Un terrible accidente cambió todos los planes que Pablo Corroto tenía para su futuro. Sin embargo, la vocación llegó a su vida y hoy inspira a las nuevas generaciones a completar sus estudios superiores.
El viernes se llevó a cabo la cuarta edición de la Exposición de Conocimiento Monterizo en el cine teatro Marconi. La idea de este convocante evento que se realiza en conjunto entre la comisión organizadora, el instituto superior San Cristobal, el Centro de Trabajadores de Socorros Mutuos y la Municipalidad de Monteros, es la de inspirar a los jóvenes que están terminando el secundario a realizar estudios superiores y formarse intelectualmente, como una manera de mejorar su situación de vida, a pesar de cualquier obstáculo.
El primero de los disertantes de la tarde, fue Pablo Ricardo Corroto (51), profesor de matemáticas y física que además de ser poeta, tiene una gran pasión por su trabajo en el aula. Su exposición comenzó relatando la historia de David y Goliat: “David y Goliat no es un cuento, es una historia real que sucedió hace muchos años. David era un adolescente niño, de 14 años, pastor de ovejas, el menor de 8 hermanos. En algún momento de su vida, sus tres hermanos mayores se encontraban en el frente de batalla de lo que era un inminente enfrentamiento contra los filisteos. David recibe el pedido de su padre de llegarse hasta el frente de batalla para dar comida a sus hermanos y unos obsequios a Saúl, Rey de Israel”
“Mientras estaba en ese lugar, fue testigo de algo que le llamó la atención. Desde las tropas enemigas al otro lado, un gigante de tres metros de dimensiones temibles, cada mañana se levantaba, insultaba y hostigaba al pueblo de Israel, y decía que, si alguno de ellos se enfrentaba mano a mano y lo vencía, el pueblo de Israel sería dueño de los filisteos. Ninguno de los soldados de Israel se atrevía a hacerlo. En medio de esto, el Rey Saúl hizo una oferta, era que aquel que venciera a Goliat tendría regalos, liberación de impuestos, y hasta daba a su propia hija en matrimonio. David también estaba movilizado por un fuerte amor a su patria, no solo por la oferta. Entonces se propuso enfrentarlo, era un niño, no tenía formación militar”, sigue.
“Todos consideraron que esto era una locura. La existencia de David y la ausencia de alguien que sí tomara la posta hizo que finalmente se lo aceptara. Le calzaron una armadura, pero cuando se disponía a marchar cayó en la cuenta de que no podía caminar con ese traje, y dijo ‘no puedo caminar con este traje, no tengo la práctica’. Entonces David hizo algo que muchas veces todos deberíamos hacer: sacarnos el traje que no nos corresponde y luchar con lo que verdaderamente somos. David tomó su bolsa, una honda, bajó hasta el río a buscar una piedra y volvió. El gigante enfurecido, al verlo se lanzó contra David diciendo ‘tu vienes a mí a enfrentarme con palos y piedras’, y corrió a él. Entonces, lejos de ser la masacre que todos pensaban, él más joven tomó una piedra de su bolsa, la puso en la honda, apuntó y certeramente incrustó la piedra en la frente del gigante, que cayó al suelo. David se abalanzó sobre él, le sacó la espada y le cortó la cabeza. Fin de la historia, Israel era un pueblo libre. David, el héroe de la jornada y de la historia por siempre”, finalizó la resumida historia bíblica por parte del profesor, para empezar a compararla con su vida.
“Yo siempre quise ser David, el héroe, el de los aplausos, el que le dé el triunfo al pueblo. Podría contarles muchas historias más, hay una cercana en el tiempo y el espacio y es la mía, la que quisiera contarles. Desde niño tengo un amor inmenso por las letras y curiosamente una gran pasión por los números. Siempre soñé que la gente cantara mis versos. En toda mi vida tuve un gran desempeño en el campo de las letras y en el campo de las matemáticas. En la secundaria todo apuntaba que iba a dedicarme a las ciencias Exactas, pero yo quería estudiar letras. Los que me rodeaban me convencieron de que si hacía una carrera en Ciencias Exactas podía solventar mi vida y hacer paralelamente una carrera en letras. Dije que me convencieron, pero en realidad me convencí de que esto era algo que quería hacer, porque mi pasión por los números era muy grande, y yo también había pensado en hacer carreras en Ciencias Exactas”, relató.
“Me inscribí en una ingeniería, ingeniería en sistemas de información. Tuve que hacer el servicio militar obligatorio de dos años porque me reclutaron, y recién pude empezar mi carrera. Cuando llevaba 4 o 5 años de estudios, exitosos años, daba ayudantías para los primeros años, participaba en grupos de investigación, tenía muy buenas notas. En el medio, seguía participando con las letras. En el 93 participando en un festival de letras en Termas de Río Hondo conocí a alguien muy especial, una cordobesa llamada Alicia con quien llevamos 30 años juntos. Teníamos un noviazgo a la distancia, no era como ahora, había menos medios de comunicación. En nuestra urgencia por crear una familia hizo que presuntamente nos casáramos. En realidad, el mismo día que la conocí le dije que quería que sea mi esposa. La conocí a las diez de la mañana y le pedí matrimonio a las diez de la noche. A los once meses de conocerla me casé con el compromiso firme de terminar mi carrera y ella con el compromiso de acompañarme. Nos casamos también con el proyecto de que posterior a mi titulación, gestionaríamos una adopción porque ella no podía quedar embarazada. A los 3 meses, sin embargo, el milagro tocó la puerta: Alicia estaba embarazada, y llegó Marcos Gabriel” confesó.
“Nos cambió todo para bien, éramos Superman y la Mujer Maravilla juntos, íbamos a enfrentar lo que sea juntos y así lo hicimos. El compromiso se duplicó, las fuerzas se multiplicaron. Estudiaba, trabajaba, viajaba a Tucumán todos los días desde Monteros para cursar, viajaba con tres compañeros en un autito viejo. Entre todos hacíamos el viaje más ameno y económico. Un día tenía un parcial y por un contratiempo no llegué a tiempo para buscarlos y viajé solo. No estaba la conversación de los muchachos que hacía más amenos el viaje y el cansancio y el sueño hicieron lo suyo. No recuerdo más que el bocinazo, una maniobra rápida, salir de la ruta el auto dando tumbos al costado. No hubo secuelas físicas, pero si hubo consecuencias inmediatas. La primera: dejar los estudios. Esto, pensando en que el año siguiente iba a retomar. El año siguiente no pude” aseguró Corroto, recordando la pesarosa decisión de haber abandonado la carrera en la UNT.
“Hubo buenos y no tan buenos momentos en mi trabajo. Mi idea era estabilizarme y organizarme, pero todo era difícil, todo era acuesta arriba, hasta que me dije ‘basta’ porque hay que decir la verdad, sin una herramienta sólida en la mano como una titulación, las cosas no se ponen tan buenas. Tuve que sufrir el aprovechamiento, la usura, las injusticias, la explotación y me cansé de eso. Supe que tenía que hacer valer todo lo que tenía aprobado en la facultad, volví a averiguar para seguir estudiando, y me di con que todo el plan de estudios había cambiado, había materias nuevas, el lenguaje de programación había cambiado, tendría que volver desde primer año a cursar por seis largos años. Sabía que eso iba a ser muy difícil. Busqué en Monteros algo que me permitiera hacer valer mis años de estudios en la universidad. Lo que más se asemejaba era el profesorado terciario en matemáticas. Pensé que iba a ser fácil, pero otra vez los obstáculos, otra vez los gigantes. El menor de mis hijos se enfermó gravemente, con peligro de muerte, el milagro otra vez presente. Después enfermó gravemente mi esposa, otra vez salimos adelante, pero después perdí a mi padre, eso sí fue irreparable. Caí en una gran depresión, en un vacío muy profundo”, dijo, con tristeza.
“En ese momento, me abracé al proyecto de terminar mi carrera, y le puse más fuerza que nunca. Recuerdo el primer día de mi práctica docente, cuando tenía que pararme frente a ese curso. Llegué, abrí la puerta miré la cara de mis alumnos y dije mis primeras palabras como profe. Ese día sentí una emoción inmensa, sentí algo tan fuerte que fue la respuesta a esa pregunta que me venía haciendo desde el día del accidente. Sentí la plena convicción de que aquel día del accidente me estaban sacando del lugar a donde nunca me habían llamado, para depositarme en ese lugar donde la vida me estaba reclamando siempre, ese día comencé a comprender lo que es realmente la vocación. Ese día comprendí que la vocación no es un hobbie, entendí que vocación significa llamado, ese día entendí que la vocación no tiene que ver con lo que nos gusta, sino con lo que la vida te demanda y te pide hacer. En mi vida la vocación se presentó como una decisión. Me acordé de nuevo de David y supe que cuando él tomó la piedra, no fue una piedra que simplemente tomó de ese lugar, sino que la había tomado desde un arroyo, porque ese arroyo con el paso de las aguas, como el paso de la vida, va puliendo las piedras, las va afilando, y David no levantó cualquier piedra, levantó la piedra exacta, la piedra que ese día debía estar en ese lugar preciso”, remarcó
“Ese día entendí que, si bien yo siempre quise ser David, ese día fui llamado para ser la piedra”, contó.
Actualmente, muchos exestudiantes de este docente (que enseña en el secundario y en una escuela para adultos), son profesionales universitarios exitosos, que recuerdan la labor de Corroto con cariño, y que fueron precisamente quienes pidieron escucharlo en esta edición de la Exposición de Conocimiento Monterizo.