Omar Soraire recorre las calles tucumanas a bordo de su taxi escuchando heavy metal. Incomprendido por algunos pasajeros y hasta por sus propios hijos, él resiste con aguante: “Mis hijos creen que estoy invocando al diablo cuando escucho música”.
Omar, el taxista que labura a puro metal.
Las calles tucumanas son un caos, pero a Omar Soraire eso no parece importarle demasiado. Mientras afuera, en la jungla urbana cotidiana, los conductores parecen sometidos a un darwinismo vehicular en el que se impone el más grande o más fuerte, él navega calmo con su taxi en las estridencias del heavy metal que arrojan los parlantes. De pronto, alguien le hace seña y se detiene, pero no alcanza a bajar el volumen cuando el señor que abre la puerta le dice espantado:
- Vos estás loco, pibe.
- Sí, tío… Nos vemos – contesta Omar y sigue en la suya, surcando la ciudad a puro metal.
Según le confiesa el taxista al movilero de eltucumano.com Javi El Vivo, su pasión por la música metalera surgió en su adolescencia cuando cursaba el secundario. Empezó con bandas como Guns and Roses, Nirvana y Black Sabbath y siguió con Metallica y su gran favorita: Iron Maiden. Tan fanático es de la banda británica que su hija menor de ocho años cada vez que hace un dibujo de la familia a él lo retrata con su remera, siempre negra, de Maiden. Desde hace más de 30 años, Omar se mantiene firme en sus convicciones musicales.
“Traten de sacarme fotocopia porque no hay esta cultura musical en los taxis”, remarca sin falsa modestia el tachero metalero quien se sabe como el salmón que nada en contra de la corriente de los ritmos más habituales dentro del transporte urbano de pasajeros: “Me ha pasado a las siete de la mañana tomarme un taxi y que el taxista vaya escuchando guaracha… a las dos cuadras quería largarme del auto. No es por desmerecer la guaracha, pero a las 7.30 la guaracha es un poco pesadito, yo conozco a gente que se desayuna con guaracha, pero no es mi caso”. De esa manera, Omar planta bandera para ubicarse en las antípodas de “Guarachaman”, el hombre del auto descapotable que recorre el centro con el ritmo santiagueño sonando al palo. Todo un personaje urbano.
Para este taxista, la música, su música, es la forma que encuentra para hacer su jornada de trabajo más llevadera: “Trato de complacerme yo mismo en el trabajo, de liberar la tensión que uno puede llegar a tener día a día acá en la calle. Yo lo disfruto con mi música, tranquilo, trato de hacer lo mejor posible dentro de las normas, por ejemplo, no andar a todo volumen. Amortizo la tensión con la música, me emociona, me gusta. La verdad que es una buena compañía la música, mi música, porque hay música que no acompaña para nada. Si no tendría música, sería bastante depresivo andar en la calle, por la tensión en el tránsito, el inútil, los queridos amigos cadetes… el cadete que viene en contramano escuchando cuarteto…”.
Según comenta, hay muchos pasajeros que lo felicitan por el repertorio que se escucha en su auto: “Hay gente que se sube al taxi y dice: eh hace rato no escuchaba eso, qué bueno que está”. Pero también hay personas que no comprenden sus gustos musicales, incluso dentro de su familia. Ni su hijo más grande de 20 años ni su hija de 14 siguen el legado metalero: “Mis hijos creen que estoy invocando al diablo cuando escucho metal… Mi hija es fanática de los coreanos”.
“Al auto le pongo otro tipo de música y no anda, se descompone”, asegura el tachero que piensa mantenerse por siempre fiel a sus doctrinas musicales: “El metal nunca muere, lo que lo mantiene vivo es la gente que lo escucha y las bandas. Pero los chicos no están con eso, están con reggaetón, el meneadito, con vamos a robar unas zapatillas para comprar merca… esas cosas, esa no es una música que ayude culturalmente a la gente”.
Mirá el recorrido de Omar el metalero con Javi El Vivo: