todo lo vivido juntas: “Quería encontrarla para agradecerle lo que hizo por mi hijo. Janet tenía a su bebé internada y mi hijo estaba en la sala de al lado, y cuando su bebé se dormía iba todos los días a hacerle masajes en sus piernas a mi Lukita. Fueron  casi dos semanas enteras en que ella estaba 30 minutos o 1 hora ayudando para que pueda caminar y estar sin dolor. A pesar de su situación siempre me dio palabras de apoyo. Nunca me cobró un peso cuando me dijo que estaba muy mal económicamente. Hasta se ofreció ir a domicilio y seguir con la estimulación. Le dije que no tenía para pagarle y me dijo que no le importaba. Hoy mi nene te recuerda con mucho mucho amor y espero algún día poder verte encontrarte en algún lado. Nunca se me ocurrió pedirte el número, pero mi Lukita y yo te agradecemos muchísimo. Muchísimas gracias”.

Ese mensaje de agradecimiento de Mica se viralizó y llegó a Jan a través de una compañera de la primaria que la etiquetó. “Lukitas fue muy especial para mí, pero esta historia es la de muchas mamis que entre todas, durante semanas, estuvimos juntas, sin salir del Hospital, compartiendo todo. Dormíamos en unos sillones cuando podíamos, una le tomaba la saturación, la otra hacía las mamaderas, compartimos las comidas, el agua, nos bañábamos juntas, compartimos un jabón par lavarnos la cara, nos cuidamos entre todas, una de las mamis trabajaba en una panadería y nos mandaba facturas. Todo así: mientras nuestros hijos estaban internados en el momento más crítico de la pandemia”.

Hoy, miércoles 2 de marzo, el día que los niños tucumanos volvieron a las aulas y el sol salió con todo para iluminarles la sonrisa, Janet respira: “La mayoría de los chicos está bien. Solo a una nenita le quedó una secuela. Incluso sé que Lukitas, que estaba con una bronquitis, ya se encuentra mejor. Con Micaela, con Jimena, con Adriana, con todas las mamás armamos una familia y entre todas cuidamos a nuestros hijos. También en el 9 de Julio fue excelente la atención, pero no me pasó lo mismo con otras mamás, mucho más frías y que ni siquiera te hablaban. Por eso para mí el Hospital de Niños es único, el mejor pese a que muchos tengan ese recelo porque es público”. 

Antes de continuar a las corridas con todos los preparativos para el segundo día de clases de sus dos hijos mayores, Jan quiere dejar un mensaje a todas las mamás: “Quiero que cualquier mamá sepa que siempre estoy dispuesta a ayudarlas. Me especialicé mucho porque mi mamá tiene Parkinson y me desesperaba mucho cómo ayudarla. También sé que nuestros adultos mayores necesitaban mucho cariño, mucho amor, todos andan estresados, contracturados y los masajes, los drenajes linfáticos, todo ayuda. Sé lo que la gente necesita. Me lo enseñó mi tía, a quien no pude despedir porque estaba por dar a luz a mi segundo hijo. Durante el parto, casi me muero por una hemorragia masiva, pero me salvé porque muchísima gente se acercó a donar sangre. Así es Tucumán: aquí hay muchísima gente buena que no te conoce y te ayuda. No sé por qué, pero así somos y aquí estamos”.

Quienes deseen comunicarse con Janet pueden hacerlo al siguiente teléfono: 3813 55-5364

Imágenes de los momentos vividos por Janet y las mamás del Hospital de Niños:


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