VIOLENCIA DE GÉNERO

"Yo no tenía ni artículos de higiene personal": salir de la violencia de género, después de 20 años

"Yo nunca supe manejar plata. Nunca le pude pedir para una toalla femenina, un desodorante, un shampoo": los conmovedores testimonios de dos inspiradoras mujeres que sufrieron la violencia de género en todas sus formas.

11 Mar 2022 - 21:03

A pesar de que pareciera que hablar de violencia de género es un tópico que ha pasado de moda, lamentablemente nunca es suficiente la concientización sobre el flagelo que se vive en muchas familias tucumanas. Y si pensamos en un testimonio de una mujer que lo haya vivido en carne propia, es una realidad que se hace todavía más palpable. Este es el caso de dos mujeres que después de 20 años de dolor y tristezas acumuladas, rearmaron sus partes para salir adelante y animarse a pedir ayuda: Claudia y Patricia.

Patricia logró separarse de su agresor hace tres años, y con cuatro hijos en común: “Yo era una ama de casa sin amigas, aislada, sin amistades, sin tiempo para mí, no conversaba con nadie. Las cosas empeoraban cada año, la violencia no solo era física sino que también económica y verbal. El alto lo dije cuando llegó esa violencia a mis hijos. Yo soportaba, o pensaba que podía soportar, creía que eso conllevaban los matrimonios, pensaba que era algo que le pasó a mi abuela, a mi mamá, que alguna vez se iba a calmar, que con el tiempo todo se calmaba”, confiesa. “Lamentablemente es común pensar que el otro va a cambiar si analizamos el círculo de la violencia que ahora conozco, hay un ataque, un perdón, un momento de calma y otra vez el golpe. Yo pensaba que iba a cambiar. Alguna vez tenía que tener un alto”.

Patricia estaba estudiando enfermería, pero los problemas a raíz de su búsqueda de un título eran muchos, por lo tanto, para resguardar su vida y su paz tuvo que quedarse en casa durante 20 años.

En el caso de Claudia, también fueron dos décadas las que convivió con su agresor y padre de su hija: “Ya en el noviazgo él era violento. Yo no lo hablaba porque me amenazaba que iba a contar que teníamos relaciones a mis padres, me daba muchísima vergüenza. Así fue que un día quedé embarazada y me casé por eso, mi familia tenía muy mala situación económica y yo no podía llevar más gastos a mi casa, y me fui a vivir con él y su mamá, su mamá me apoyaba mucho. Pensé que con un niño en camino íbamos a estar mejor, pero al tiempo su mamá murió y quedamos solos en casa, fue peor”, comienza su relato para eltucumano.

 “Tomaba mucho, el alcohol era el detonante de su violencia, él tomaba y volvía así a la casa re violento durante 20 años. Cuando íbamos a las fiestas familiares yo siempre de cara larga, con cara de mala, todos lo murmuraban, hablaban mucho de mi supuesta mala onda… pero era porque yo sabía que cuando terminaba la fiesta empezaban los reclamos porque supuestamente había mirado a uno, o le había sonreído a otro… nadie entendía que mi cara era por lo que pasaba, no porque yo fuera mal educada o mala onda. Pero yo no lo hablaba, nadie sabía, me daba vergüenza. Me fui alejando de mi familia, de mis amigos, dejé mi carrera porque no me apoyaba de ninguna manera, me ponía trabas. Me dediqué a la casa, estuve encerrada años”, nos cuenta mientras llora, seguramente recordando el infierno que le tocó pasar.

Hablar de violencia de género tiene muchas aristas. Quizás las más identificables son la violencia física y la psicológica o verbal, pero hay una violencia terrible a la que muchas amas de casa se ven sometidas y de la que poco se habla: la violencia económica. “Cuando yo necesitaba plata para cocinar me limitaba, me dejaba muy poca plata y tenía que hacer magia con eso, y cuando llegaba la comida a la mesa también me reclamaba. Ni hablar de cuando necesitaba un par de zapatillas, una remera… pasas la necesidad, cuando querés vestirte o estrenar algo, para vos o los chicos, pasas esa necesidad… y ellos no se miden para gastar en sus cosas, en sus salidas, en sus vicios”, recuerda Patricia, evocando ese mismo círculo vicioso de la violencia económica, en donde además de no poder trabajar, no disponía de recursos.

Mientras escucha atentamente a Patri, Claudia se identifica con esta violencia económica y compara: “Si a ella le dejaban 200 pesos para cocinar para seis personas, a mi directamente no me dejaban nada. Él compraba todo para comer, nunca me dejaba nada de plata, él hacía las compras, creo que nunca mezquinó para la comida pero se comía solo lo que él decía, nunca consumíamos pan del día con mi hija, solamente comíamos del pan del día anterior o de dos días antes. Él hacía todas las compras, yo nunca supe manejar plata. Nunca le pude pedir para una toalla femenina, un desodorante, un shampo, jabón, para él eso no era mercadería entonces no había que comprar nada de eso. Yo lo normalicé, para mí eran gastos que bueno, no había que hacerlos para que alcance para comer. Por años normalicé no tener artículos de higiene personal y para mí eso era normal, no se lo decía a nadie”, revela Claudia desnudando por completo una terrible situación que vivía en su casa, en donde no podía contar con algo tan básico como un jabón o pasta dental.

Si quería ir con mis amigas a festejar un cumple a merendar, para no tener tanto problemas iba con mi hija, ellas no sabían lo que yo pasaba en casa, muchas veces tuve que ver sus caras de malestar o escuchar sus murmuros de que yo siempre caía con mi hija, pero no sabían que era para no tener violencia al regresar, aunque igual me pasaba pero menos. En mi caso yo no hablaba porque tenía miedo de que no me crean, mi exmarido en la casa era una cosa y en la calle otra. En la calle él era sonriente y simpático, y yo la cara mala, quedaba mal siempre yo con la gente. Nadie sabía que si yo llegaba a sonreír a alguien en la casa había violencia después. Yo sabía que si yo charlaba o tenía buena cara cuando iba gente a mi casa, ellos se iban y empezaba el problema para mí. Cuando empecé a ir al Consejo de la mujer me enteré de que había casos peores que el mío inclusive”, comenta.

Y es que estas dos mujeres revelan haber podido salir adelante gracias al asesoramiento estatal, y a los programas nacionales para víctimas de violencia de género. Ambas, pidieron asesoría legal y contención psicológica en el Consejo Municipal de la Mujer, Género y Diversidad de Monteros: “Cuando acudí con Paula, la coordinadora del consejo, fui muy bien atendida, yo y mis hijos fuimos contenidos, tuve la contención psicológica que era la principal, contención económica también, yo  nunca pensé que me podía encontrar con esta calidad de personas que son las chicas. También tienen un grupo lindo de abogadas y nutricionistas. Me ayudan hasta ahora, son como amigas. Hoy en día estudio, salgo con amigas, hago cursos, me conecté conmigo, me reconozco como otra persona, me conozco, manejo mis horarios, digo no, antes no decía no. Trabajo también, estamos en el programa ‘Acompañar’, y esto ayuda muchísimo. Mi consejo es que denuncien, hay organismos como estos que están para eso. El primer paso es difícil, caes en un pozo y sentís que no te vas a poder levantar. Las profesionales te ayudan día a día”, recomendó Patricia.

En cuanto a Claudia, llegó al Consejo gracias a su hija, que pidió ayuda a una profesora de la escuela al ver que su mamá padecía diabetes y que su padre no le permitía salir a hacer ejercicio para bajar de peso: “Yo entraba y salía llorando del consejo. Una piensa que está en un pozo del cual nunca va a salir. Hoy en día doy gracias de haber estado ahí, ahora estudio para chef, vendo ropa interior, es decir, tengo un emprendimiento, tengo un trabajo, antes no lo tenía, depender económicamente de un hombre es tremendo. A mis 43 años por primera vez manejo mis propios ingresos. Yo siempre pensé que no iba a salir adelante, aceptaba todo pensando que no podría, te hacen creer que no sos capaz de nada. Cuando recibí ayuda psicológica me di cuenta de lo capaz que somos las mujeres y de que podemos salir adelante. Hoy a los 43 años salgo adelante, alquilo, yo me fui con una mochila y las prendas de mi casa. Ahora alquilo gracias al Acompañar, tengo un colchón y nada más, ni una cama, pero la felicidad y la paz y la tranquilidad no la tenía en la tremenda casa que tenía antes. Hoy puedo salir a caminar, ni eso podía por mi salud. Ese fue mi detonante, tengo diabetes y me operaron de tres tumores, dos en la mama y uno en la glándula salival. Es porque nunca hablaba, aguantaba todo. Esto afecta la salud, de la nada me enfermaba”, nos revela Claudia con una sonrisa que se acompaña de lágrimas, lágrimas que por ratos son de felicidad y por ratos de angustia cuando evoca los momentos que vivió en el proceso de poder correrse al fin del lugar de víctima en que la puso su expareja, para convertirse en protagonista de su vida.

El primer día en el consejo me dieron una ayuda económica, fui al súper y me compré un dentífrico y un desodorante… no tenía ni eso. Yo me había escapado con mi mochila y empecé a trabajar cama adentro, ahí me daban de comer pero no tenía nada de higiene personal. Les quiero decir que sí se puede salir, pidan ayuda, hablen. Yo viví un infierno por 20 años, por vergüenza, por no hablar. Uno no sabe que hay gente que te ayuda, que está para esto, no es como antes. Quiero que mi hija estudie, es la única herramienta que le puedo dejar para el futuro, yo seguiré estudiando trabajando y peleando para que ella tengo un futuro distinto al mío. Yo por enamorarme y ponerme de novia dejé todo, él me prometió que me iba a ayudar a progresar y no fue así” cerró Claudia, confesando y jurando que su única hija no vivirá lo mismo que ella.

Por su parte, Patricia también quiso cerrar esta nota con un consejo para todas las mujeres: “Estudien, estudien, estudien y estudien. Un título nunca te va a decir ‘ya no te amo’ ni te va a dejar en la calle. Ya eso es una gran herramienta para salir, para tener lo tuyo. De eso dependerá tu independencia”.

El programa “Acompañar” se otorga a nivel nacional y está dirigido a mujeres y LGBTI+ en situación de violencia de género de todo el país. Su objetivo principal es fortalecer la independencia económica de mujeres y LGBTI+ en situación de violencia de género. El mismo consiste en brindar un importe económico equivalente al Salario Mínimo, Vital y Móvil por 6 meses consecutivos a mujeres y LGBTI+ que se encuentran en situación de violencia de género. También incluye un acompañamiento integral con el acceso a dispositivos de fortalecimiento psicosocial para las personas incluidas en el programa, coordinado con los gobiernos provinciales y locales. Podés informarte más en el siguiente enlace.

 En la capital de Tucumán se puede acudir por asesoría a la Secretaría de la Mujer, al Observatorio de la Mujer.

 

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