IMÁGENES SENSIBLES - "No me tomó la anestesia y sentí todo": Carmen es una tucumana que vivió una de las peores pesadillas que se imaginan muchos al momento de pensar en la silla del dentista. ¿Cómo evitar que nos pase algo así?
Ir al odontólogo es para muchas personas, su talón de Aquiles. Hay quienes evitan la visita a este especialista médico por años, llegando inclusive a elegir extracciones en vez de batallar con el tiempo que llevan los arreglos médicos.
Actualmente los profesionales de la salud bucal apelan a hacer todo lo posible para que la persona no pierda su pieza dental, salvo que la misma se encuentre en un estado irreparable, y no solamente por la estética, sino por muchos problemas futuros que acarrea a el no contar con ciertas piezas dentales. Y si bien hay quienes tienen la fortuna de no tener caries de ningún tipo jamás, también existen personas que transitan la visita el odontólogo como algo de su rutina mensual, ya que permanentemente están visitando el consultorio médico.
Este es el caso de Carmen, una tucumana que vivió el infierno en carne propia hace una semana, y recién ahora puede contar un poco de su historia: “Toda la vida desde que tuve mi primer diente, fui al dentista. Soy paciente regular desde que tengo uso de razón, antes me lavaba siempre mis dos veces diarias al menos, no soy dulcera, nada de otro mundo, creo que tengo una higiene bucal más o menos similar a la de todo el mundo”, comienza contando para eltucumano.
Sin embargo, pese a que nunca se descuidó de su dentadura por completo, Carmen cuenta que en el 2021 comenzó a transitar su peor estado de salud: “El año pasado en julio estaba pasando muchísimo estrés, y me dijeron que me tenían que hacer un tratamiento de conducto después de que se me inflamara la cara. Nunca me dolió, simplemente se me inflamó la cara, me desperté así un día y me dijeron que era un flemón. No podían detectar qué muela era. Me mandaron a una especialista en endodoncia”, cuenta.
“La endodoncista me dio antibióticos para bajar esa inflamación y a la semana me empezó el tratamiento de conducto que me terminó en la otra sesión. No me dolía nada, pero de ahí yo me dije a mi misma que, como me había descuidado en la pandemia, ahora le iba a dedicar tiempo y dinero a mi boca. Por eso, decidí ir una vez al mes para que me vaya arreglando y revisando pieza por pieza, como para ser responsable. Que me hagan una limpieza, una pequeña carie, una cosa y la otra. Nunca dejé de ir. Pero luego me pasó esto que no me lo esperaba”, relata.
“En marzo otra vez se me inflamó la cara, igual que un año antes. Tomé antiinflamatorios y me dieron inyectables, se me bajó todo. En junio, otra vez. Entonces con esa inflamación en general que me adormecía la cara, el ojo, que me bajaba por la mandíbula, la odontóloga me dijo que vaya a su consultorio, yo me molesté y no fui porque realmente estaba como frustrada de ir sin parar hace un año, de gastar tiempo y mucha plata y que me vuelva a pasar lo mismo. Me puse los inyectables que me dijo en ese momento, y me bajó la inflamación de nuevo. Inyectables y pastillas a full. Pero el problema se agravó en agosto, me salió todo pero mucho peor. Con una caja de antibióticos no me bajaba para nada la inflamación, con nada”, detalla.
“La odontóloga me dijo que íbamos a hacer un conducto sobre el anterior, entonces me volvieron a medicar para eso. Me dio un turno para que vuelva a los seis días y cuando volví estaba igual, no me podía ni tocar, me revolcaba de dolor. Le pagué el trabajo, pero no lo pudo hacer. Solo me abrió y me puso un algodón con antibióticos de manera provisoria. Salía tanto pus cuando ella me limpió, que me drenó lo que pudo pero no podía seguir limpiando, me dolía muchísimo. Yo consulté con varios odontólogos, hice interconsultas, cada vez que iba al Centro de Salud para que me inyecten los antiinflamatorios desde marzo, hacía consultas con ellos, en total vi a unos 30 profesionales porque a veces me atendían de a dos”, comenta.
Sobre la mala recuperación que tuvo después de su tratamiento anterior, Carmen dice: “Yo haré un mea culpa y admito que me dejé llenar por el estrés, tengo un estilo de vida a las corridas, no descanso, eso repercute en la salud y en la recuperación de cualquier infección, es psicosomático también”, reconoce.
“A pesar de que no la culpo a la odontóloga de lo que pasó, creo que ella si debió haber pedido un estudio para ver el estado de una pieza que daba tantas complicaciones. Nunca me desinflamé en la semana que ella me dio para repetir el tratamiento de conducto, y yo por mi parte tampoco saqué licencia, no hice reposo. El día que me tocaba volver a la odontóloga me dio un ataque de pánico un rato antes, le dije que seguía igual, que no iba a poder ir porque no había chances de que me toque. Me dijo que termine la medicación nomás y vuelva”, dice.
Más tarde ese día, el dolor se apoderó de Carmen, por lo que volvió al Centro de Salud por un inyectable: “Me sacaron el algodón y empezó a drenar la pieza, salía muchísima pus, y yo ese sabor raro lo sentía desde hacía unos tres meses, pero cada tanto, era como que de la nada sentía un sabor feo en la saliva. Ese día cuando me sacaron el algodón sentí ese sabor y supe que esto venía hace mucho”.
“Los tres meses de antibióticos y de infección me generaron problemas intestinales, estomacales, en el flujo vaginal también porque la Amoxiclina por ejemplo genera hongos vaginales en las mujeres. Es decir que esto me hizo terriblemente mal a la salud en general, no podía comer nada, y yo creí que tenía anorexia nerviosa. Empecé a tomar vitaminas porque no sabía si me iba a desmayar en la calle”, recuerda, con mucha angustia.
“Los médicos del Centro de Salud me suspendieron medicación y me dieron otro tratamiento para un par de días. Cuando le dije a mi odontóloga lo mal que estaba me hizo un pedido de internación por cinco días, yo en ese momento hablé con una conocida que trabaja en el Centro de Salud para comentarle y me dijo que no, que vaya urgente para ahí. Ella me facilitó que me vean urgente, ese mismo día me iban a hacer la cirugía y el odontólogo que me vio me mandó a hacer una radiografía panorámica. Cuando la vio me mandó con un antibiótico súper fuerte para tomar por un día y regresar al siguiente para la cirugía porque me aseguró que era compleja”, dice, y con mucha razón, pues lo que vivió al día siguiente mostró que efectivamente era más complejo de lo que pensaba.
“El día de la cirugía me atendieron varios profesionales, fueron puntuales, respetuosos y yo confiaba en ellos, pero al mismo tiempo fue traumático, fue una carnicería. Yo pensaba que me iba a desmayar, y es que la anestesia no me tomó, sentí todo, pero me tenían que sacar urgente la muela. Por momentos yo gritaba tanto que uno de ellos me retaba, me decía ‘pero qué te pasa’, y yo no me enojo con él porque creo que es lo que me tenía que decir para que me calme, no había palabras para que yo esté tranquila. Yo he gritado mucho, había una asistente que me retaba y me acariciaba la vez, me limpiaba las lágrimas, era una relación ambivalente porque sabían lo que yo sufría pero era como necesario ese maltrato para que yo me aguante y no me vaya de la camilla con media muela adentro”, reflexiona.
“Yo veía los pedazos que volaban, caían en mi ropa, en mi garganta, en mi baberito. No fue una extracción común en donde sale todo de una. Fueron cinco pinchazos que me pusieron de anestesia y no me tomó por la infección. Parece que las raíces estaban muy grandes, salió todo por partes, duró 45 minutos todo, yo gritaba como loca”, se acuerda, con la sombra del trauma en su voz.
“Fue lo más doloroso de mi vida, no pensaba que me iba a desmayar, pensaba que me iba a morir. Fue mucho dolor y sufrimiento pero en ese momento me ayudó la fe, traté de elevar mi mente, recé en mi cabeza mucho, traté de salir de esa realidad, quería irme a otro lugar con mi mente. Esa fuerza interior me salvó y me ayudó en ese momento. Pensaba que no estaba en ese lugar y en ese momento. Pero a pesar del dolor, recomiendo mucho que te atiendan en la guardia del Centro de Salud para urgencias odontológicas, es lo que me dijeron muchos profesionales y expacientes”.
Pensando en algun consejo para los lectores y reflexionando sobre lo que podría haber hecho para evitar tanto dolor, Carmen dice: “Yo creo que de mi parte me hago cargo de no haberle dado bola al estrés, hay cuestiones que no podemos manejar o gestionar en la vida y no priorizarnos en algún punto y no saber bajar un cambio es mucho. Quizás debí hacer más interconsultas, no quedarte en un solo odontólogo. No es traición a tu profesional, es buscar otros puntos de vista. Me quedé en mi zona de confort un año entero y confié en un solo profesional, seguramente otro me habría sacado la muela o me habría pedido un estudio para ver si tenía una infección más grande, no sé”.
Este sábado se cumplen 8 días de la cirugía de Carmen: “Ahora estoy en recuperación, me mandaron a hacer cama y yo a los dos días de hacer reposo total me levanté y se me inflamó la cara, a los tres días me volví a inflamar, es decir que de verdad hay que hacer reposo después de una extracción así y de quitar semejante infección. Y sobre todo, paz mental. Más allá de todo lo vivido emocionalmente hay que saber tener silencio, reposo, paz mental. Es fundamental para cicatrizar y para que todo sea más rápido”, dice.
Lo que Carmen y muchas personas no se imaginan o desconocen, es que en el pasado, las infecciones a raíz de problemas bucales eran motivo de muerte, y actualmente, en un porcentaje menor, todavía pasa: “Después de todo esto, mi mamá se animó a contarme que una chica murió hace unas semanas por dejarse estar con algo como lo mío. Una enfermera del Centro de Salud me dijo que me podrían haber pasado miles de cosas más graves si no iba a que me saquen la pieza. Ahora sé que es fundamental ir al odontólogo mínimamente a la limpieza, no esperar a que te duela, ir a consultar al menos dos veces al año, si sos propenso a las caries tenés que ir cada tres o cuatro meses, no se dejen estar, hay gente que pasa años sin consultar, y no saben el infierno que se vive cuando se te infecta algo. Es horrible, pensás que te vas a morir”, cerró.
Romina Estévez es odontóloga (MP 2362) y trabaja realizando fundamentalmente endodoncia, es decir, a su consultorio llegan pacientes con cuadros de dolor agudos: “Cuando llega un paciente con dolor, lo primero es atender la urgencia y después el tratamiento a seguir depende del estado de la pieza de dentaria, los tratamientos de conductos pueden llevar una o más sesiones, hoy con la nueva tecnología incorporada a mi consultorio de láser odontológico se realiza en una sola sesión”, comenta, sobre una innovadora técnica odontológica que seguramente comenzará a multiplicarse en distintos profesionales.
“Lo importante es evitar llegar a una endodoncia, para ello recomiendo controles cada tres o cuatro meses, con lo cual aparte del control se realiza una limpieza complementaria con láser de diodo, para eliminar la bacterias de la flora bucal y prevenir gingivitis, periodontitis o lesiones por caries y así mantener una sonrisa saludable”, recomendó.
Después de leer esto… ¿Ya pensaste hace cuanto no vas a una consulta?