HISTORIAS DE ACÁ

"Me sentía olvidado": la razón del llanto de Martín y los tucumanos con el corazón más grande

Tiene 63 años, vive en un camino perdido en el pequeño pueblo de Balderrama, cerca de Simoca, y su drama es el de muchos. Pero cuando menos lo esperaba, el milagro. VIDEO

06 Abr 2022 - 23:43

Martín.

Martín de Balderrama tiene 63 años y está llorando. Hace unos minutos había escuchado pasos entre los pastizales, voces acercándose a la pieza de barro donde vive solo, en medio de la nada. Nervioso por el momento, el hombre salió del cuchitril y recién se relajó cuando las vio llegar: Johana, María Cruz y Érika, presentes donde nadie nunca jamás ha llegado. 

“Balderrama es un pueblo que queda al lado de la localidad de La Rinconada, en Simoca. Martín vive ahí, en un camino perdido, donde no habita más nadie. Cerca hay una familia pero se está por mudar a Famaillá y Martín está por quedarse solo. Y Martín no puede quedarse solo”, le explica María Cruz a eltucumano.

María Cruz Bustamante es enfermera y forma parte de Juntos Podemos, una agrupación de voluntarios sin ninguna clase de bandera política y con el único interés, nada más y nada menos, de ayudar al otro. “Johana es quien puso en marcha este grupo. Al principio éramos cinco. Ahora somos más de 70 personas. Hay enfermeras, un paramédico, albañiles, policías y plomeros. Empezamos porque el Hospital de Simoca no atendía a personas como Martín, no llegaba a personas mayores de 60 que viven como Martín, en una situación angustiante a más de 10 kilómetros de la ciudad”.

Martín de Balderrama, como si el pueblo ya fuera su apellido, es el hombre que ahora, cuando mira a las jóvenes simoqueñas que han llegado para ayudarlo, sonríe, vence al nerviosismo y se quiebra: “No tiene nada. Vive sin luz, sin agua, nada. Trabaja en las huertas, alimenta a los animales de la casa, pero no tiene sueldo ni jubilación ni beneficios. Martín sale caminando hacia Simoca, se acerca a la sede de Pami, visita el ropero comunitario, así se viste, pero nada más”.

Durante el encuentro de Martín con las chicas, les habló con el corazón: “Fue muy sincero. Nos contó que pasaron muchos políticos y no le dieron ninguna solución. Nos contó que la familia a la que le cuida la huerta le ofreció otro pedacito de tierra, pero no tiene para los materiales. Vive a 8 kilómetros de Simoca desde la ruta, pero para llegar a la ruta tiene que caminar un par de kilómetros más. Por eso se emocionó tanto cuando nos vio. Nos dijo: ‘Lloro porque alguien se acercó a mí. Me sentía olvidado. Nadie me presta atención. Gracias por venir. Muchas gracias’”. 

El primer acercamiento de María Cruz a Martín fue para conocer su estado de salud. Pero le pasó a María y a sus compañeras de trabajo lo que le pasa con todas las personas que conoce campo adentro: mujeres, varones y niños olvidados por el Estado. “Es así: somos un grupo de voluntarios que empezamos desde hace un mes a brindar servicios a la comunidad con una vaga idea de colaborar. Sí, la idea nace de la mala atención que hay en el Hospital de Simoca, y nosotros tenemos enfermeros, yo soy enfermera, brindamos atención gratuita, curaciones, tomamos parámetros vitales, y cosas básicas que a la gente no llega”.

Balderrama, Buena Vista, Ampata, Chicligasta, son solo algunos de los lugares a los que Juntos Podemos llega: “Empezamos con las curaciones, pero una cosa lleva a la otra. La mayoría de los pacientes son diabéticos. Hay un señor de Ampata que tiene una herida en el pie desde hace mucho tiempo y no se hace las curaciones porque vive solo y no puede caminar hasta el hospital. Hay una mujer con cuatro chicos: uno con autismo, mellizos y una hija. La dejó sola el marido, está sin luz ni agua, y su situación es deplorable. Sus hijos solamente comen en la escuela y si ella no come solamente toma mate cocido. Cuantos más lugares recorramos, más casos así conoceremos”.

A esta altura de la nota, el corazón de los voluntarios y voluntarias emociona. Pero hay más: “No tenemos trabajo. Todo lo hacemos con nuestras manos y con la ayuda de la gente. A Martín le conseguimos una cama, mercadería y necesita una bicicleta. Pero no nos alcanza: muchas veces no podemos más porque nosotras mismas no tenemos trabajo. Por parte del municipio no tenemos ayuda, al contrario, se molestan porque quedan expuestos, pero esa no es nuestra intención: no queremos molestar a nadie, solo ayudar al otro”. 

“De todas maneras la emoción de ayudar y ver la emoción de las personas no tiene precio. Todos los días nos levantamos a las 7 de la mañana y volvemos a nuestras casas ya de noche. Es agotador, pero estamos muy contentos y orgullosos de lo que hacemos. Pero insistimos: no buscamos exponer a nadie, simplemente mostrar. Si hay gente que se enoja, no es nuestra intención. Y con respecto a la exposición de los más vulnerables, para ayudarlos tenemos que mostrar lo que hacemos. No podemos seguir ayudándolos si no los mostramos. Si no visibilizamos su situación, no podemos ayudarlos más”.


Aquí vive Martín:

Aquí duerme Martín:


"Lloro porque alguien se preocupó por mí":

Así recuperó la sonrisa junto a Johana, Érika y María Cruz. También estuvo Gerardo. Y hoy también fueron a visitarlo Nicolás Ardiles y Leyla Cuellar. 

Empezaron siendo cinco y ya son más de 70 los voluntarios de Juntos Podemos:

Realizan curaciones, toman la presión, llevan ropa, mercadería, hacen de todo. El corazón es inmenso. Para contactarse con ellos pueden hacerlo al 381-5786024.


Y alguien siempre los espera:



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