MOVILIDAD REDUCIDA

"Quedé tan frustrada": el sueño de Yani se desvaneció el domingo

Yanina del Milagro Quinteros quiso realizar una actividad que para muchos es tarea diaria: ir al gimnasio. Lamentablemente, no se pudo. ¿Qué pasa en el microcentro tucumano?

26 Abr 2022 - 21:20

En marzo contábamos la tremenda historia de Yanina del Milagro Quinteros, la joven famaillense cuya vida cambió después de que un inexplicable dolor de cabeza terminara en un ACV que la tuvo meses en coma, y cuya recuperación parece un verdadero milagro. 

A pesar de los grandes y tremendos avances de Yani, actualmente hay una habilidad que no termina de reaprender por completo pero que le daría total autonomía en su vida: caminar.

Y es que como había declarado la joven para este medio, “mientras no tenga que caminar sola me valgo por mí misma”. Pero, luchadora incansable como se sabe, está intentando reaprender a caminar sin la ayuda de un andador o un trípode. Lamentablemente, hay algo que obstaculiza que esta joven pueda recuperar su equilibrio en las zonas públicas del microcentro: el estado de las veredas.

En las redes sociales, la mamá de Yanina realizó un descargo que tuvo mucha repercusión: “Quiero expresar por este medio, la pena que aqueja mi alma....La ilusión que teníamos con mi hija se cayó por el piso. Ella iba a comenzar hoy el gimnasio para mejorar la motricidad, estaba muy feliz. Pero… ¿que pasó?” comienza el escrito.

“Ayer domingo 24/04/2022 por la mañana, salimos a enfrentar el gran desafío de caminar hasta el gym, pero las veredas nos lo impidieron. Solo hicimos una manzana y ya estaba muy cansada, desestabilizada, mareada y muy triste de no poder lograr el objetivo que con tanta ilusión nos preparamos para salir a enfrentar este reto, a la nueva vida”, describe.

Es devastador ver los vehículos, motos mal estacionadas, excrementos de perros, basura que no tan solo afecta a mi hija, sino a toda persona con dificultad y a personas mayores a quienes más de una vez ayudé a trasladar. Sé que esto tiene solución. Agradecería infinitamente que todos tengamos empatía, porque nadie está exento de vivir estas horribles experiencias”, escribió, llamando a la reflexión.

“Aclaro que en 2019 ya publiqué algo parecido vi que arreglaron veredas… cuando llevaba a mi hija a los centros de rehabilitación en silla de ruedas. Me gustaría volver a tener una pronta solución para que ella y todos los que tienen movilidad reducida y gente mayor puedan tener una vida normal”, cerró el pedido.

Y es la misma Yani la que se contactó con el medio para contar en primera persona el desafío de ser una persona de movilidad reducida en el microcentro tucumano: “Mi idea era empezar el gimnasio mañana, mi mamá tuvo la iniciativa de que salgamos a caminar el trayecto que tengo que hacer para ir al gimnasio. He cruzado el frente para ir por las Piedras hasta la Congreso, y la vereda además de ser muy angosta y que mi mamá tiene que ir delante de mí, hay caca de perro, baldosas salidas…”, nos cuenta la joven.

Yo si camino, pero lo que quiero lograr es hacerlo sin andador, trípode ni nada, necesito acostumbrarme a estos estímulos de la calle, los ruidos de todo tipo, me he sentido frustrada por las veredeas en sí, para darme cuenta de que no podría comenzar el gimnasio. Yo tengo resuelto el poder caminar en superficies planas, el principal problema es que todo está con tanto desnivel que no se puede sostener el equilibrio”

Las rampas también son demasiado inclinadas, son cosas que cuando estaba yo sana no las veía o no me imporaban pero ahora las veo y las sufro, y me importan mucho”, nos revela. Yanina, necesita sentirse estable para no marearse, y la gran cantidad de baches y pozos de las veredas generan que no pueda trasladarse con normalidad cuadra por cuadra.

“Yo estoy lenta, y con tantos inconvenientes y obstáculos me demoré 40 minutos para hacer cuatro cuadras. La idea es que me fortalezca en el gimnasio y logre mi propio equilibrio alguna vez, voy a intentar por algunas semanas al menos dar la vuelta a la manzana para acostumbrarme al estado de las veredas, a ver si llego en dos semanas al gimnasio. Lograr el equilibrio requiere práctica y con las veredas así no se puede”, cerró.

El llamado de esta joven es de hecho un pedido de siempre de quienes tienen movilidad reducida. Que tanto los municipios como así también cada persona propietaria, tengan y mantengan las veredas en condiciones no solamente edilicias, sino que también de higiene, apelando a vivir en un lugar más empático en donde se tengan en cuenta las dificultades y las miradas del otro.

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